9 ago. 2013

PREGON DE LAS FIESTAS DE MONTEJICAR - 2013.- EN MI VOZ Y CON MI EMOCIÓN.

Os presento a Encarni Barrera en su papel de Pregonera, en una noche inmensa, entrañable, una noche que jamás olvidaré, la primera parte, más tarde podréis ver la segunda. Gracias a todos, jamás pensé vivir un momento como este.

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE MONTEJÍCAR.- 2013. (Encarni Barrera)


Buenas noches a mis paisanos y paisanas, montejiqueños todos, algunos residentes en esta tierra nuestra, otros alejados de ella por diversos motivos, pero que, en las ocasiones en que podemos, visitamos este rincón que está siempre presente en nuestro corazón.

            Agradeceros la presencia en esta Plaza de la Constitución, la Plaza de Montejícar, nuestra Plaza, la de nuestros recuerdos y nuestras raíces, para dar comienzo, de forma oficial, a las Fiestas en Honor a Nuestra Patrona, la Virgen de la Cabeza, la que nos cubre bajo su manto, la que nos protege, nos escucha, nos emociona y nos acompaña siempre.

Agradecer al Ayuntamiento de Montejícar, de mi pueblo, de nuestro pueblo, su generoso ofrecimiento, a través de su alcaldesa Remedios Moraleda, a la que yo considero una amiga, un ofrecimiento que me llenó de orgullo, de satisfacción personal, que me emocionó y me hizo calentarme un poco más la cabeza para intentar haceros pasar un rato agradable.

Agradecer a mi familia, a la que esta noche me rodea, a la que quiero, en la que tengo el apoyo para seguir mis sueños, para cumplirlos, y en especial, esta noche, me vais a permitir un recuerdo a quien quería esta tierra y me enseñó a amarla a mí, porque él ya sí es tierra de este pueblo que fue el suyo, un recuerdo para mi padre, porque gracias a él y a mi madre, que está emocionada viéndome, que esté yo esta noche aquí es posible. Un beso para mi padre, que me acompaña siempre, allá donde esté.

Agradecer a mis amigos, a los de siempre y a los nuevos, a los que estuvieron presentes en mi niñez, en mi juventud, a los que siguen presentes en mi vida. A los que he ido añadiendo a través de los años, a todos gracias, porque mi vida, sin vosotros no hubiera sido la misma, las personas somos según la gente de la que nos rodeamos, la familia se nos impone, los amigos los escogemos, y yo los escogí buenos, la prueba está en que a pesar de tantos años seguís soportándome y aguantándome.

Agradeceros a todos pues, Ayuntamiento y Pueblo, familia, amigos y paisanos todos, que me acompañéis esta noche, noche de verano montejiqueña y serrana, noche especial para los que nacimos, crecimos y seguimos sintiendo Montejícar.

            Me hubiera gustado estar en este tablao, subida aquí arriba  como Reina de las Fiestas, pero mi madre me hizo bajita y gordita, así que me conformo con estar aquí, saludando y dando pistoletazo de salida a la elección de la Reina y sus Damas, y reconocer, como ya lo hice en público a través de mi Blog, la belleza de la mujer montejiqueña, la que todas llevamos, (yo también, aunque esté más escondida).

            Cuando Remedios me comunicó que sería la Pregonera de las Fiestas, tengo que reconocer que me entró mucho miedo, mucha alegría, que me quedé un poco pensando en qué era lo que yo podía decir a la gente de mi pueblo, a mis paisanos, esos que me habían visto nacer, crecer, irme, los que siempre han estado rodeando mis momentos felices y algunos dolorosos. Para mí es un orgullo estar esta noche aquí, igual que lo es hablar de Montejícar allá a donde voy, haciendo referencia a un pueblo desconocido para mucha gente, pero que, por ese poder de la difusión en medios, puede llegar hasta países en los que jamás pensé que pudiera tenerse conocimiento de mi tierra.

