12 ago. 2013

UNA HISTORIA DE MI CORAZÓN...(recorrido por una noche especial)

Llegué al Ayuntamiento, sola, a la hora justa. Fui puntual. No había nadie, solo los miembros de la orquesta tomándo un tentenpié. Al entrar, no sé porqué, me recorrió un escalofrío. Estaba allí, a unos minutos de subirme allí arriba, en el tablao que quedaba frente a mis ojos, a unos escasos dos metros de aquella puerta. Había bajado sola, no quise que nadie me acompañara. Hice el recorrido tranquila, con mis folios en la mano. Miraba las luces, miraba la Plaza desde las Vereillas, miraba a la gente sentada, sonreí y se me saltaron las lágrimas. No quise compañía, preferi dejar a mis amigos y marido tapeándo, cenando, alejados de mis nervios. Poder mirar hacia arriba, parar mi vista en el reloj de la Torre de la Iglesia, eran las once menos cinco de la noche y yo me puse a temblar, de ese temblor incontrolable, el que te sube desde las piernas hasta el estómago. Tenía náuseas, por un momento pensé que no sería capaz, que algo me impediría subir allí, mirar a la gente, y hablarles. No había nadie en el Ayuntamiento. Subí la escalera hasta la calle Santa Ana, hasta el Rinconcillo, que le decimos, me quedé apoyada en la pared, respiré hondo y rompí a llorar. No podría, lo sabía. Se me agolpaban voces conocidas, idas ya, las de mi padre, las de mis abuelos, las de mis tíos...algunos amigos. Las voces de los amigos ausentes, las que me hablaron la noche anterior y durante aquel día... Y miré hacia arriba. Por ellos, por todos los ausentes... asomé la cabeza a la Plaza y vi a mi pueblo, sentado, tomándo unas cervezas, esperándome... Por los presentes... Por los presentes y por los ausentes... Yo iba a hacerlo... Me metí en la Plaza, sonreí, abracé, saludé, respiré hondo, escuché las palabras de ánimo, la pregunta repetida "¿Estás nerviosa?"..."¡No!" bromeaba yo como respuesta... Me tropecé con Manolo, Manolo Quesada, iba a presentarme, no tenía conocimiento de que yo iba a ser la Pregonera hasta unas horas antes. Me demostró su alegría, compartimos charla un poco, nos alegramos los dos, un huelmense presentando a una motejiqueña, hija adoptiva de Huelma...¡Más emoción!....
Fueron llegando todos, volví al interior del Ayuntamiento, más naúseas, más vértigo, intentándo controlar los nervios, sonriéndo para disimular... Y Manolo en el escenario, presentándome, y con cada palabra "luchadora", "cariñosa", "trabajadora"... el llanto me pudo, Reme, la alcaldesa me miraba sonriéndo, con esas sonrisas que te dedican las amigas cuando saben de tu emoción, y yo pedía que Manolo no hablara más sobre mí, y mi gente le escuchaba y me miraban, en un lateral de la Plaza, y yo veía como la Plaza se había llenado, y las Vereillas, y los laterales, y todo eran rostros conocidos, rostros amigos, mi gente y mi pueblo, esperándome, para escucharme... Y cuando sonó mi nombre respiré hondo, vi a mi padre cogiéndome la mano como cuando era niña, como cuando me cruzaba la Plaza para que no me cayera, y apreté los ojos, y subí....
Nadie, jamás, podrá entender nada de esto si no lo ha vivído... Escuchaba a mis paisanos aplaudirme, el abrazo sincero de Manolo Quesada, sus palabras de apoyo y me emoción, y el atril, y mis folios arrugados ya de manosearlos...¡Era la hora!...¡Era mi hora!...Valiente es aquel que lucha contra lo imposible, el que tiene que renacer de sus cenizas, el que tiene que enfrentarse a golpes de la vida que le sacuden y le hacen mover los cimientos... Yo no fui valiente, yo fui privilegiada, fui dichosa, fuí honrada con algo que jamás pensé que haría, fue escogida entre miles como yo, pocos miles, pero miles, iguales a mí, igual vida, igual recorrido, igual sendero, iguales miedos... Recité la poesía a mi pueblo, emocionada... Pregoné emocionada, me emocioné al recordar a personas concretas... Pero me rompí al recordar a los que se fueron, a los que nos fuimos, a los hijos de los que estamos fuera... por esas cosas que pasan, como dije, me emocioné al recordar a los hijos que, a través de facebook, me hablan de sus raíces, hijos lejanos de montejiqueños, que viven su pueblo aun en la lejanía...
Y terminó, y me volví a romper, al abrazar a Manolo de nuevo, al escuchar su voz en mi oído "Lo has hecho perfecto, lo has hecho muy bien, muy bonito, Encarni".... No veía a nadie mientras pregonaba, el foco me impedía ver rostros, ver caras nítidas y definidas, pero entonces sí, entonces, cuando me separé de aquel atril desde el que yo hablé a un pueblo, ví a mi gente, a la que había llorado conmigo, a la que había aplaudido, a la que había esperado a que yo subiera allá arriba....
Escribo esto cinco horas después, lo publicaré cuando las Fiestas de Montejícar hayan terminado... sencillamente para dejar pasar unos días especiales, para recordar a posteriori, para poder volver a recrearme y a revivir aquellos momentos... Ahora ya pasó el vértigo, las naúseas, la sensación de mareo, los nervios... he recibido un ramo de flores que ha ido a parar a mi Virgen de la Cabeza, una placa del Ayuntamiento de Montejícar que, como las cosas importantes de la vida, presidirá para siempre mi salón... Porque fué un día importante, fue mi día importante, mi noche importante... y estaban mis hijos, mi marido...¡mi madre!... mi madre ha podido verlo...y mi padre, desde arriba, desde el cielo montejiqueño que el último día se cubrirá de color con los fuegos artificiales... Me vió mi hermana, mi sobrina, y me vio mi familia, la que quiso estar, la que no quiso tampoco importa, no siempre llueve a gusto de todos, y todos tenemos algún motivo para no poder asistir a algún acto... pero estaba mi pueblo, del que soy, al que pertenezco, en el que me he movido, en el que he crecido, y en donde están mis raíces y mis amigos de siempre.... Y en donde, como dije en mi poesía, "Quiero descansar cuando muera, porque allí me esperan".-

(Quiero agradecer a Carmela un regalo muy especial, el llavero de la Virgen de la Cabeza y de la Torre de la Iglesia de San Andrés, yo tenía uno parecido, pero lo regalé a una persona muy especial, muy querida, que me consta que lo guarda en sus manos y en su corazón. Gracias Carmela, por el llavero y por tus palabras bajitas, que solo tú y yo sabemos cuáles fueron. Un beso)