31 jul. 2013

LA LUCHA CONTRA EL RELOJ...(A María Antonia Seguí)

Me lo dijo por teléfono. La llamé, como siempre, porque se acercaba Navidad y hacía un tiempo que no escuchaba su voz, y escucharla me hacía bien. María llegó a mi vida añadida, esa novia de ese compañero y amigo que, sin pensarlo, sin meditar, se convierte en pilar básico, en la hermana que te ayuda, con la que discutes y con la que ríes, la hermana que, cuando llega un mal momento, cuando un médico te indica reposo porque te desangras, te coge, te lleva a su casa, a la de sus padres, y pide a su madre que cuide de tí. María es la luz, era la luz entonces y es la luz ahora. Fuerte y dicharachera, alejada un poco del carácter serio mallorquín, una mujer de raza y de bandera, de esas que te enseñan que la honestidad existe... Y aquella tarde, charlábamos con risas, como siempre, planeando la Navidad, y de repente me dijo "Tengo cáncer"... Hay momentos en los que no sabes reaccionar, no puedes reaccionar, por mi mente pasaron todos los momentos junto a ella, todas las risas, los llantos, los enfados, las noches de juerga con nuestros novios... Pasaron sus hijas, dos niñas, y pasó su marido, mi buen amigo, aquel que, al presentarse el primer día de trabajo mío, me soltó "Me llamo Sequi, Sequi Bond, hermano de James Bond, pero no se lo digas a nadie", y yo comencé a reír, porque todavía no había aprendido su sentido del humor. María tenía cáncer... como muchas, tenía que luchar, como muchas, y yo no sabía qué decirle... y comencé a llorar... Yo soy llorona, pero entonces tenía un motivo, porque mi amiga, lejos, tenía cáncer, y yo no podía abrazarla, ni llorar o reír con ella... Y entonces ella me riñó, y me dijo que no podía llorar, que no debía de hacerlo, que ella iba a estar bien, que tenía que estarlo, que quería que le contara mis cosas y le hiciera reír con mis caídas... pero yo no podía reír, porque la escuchaba llorar conmigo...
Hay siempre un momento de inflexión, un segundo en el que descubres que llorar no sirve de nada, que puedes llorar, debes de hacerlo, pero luego hay que secar las lágrimas, apretar los dientes y plantar cara al enemigo... María sabía que su lucha era contra el reloj, contra el tiempo, contra todo lo que acortara los días, tenía que hacerlos más largos. Soportó las sesiones de quimio, soportó pinchazos y horas eternas mirando un techo blanco, como ella me contaba, imaginando la vida de los suyos sin ella, y sabía que no podía ser, ella tenía que seguir, ella, por puro egoismo, tenía que estar junto a sus hijas, verlas crecer, enamorarse, aprobar, suspender, llorar por amor, ella tenía que ver envejecer a su marido, envejecer con él y junto a él... Ella decidió que, si la vida le daba un revés,
al menos se lo daría con la lanza asida y el escudo firme...Sufrió los vómitos, escondió la angustia y el cansancio, salía con sus hijas al parque, hacía los deberes con ellas, hablaba conmigo por teléfono, y solo cuando yo le decía "No seas tan fuerte" se permitía narrarme su guerra y llorar en silencios eternos... Hoy María sigue luchando, seguirá luchando siempre, pero ya no tiene miedo, ya lo venció, ya me ayudó a comprobar que, lo que tenga que pasar pasará, pero a la batalla hay que ir fuerte, hay que hacerle cara, hacerle frente, decirle "aquí estoy yo" y sacar las armas... Como ella muchas, como ella luchan, como ella lloran, como ella ríen y sufren, y hacen ver que todo está bien, porque si algo no se pueden permitir, es que los suyos las vean hundidas... Mi recuerdo hoy para María Antonia Seguí, una mallorquina de Inca, fuerte, simpática, resuelta, que luchó y ganó, aunque sabe que su victoria depende de que siga luchando siempre... Y para un marido que estuvo pendiente de sus días y de sus noches, de sus lágrimas, y que ocultaba las suyas porque aprendió que ella tenía derecho a verle siempre reír...