Hablar de Montejícar me emociona siempre, en estos momentos de mi vida, en los que, por esas cosas raras que pasan, paseo el nombre de mi tierra, he descubierto que sigo aquí, mezclada en este pequeño espacio, en este espacio vital y absoluto que es mi pueblo, estos límites reales que son un sueño cuando estás lejos, por muy cerca que te encuentres, no es lo mismo. Esta noche, ¡quién me lo iba a decir!, soy yo la que estoy sobre el tablao, ese que yo he descrito, en donde, poco después habrá un grupo musical, que igual vuelven a cantar “Cartagenera”, tal y como yo lo recordaba desde hace tantos años. Mi generación vivió en este pueblo, los cambios de un país. Vió como, poco a poco, también todo cambiaba, iba, despacito, dejando atrás costumbres y aceptando otras, sin miedos, abriendo camino, abriendo nuevos senderos.

            Soy de la generación del cambio, soy de ese grupo de mujeres que creció luchando y rebelándose contra normas impuestas, inconformista generación femenina, que decidió luchar ella misma, por lo que siempre supimos que las mujeres merecíamos. Mujeres de Montejícar, que son de buena cepa, que han dado buenos frutos, que han regido casas y organizado vidas, dejando a un lado sus propias metas para vivir las de los suyos.

            Yo nací en esta Plaza, junto al Mesón Consuelo, crecí en estas calles. Aquí detrás, en este Ayuntamiento, bueno no, en aquel Ayuntamiento que ya no está, en una de sus salas, asistí a clases, con aquellos maestros de antaño, con los que tenían pocos medios, pero muchas ganas. En estas calles, en esta Plaza correteé, me caí por culpa de las nevadas y de los hielos. Viví mi infancia en el Colegio de Cristo Rey, en las Escuelas. Disfruté de noches de verano en las eras, en el trillo con mi abuelo Andrés, mi padre y mis tíos, y mis primos y primas, infancia perdida ya para siempre, pero presente siempre en mi recuerdo.

Mi niñez se pierde entre la calle Solar, la calle de mis abuelos Jacinto y Tita, entre la calle Andrés Barrera, orgullo de ver el nombre de mi abuelo en una calle de mi pueblo, en la cual mis pasos se han perdido durante tantos años, visitando a mis abuelos Andrés y Encarnación. Calles pequeñas que vieron crecer a una niña pequeña. La calle Hospital, justo aquí detrás, justo a unos pocos metros, en donde se quedó mi infancia con balones, con vecinos y amigos. Vecinos de aquellos que eran familia, junto al bar de Guillermo, cerca de la tienda de Encarnación, “La Talabartera”, en los cristales de aquella pequeña casa yo ponía mis narices infantiles, prendada de una muñeca o una lecherita de aluminio, y mi madre, presente aquí, puede dar fé de ello. La calle En medio, he sido niña nómada, he recorrido mucho, pero eso me hizo ampliar el pequeño horizonte de mis ojos. Los juegos en la calle Leones, junto al que hoy es mi marido, cuando los dos éramos unos niños, y ni siquiera sabíamos de la existencia del otro, porque en aquellos juegos del Quema y Los Partidos, no se diferenciaba de sexos, se trataba de vencer al enemigo, aunque el enemigo que se tenía enfrente fuera, muchos años más tarde, el padre de mis hijos. Noches increíbles cerca del Pilón de Los Leones, tomando el fresco, hablando de cantantes de moda. Aprendiendo a hacerme mujer, como tenía que ser, bajo la tutela de mi madre, siempre vigilante, siempre alerta, bajo la disciplina paterna.

            Años duros vividos cuando me tocó el turno de emigrar, de irme lejos, pero llevándome siempre, en mi alma y en mis ojos, los paisajes de mi pueblo, del que hablo con orgullo, con pasión montejiqueña, porque me enseñaron a amar la fuerza del lugar en el que se nace, porque es de ser bien nacidos agradecer, y yo agradezco a la vida tener raíces, buenas raíces, y tenerlas aquí. Años felices, haciendo crecer un pueblo, viendo como nuestros mayores trabajaban, viendo aquellos primeros camiones llenos de grano en el Pósito, como se creó la Cooperativa de Aceite, observando como la Cruz de los Caídos, la que ya ha desaparecido, era trasladada de esta Plaza a la puerta de la Iglesia. Iglesia de San Andrés, emblema del pueblo, por donde todos hemos pasado en un momento o en otro. Recuerdos de mi niñez, igual que la niñez de la mayoría de los que estáis aquí, con un cantarillo que mi abuela Tita me compró, bajando por agua a esa fuente que da entrada a esta Plaza. Mis paseos con los porrones al pilar que había en la calle San Marcos, y los paseos hasta el pilarico del cura con mi madre, aquellos paseos hasta la fuente agria, a recoger agua para que los garbanzos salieran tiernos.

