7 ago. 2013

LA ROSA SECA...(relato para despedir la noche)

Tengo encerrada mi vida en una rosa, una rosa seca que se ha consumido. La guardo desde hace tres años y medio, la mimo, la cuido, vigilo que sus pétalos no crujan, que no se rompan, que no me abandonen. Perdí mi vida entre esa rosa, en el tiempo que marcan los suspiros. Tengo encerrada en una rosa seca los minutos vividos y sentidos. Las lágrimas que me arrancaron, los silencios dormidos. Tres años con sus noches, con sus días, con sus esperas, con sus pequeños segundos marcando mis pasos y mis sonrisas. Te dije que la guardé, siempre, entre las páginas de un libro. Todavía te veo llegar, todavía escucho tu voz al recibirte, cuando miraste mis ojos sonriendo y cogiste mis manos. Sólo eso. Y me entregaste la rosa, como un juego de magia. Como un sueño. Con la noche fuera de testigo y la luna mirándonos envidiosa, sabiendo lo que siempre supo, que eras mío.
Tengo tu rosa seca, tus cartas olvidadas, metidas en una caja color lila, atada con un pequeño lazo. Tus fotos, tus postales, tus regalos...los pequeños, los que ocupan poco y llenan una vida: un pequeño muñeco, unos pendientes, un osito de plata y un peluche, ¡ah! y un llavero...y la rosa seca, y tus gritos. Todo guardado, los gritos los guardé para no volver a oírlos. Han quedado atrás las sombras negras, los días malos, las malas compañías, los consejeros que creímos fieles, que creímos hermanos, que creímos amigos. Los que se empeñaron en hundirnos, en agotarnos, comentando mentiras, comentando tus líos y mis líos. Y la rosa seca sabe que no tuve líos, y de los tuyos nada me dijo. Hemos superado al tiempo, vencido a los segundos, ganado al minutero. Nos hemos ganado con cariño, con amor, con paciencia, con ternura... con tus malos modos y tus gritos. Me río ahora cuando los recuerdo. Ya no me riñes como antes, ya aprendiste a hablarme con calma y con dulzura. Y aprendí la confianza de la rosa, la que me enseñó y me guió, sin sus espinas. La que me dice que me quieres, lo repite siempre que la miro.
Tengo guardada en una rosa seca mi vida, desde hace tres años y medio. Muchos años, muchos días, muchas noches. Para terminar descubriendo que nadie más puede ya influirnos. Perdida entre tus brazos y tus risas, tus gritos ya se fueron, se alejaron, se fue mi duda, mi desconfianza, se fue mi llanto, me pena, mi tristeza...me quedó tu rosa seca entre las páginas de un libro.
Y en este día en que te entrego el alma, en que soy tu mujer y tú mi niño, en que me repites que me quieres en susurros, frente a un altar, frente a Dios mismo, sé que mi rosa en su caja lila se deshoja para siempre, porque ya su existencia no tiene sentido. Ella vivía para recordarme
que llegaría un día, estaba escrito, en que fuera tu mujer, para ti siempre, yo tuya, tu mío. Y ese día es hoy. Tres años y medio esperándote en mi alma.... ¡¡¡ya sin gritos!!!...

RECORRER MI TIERRA...(preludio de una noche de nervios)

