24 jul. 2013

EL ORGULLO DE UNA MONTEJIQUEÑA... (esperando honrar a la tierra que me vió nacer)

Hay noticias de esas que se instalan en la jornada rutinaria y te la cambian, totalmente, de golpe y porrazo, sin avisar. Me lo dijo de repente "Vas a dar el Pregón de las Fiestas". Yo sé que mi pueblo es humilde, que mi pueblo es pequeño, que no es de esos pueblos ricos, ni importantes, ni renombrados... ni me importa. ¡Es mi pueblo!... Es mi tierra, allí está mi pasado reciente, mi pasado lejano, los míos que se fueron, los míos que están. Allí está mi niñez, mi adolescencia, mi juventud. Allí estoy yo, caminando hacia la Iglesia del brazo de mi padre el día de mi boda. Llevándo en brazos a mis hijos el día de su Bautismo. Montejícar es mi esencia. Es mi tierra, es mi raíz, la raíz profunda que llena de sabia mi vida. La raíz que me hizo como soy.
No ha sido fácil, no es fácil releer, despacio, emocionada, un Pregón que escucharán mis paisanos, mi gente, los que están cerca, los que están lejos, los que me quieren, los que me desconocen.
Pues sí: Voy a ser Pregonera de las Fiestas de Montejícar. De mi pueblo. Un pueblo de los Montes Orientales de Granada, un pueblo cercano a la provincia de Jaén, un pueblo que vive, trabaja, respira, que camina a paso lento, que comparte alegrías comunes y duelos comunes. Un pueblo pequeño que conoce los nombres de todos sus hijos, que los extraña cuando se marchan, que los anima cuando están presentes. Que hace de los encuentros vida, de la vida experiencia, de la experiencia alegría. Un pueblo con sus cosas buenas, menos buenas, regulares, malas... Un pueblo como todos los pueblos, porque pueblo es. Y para cualquier persona, ser Pregornera de su Pueblo, con mayúsculas, es el mayor orgullo al que puede aspirar.
No va a resultar fácil detener la emoción, no va a ser fácil porque esa noche me faltarán seres a los que quiero, que estarán ausentes, unos ya para siempre, otros en la distancia. Personas importantes que estarán en espíritu conmigo, que se alegraron conmigo, se han involucrado, han compartido mis penas y mis alegrías, los días malos y los buenos, que han aceptado, comprendido, compartido. Desde aquí, desde este Blog que no tiene nada de especial, que es personal, intimista, hecho para personas normales, corrientes, de esas que caminan despacio, sin prisas, sin metas imposibles.
Invitaros a que visiteis mi pueblo, a que vivais sus Fiestas, que recorrais sus paisajes y os mezcléis con sus gentes. Buenas gentes, buena tierra. Solo espero honrarlo, solo espero estar a la altura, solo espero poder mirar a mi gente y que se sientan orgullosos de mí, seguir paseándo el nombre de mi tierra, de un pueblo pequeño, sencillo, pero un pueblo que acoge, que mima y que defiende lo suyo.
Buenas noches, felices sueños, y para cuando lleguen, ¡¡Felices Fiestas, Montejícar!!....

(Foto del Ayuntamiento de Montejícar, por Cristobal Arco Fernández).

¡¡ LA GRAVEDAD DE UN GATILLAZO!!... (charlas con muchas risas)