            Recuerdo que en mi primera entrevista, para Ideal de Granada, el periodista me preguntó con qué recuerdos de Montejícar me quedaría… ¡¡Con toda mi vida!!, le respondí…

            Mi vida está hecha de recuerdos de mi pueblo, de momentos completos llenos de vivencias. Soy lo que soy porque nací donde nací, rodeada de gentes trabajadoras y activas, que saben divertirse como nadie. Se me van los recuerdos en aquellos inviernos de matanzas caseras, con olor a cebolla cocida, familias reunidas, juegos de niños, las visitas a las tiendas a comprar matalauva y orégano, las  tripas para los chorizos y los salchichones, que las abuelas y las madres embutían primorosamente, para rellenar las alacenas y las cámaras, en donde los jamones se secaban mejor que en ningún sitio, aquel frío que calaba los  huesos, las nieves separadas, formando callejuelas para poder caminar medio equilibradamente, en aquellos días de lumbres con olor a paja y a leña quemada que se esparcía por el pueblo, que llenaba de calor de hogar aquellos cuerpos infantiles, a pesar de la manía materna de colocar a los niños pantalón corto y abrigo largo, como si las piernas no pasaran frío. Madres y abuelas tejiendo bufandas, jerseys, en verano, sentadas en las puertas, en los patios, siempre con la labor en la mano. Las confecciones de los ajuares, esos que todas las de mi generación y generaciones anteriores fuimos punteando en las tardes calurosas, en los corrales y en las salas, ventanas abiertas para que pasara el aire, este aire nuestro que nos da fuerza y nos da alegría, que baja de la Sierra Alta Coloma, del Cerro de los Allozos, que se encuentran en nuestra Fuente Cabra, legendaria y eterna, con sus “palomicas” y sus veladas amenizadas por el sonido del agua de la caldera o la olla, según quien lo diga…

            Navidades con Misas del Gallo, con la iglesia helada, en donde se adoraba a un niño humilde, como humilde es este pueblo, sin demasiado boato, el boato nosotros lo hacemos alegría, Navidades de aguilandos que no aguinaldos, porque nuestro vocabulario, nuestra lengua ha inventado palabras que solo nosotros conocemos, que hemos hecho nuestras, que son propias y auténticas. Esos días de la Torta, desperdigados por todos los rincones del campo montejiqueño, familias y amigos en torno a un trozo de torta casera que se cocía en hornos familiares de panaderos familiares. Igual que se cocían aquellos mantecados cortados en lo alto de mesas con hules, en casa de abuelas, en las casas propias. La tradición de la Semana Santa, sus roscos de sartén, sus procesiones pequeñas y ràpidas, con imágenes pequeñas, como digo, sin boato, porque Montejícar no lo necesita, porque somos lo que hemos ido creando.

            Días de Romería, acompañados por San Isidro, tradición cercana y reciente, que esta noche, me permito recordar, para hacer un pequeño homenaje a quien nos dejó la alegría de unos trajes de lunares y sombreros cordobeses, un recuerdo para José Rescalvo Lara, que fue cura y fue paisano, que se fue para siempre pero nos dejó el legado de unas carrozas, de unas botas de vino y la sabiduría de que la religión y la diversión pueden ir unidas, deben de ir unidas, allá en donde estés, cura Pepe, gracias de parte de todos los montejiqueños, que cada mes de mayo conviven en las Eras Altas gracias a que tú tuviste la genial idea de hacernos partícipes de la alegría de vivir de la agricultura, rodeados de campos en flor, fértiles y fecundos.
           