Recuerdo que, cuando estaba en el Colegio de Cristo Rey, la Madre Refugio, una tarde, cuando le dije que estaba muy nerviosa, porque al día siguiente haría un papel en la obra de teatro de "La Sirenita", me dijo muy bajito: "No te preocupes, creéte el papel, tú mañana no eres Encarnita Barrera, eres otra persona, otra sirena, intenta que los que te escuchen sonrían". La Madre Refugio, aquella monja a la que mucha gente de mi pueblo, de mi generación, recordará. Hoy me repetía lo mismo. Yo sé que, para quien está acostumbrado a moverse por el mundo, a declamar, a estar presente en actos, a ser diana de oídos y miradas, esto es irrisorio, es un granito de arena en una playa inmensa...pero es que esa es mi playa, ese pequeño grano de arena es mi playa. No sé por qué la gente, la que se cruza conmigo, Tere anoche, Angela ayer, Marisa hoy, Marí ayer por la mañana, muchas más, muchísimas más, cuando yo les digo que tengo nervios me dicen eso tan socorrido de "Tú estás ya acostumbrada"...¡¡No!!, no estoy acostumbrada. Lo poco que he estado delante de gente ha sido con un tema que conocía, con menos gente, con un recinto más serio, cerrado. Lo de mañana, lo de mañana noche es distinto. Lo de mañana noche es el recorrido por mi tierra, delante de mi gente, delante de gente que me conoce, con la que he compartido mi vida hasta hace tan poco tiempo que es como si fuera ayer.
Un recorrido por mi tierra, por unos recuerdos comunes, por lugares comunes, por historias comunes, sonreírles, emocionarles, decirles que yo, Encarnita Barrera, hija de Juan Alberto y de Paquita, la niña que escuchaba a la Madre Refugio en Cristo Rey, soy una más, una de ellos, de ellas, una de ellas mejor, de esa generación a la que, en un momento de mi Pregón haré mención. Una de las inconformistas, de las luchadoras, de las que ríen y de las que lloran. Mañana me toca hacer un recorrido corto, escueto, pausado, por mi memoria, por mi tierra, por mis raíces.
Todos estos días atrás, cuando alguién me felicitaba, añadían que es un honor, un privilegio, el mayor honor, el mayor privilegio...¡¡pues sí!!... lo es... Que tu pueblo te escuche, que recorra con tus palabras sus mismas vidas, que se emocionen, que sientan contigo y junto a tí su tierra, es el mayor honor y el mayor orgullo, es un privilegio... por eso me pueden los nervios, por eso la responsabilidad, esa que hace que esté inquieta, que relea, ensaye, me emocione, recuerde nombres que deben de ser nombrados, rostros que deben de ser evocados, recuerde legados ajenos porque se hicieron propios, haga mención, justamente, a todos los que lucharon por mi tierra, por mi pueblo, a los que se fueron dejándonos el hueco de quien sí fue importante... Yo no, yo soy una montejiqueña, una mujer de mi tierra, Montejícar, una más, un grano que hizo granero... Y acudo a mi granero, a mi refugio, a mi bunker, al lugar que me arropó siempre, que me acogió siempre, en donde me conocen todos y cada uno de los que allí viven, en donde nos hablamos conociéndo pasados, sabiéndo de cada paso dado, de cada llanto llorado y cada sonrisa entregada. Vuelvo a mi hogar, a mis paisajes, a recorrer el camino de la ermita, a mirar desde allí mi Sierra y mi Castillo, el mío y el de los míos, porque nuestros son hasta que cerremos los ojos para siempre, hasta que descansemos en su tierra, porque allí descansaré yo, con los míos, con mi ermita enfrente.
"Recorreré mi tierra, seré paso profundo
que deja huella y se irá tranquilo,
que caminará entre los álamos que habitan
junto a la Fuente Cabra, debajo del Castillo.
Recorreré mi tierra, prisionera soy de su aire,
de su luz, de sus silencios.,
de sus noches de verano, de sus trillos,
de sus nevadas, de sus crueles inviernos.
Recorreré el camino de la ermita,
fundiré mi mirada con la Sierra,
y veré caer la tarde lentamente,
escuchándo las voces de mi tierra.
Recorrer las calles que aglutinan
a gentes que trabajan y laboran,
que ríen y cantan, cantan y lloran.
Y al anochecer, cuando se apague el sol,
cuando me vaya, cuando me aleje triste
cuando muera,
quiero ser tierra del ciprés erguido,
donde están mis raíces y donde me esperan".-  Encarni Barrera Fernández.

Y mañana, voy a sonreír a mis gentes, a mirar sus rostros, a saber que pertenezco a ellas, que soy de allí, que siempre fui de allí, de Montejícar, y sabré que he vuelto, y sabré que volveré siempre que pueda.... Feliz tarde, la mía se irá en esperas, en reuniones para centrar otras cuestiones, relegaré unos minutos mis nervios para dedicarle el tiempo a cosas que también valen la pena....