La definición de "gatillazo", según el diccionario, es el fracaso del hombre en la realización del coito. Hay dos acepciones más, pero la verdaderamente interesante es esta, al menos es la que viene a colación sobre el temita de esta noche. Me preguntaba hace un rato un amigo sobre qué iba a escribir; hoy tuvimos algunas charlas, hablamos un poco de los gatillazos, esas cosas que les pasa a los señores, que les preocupa mucho, pero que no saben ellos hasta qué punto les preocupa o nos preocupa a las señoras. Recordando yo la conversación de hoy le dije que estaría bien hablar de gatillazos, él me dijo que era buen tema, nos reímos mucho, y pensé que, efectivamente, era un buen tema. Sobre todo por la desazón que se crea en torno a un simple hecho fisiológico y mental, involuntario totalmente que es capaz de crear una comezón tremenda en ambos sexos, y es que, cuando una señora está dispuesta a un momento de placer, a comprobar que saca de sus casillas a un señor, que le hace perder los papeles, no es grato, ni mucho menos, descubrir que hay un apéndice masculino que va por libre y que se dedica a tirar por la borda unos minutos placenteros llenos de sensaciones muy gratificantes. La autoestima puede bajar hasta el sótano, porque las señoras, que solemos medir nuestra capacidad sensual en la respuesta de un simple órgano, nos quedamos "como a quien le cuentan un cuento" que decía mi abuela. Nos hacemos mil preguntas, (naturalmente todas sin respuesta), nos comenzamos a tejer una larga lista de causas, solemos terminar pensando que hemos perdido sexappeal y olvidamos el "calvario" que en esos momentos pasa por la cabeza de la pareja en cuestión. Y es que, para un señor, eso de comenzar a tener lapsus sexuales es muy incómodo, por decirlo finamente, sin intención de dañar el ego varonil. Los gatillazos, a una edad, deberían ya de estar admitidos, porque, por desgracia, se irán repitiendo, eso sí, lamentablemente, muy lamentablemente... Mi amigo, que es un cachondo mental, que de vez en cuando saca punta con una ironía digna del mejor de los humoristas, me decía que no es grave siempre que suceda después de una larga jornada amatoria, que lo grave es que suceda tras una sequía o que, como él decía, pueda suceder tambien por eso mismo... Él (que como digo es un cachondo) me decía que suele pasar por la emoción, y a mí me dio la risa, la risa floja, que solemos decir, esa que se nos pone a las mujeres cuando escuchan la excusa más absurda, pero que luego, cuando la lógica nos vuelve, sabemos que llevan razón. Y es que, nadie mejor que ellos para saber lo que les sucede, porque algo está claro, en otros temas puede que no, pero en temas sexuales ellos son sabios sobre su cuerpo, porque lo tienen ejercitado, mentalizado, revitalizado y muy pero que muy apreciado... Hay conversaciones que terminan colocándote una sonrisa que te acompaña un buen rato, porque son distendidas, porque sabes que son temas que ya, a nuestra edad, más que tabúes deberían de ser obligatorios, tal vez porque, si así fuera, a nosotras, santas hembras, se nos irían los sentimientos de inferioridad, se nos escaparía una sonrisa cuando pasara, se nos terminarían los interrogantes sobre nosotras, porque entenderíamos que, en ocasiones, hasta un simple movimiento da lugar a semejante debacle... Siempre están, como decía él, los que juran sobre una Biblia que a ellos nunca les ha pasado, eso sí, se guardan mucho de decirlo delante de señoras que pueden contar, con más dedos que los de una mano, las veces que ellas los han sufrido, porque en este mundo masculino y masculinizado, lo importante en realidad es que un varón cumpla (entre ellos, leones de la manada); los varones olvidan como por arte de magia la importancia de que las señoras no tengan "gatillazos", porque ellas, que son así de raras, los traen de fábrica, por eso la naturaleza nos enseñó a fingir mejor que nadie, a decir que todo es estupendo, a subirlos a los altares y a hacerles creer (como diría mi amigo) que nos hacen ver el "oremus", que todavía no sé qué es. Pero una cosa si tengo clara: A mi edad, a nuestra edad, a los que nos acercamos ya al medio siglo, un gatillazo más o menos no va a hacernos cambiar de opinión, ni de sentimientos, ni de gusto, olfato, oído, vista y tacto, porque hemos descubierto que los cinco sentidos en ocasiones no están coordinados con la mente, que puede fallar uno y hace que falle todo, pero que, por suerte, son cosas puntuales, que al día siguiente seguimos teniendo el mismo poder. Eso sí, siempre que al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente no se repita la misma situación, porque entonces, como yo le decía, la excusa deja de ser excusa y comienza a convertirse en la certeza de que algo más grave pasa, y todos sabemos que, estas cosas, como él decía, no son físicas, sino que son mentales, y cuando la mente, la imaginación y el deseo no van unidos, los cinco sentidos pueden convertirse en cinco enemigos... Hay que darle a cada cosa la importancia justa, un gatillazo, como los dos comentábamos, no deja de ser algo irrisorio que si dos personas se lo toman a broma puede dar mucho juego de risas, pero cuando se convierte en lo cotidiano, seguramente, dejará de ser una broma, porque, sencillamente, es una voz de alarma de que, lo que hasta entonces iba unido, se está dispersando, por no hablar de la dispersión ególatra que supone... Buenas noches, un temita acorde con la hora, por si alguien tiene algún problema....