            Montejiqueños todos, los que hemos vivido fiestas lejanas ya, siempre presentes, siempre importantes. Encontrándonos con los de fuera, con los forasteros, con los de aquí, que se fueron para seguir haciendo grande un pueblo aún en la distancia. Recuerdos que nos llenan a todos, que son legado para nuestros hijos.

            Recuerdo especial para ese lugar que nos guía, en donde se cobija la hermosura y la bondad, nuestra ermita, pequeña, recogida, entrañable, única; lugar privilegiado, desde el que Ella, nuestra Señora, vela por sus hijos, lugar en donde mi hijo pequeño fue bautizado, quedando así para siempre, un poco más, en mi alma. Mis hijos, mención especial para ellos, los dos bautizados aquí, en mi pueblo, en el suyo, el de sus padres y sus raíces, el de las raíces de muchos hijos como los míos, que han crecido fuera porque sus padres tuvieron que marchar con el corazón dolorido por la añoranza de su tierra y de su gente. Hijos que vuelven hoy a su pueblo, para disfrutar de sus fiestas, de su aire, de sus calles llenas de vida vivida por sus padres y abuelos, el futuro de Montejícar está en ellos, en los jóvenes que están en esta plaza, en los que tendrán en sus manos la responsabilidad de hacer de su pueblo un gran pueblo, de no dejarlo morir, de seguir luchando por él aunque estén fuera, de nombrarlo, de honrarlo y darlo a conocer a todos los ajenos a él. Luchad siempre los jóvenes, tenéis en vuestras manos el futuro, vuestro pueblo os lo agradecerá, porque es tierra agradecida la nuestra, que acoge como nadie, que mima y que invita al regreso. No olvidéis, jóvenes de Montejícar, hijos jóvenes de montejiqueños que emigraron, las raíces que os unen a esta tierra, un árbol sin raíces se seca, visitad las vuestras, recorrer los rincones que forman parte de vuestra genética y de vuestra vida, llevad con orgullo el nombre de vuestra tierra, porque eso os hará grandes y os hará saber que hay un lugar al que siempre perteneceréis.

            Mención para los que se fueron durante este año. Los montejiqueños que nos dejaron, que desde arriba, junto a su Virgen, sonreirán al ver Montejícar iluminado, porque está en fiestas. Fiestas de Moros y Cristianos, el Islam y la Cristiandad frente a frente, para regocijo de ojos y sonrisas de bocas, que en silencio recitan las relaciones a la Virgen, los diálogos eternos de palabras llenas de poesía y de historia. Montejíqueños, estamos en fiestas, fiestas de nuestra Virgen, fiestas de nuestra tierra, fiestas de nuestros Moros y Cristianos. Tradición nuestra, tradición fuerte. Centenaria y asentada ya, recuperada para disfrute de las generaciones presentes y futuras. Caballos que cabalgaban llevando a lomos la belleza y la sencillez de ropajes y leyendas. Voces declamando emocionadas a la Virgen y al amor, a la batalla y a la victoria. Moros y Cristianos que deben de ser reconocidos, que deben de ser reivindicativos del carácter de un pueblo, de su tradición y de su historia. Disfrutemos, celebremos, divirtámonos mucho, preludio estas fiestas del éxodo hacia Francia, hacia el Roselló, hacia las parras cuajadas de uvas, que como Carlos Cano, otro granaino emigrante decía, “tenemos grasía pa derramarla”. Vivamos las fiestas, que se irán en unos días, que cuando se alejen nos devolverán a la dura realidad, a la que estamos viviendo, que nos hace solidarios y nos hace generosos, que nos enseña que todos, en un momento podemos sufrir el latigazo del desempleo, es tiempo de ayuda, es tiempo de echar manos, de aunar fuerzas, respirar hondo y seguir.

             Por eso, desde aquí, por eso en esta noche, con toda la alegría de mi corazón, con la que me habéis hecho sentir por estar junto a vosotros, yo os digo:
Montejiqueños,
¡Viva Montejícar!.
¡Viva la Virgen la Cabeza!.
¡Felices Fiestas, Montejícar!.

 A pasarlo bien y disfrutar de estos días. Buenas noches y muchas gracias. Un beso a todos.