25 ago. 2013

HABLEMOS DE REGATEO... (Reflexiones de quien no sabe regatear)

¡Cómo echo de menos en ocasiones a mi amiga Tere!... Mi amiga Tere es de esas personas que regatean mejor que nadie. Sé que soy ingenua, sé que soy confiada, pero también sé cuando alguien me está timando, bueno, no, timando no es la palabra correcta, más bien se está aprovechando de mi buena fé, es distinto, las cosas como son, porque también, las cosas como son, yo ofrezco poca resistencia. Mi aventura comienza en la búsqueda de un bolso. Me gusta en las Fiestas salir a mirar puestecitos ambulantes, me flipa quedarme parada delante de esas joyerías ocasionales en las que encuentras de todo o casi todo. Pero lo más de lo más son los puestos de bolsos, cosa rara, porque luego siempre llevo el mismo, pero eso sí, disfruto muchísimo comprándome un bolso, supongo que debo de tener algún trauma juvenil o infantil, ¡vete tú a saber!, será cuestión de consultarlo con la psiquiatra Mª Dolores Sáez, que además de mi prima es una doctora excelente, y hay quien puede dar fé de eso. El caso, sin salirme del tema (otro día hablaré de mi terapeuta) es que, como ocurre cada año, irremediablemente, yo me tengo que comprar un bolso...o dos, depende de las necesidades, del precio y de la gana que tenga de arreglarme para salir, y eso que el puesto de los bolsos lo tengo a veinte metros desde mi casa, pero me puede el tener que vestirme para buscar algo que, dicho honradamente, no necesito.
Este año tocó; estaba arreglada, tenía ganas de visitar "tiendas" y, naturalmente me fui hasta los bolsos. Me fijé en tres, me dijeron el precio, doce euros, puedo decirlo porque es público, puede que sea irrisorio, pero a mí no me importa, creo que todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida, y a mí los bolsos me gustaron. Me dijeron el precio... como digo doce euros... pero he aquí que, de pronto descubrí otro bolso, un poco más alejado, más escondido, que me encantó, lo cogí, lo miré, lo toqué, el tacto perfecto, el color también, el diseño tambien... y dije que me decidía por este... ¡Sorpresa!,ese bolso era más caro, costaba catorce euros... sé que puede ser ridículo, que dos euros no van a ningún sitio, pero sí tuve la sensación de que, precisamente por ser ese habían cambiado, deliberadamente, el precio del bolso, por ser ese, el que yo quería, el que estaba un poco más apartado... Y eché de menos a mi amiga Tere, porque Tere es de las que en ese momento diría, "Bueno me quedo con uno de los otros, no voy a dar dos euros más por un bolso que no tiene nada especial respecto a los otros", ella lo hubiera dicho de forma distinta, ¡desde luego!, hubiera bromeado con el vendedor, hubiera sacado su gracia montejiqueña, hubiera soltado lo de "¡Sí hombre!" y hubiera conseguido el bolso por diez euros, sin ningún tipo de problema ni de esfuerzo, porque lo que Tere tiene es que regatear no le cuesta ningún trabajo, ningún esfuerzo, lo hace sin despeinarse... todo lo contrario a mí. Y es que, cuando me acerco a una de estas "tiendas ambulantes", cuando miro a quienes las atienden, cuando recuerdo que, la mañana anterior yo he pasado junto a una furgoneta con los cristales tapados con mantas, en donde sé que duermen los vendedores, porque encima las tengo frente a mi casa, cuando recuerdo como instalan sus puestos, sin saber por qué me viene a la memoria el decorado de unos grandes almacenes (todos sabemos cuales son), esos almacenes que tienen dependientes trajeados, atentos, esos almacenes que tienen una deuda desorbitada, esos que te venden un bolso a cien euros cuando, en realidad, lo único que tienen esos bolsos más que estos es un nombre, una firma, una etiqueta y que te lo entregan metido en una bolsa blanca y verde, con un logotipo snob, carísimo y bastante elitista... Y entonces, sin saber por qué, me niego a regatear, porque sé que, doce euros, catorce euros, es una cantidad permisible, totalmente decente para quien se busca la vida en la calle, para quien duerme en una furgoneta, para quien no tiene traje ni bolsa, para quien tal vez piense que me está engañando...¡Me da igual!, yo sé por qué lo hago, yo sé que no me engaña, yo sé que pago esos dos euros de más sin motivo, pero en el fondo sé que si lo comprara en otro lugar pagaría gustosa veinticinco o treinta euros, saldría contenta y puede que, entonces, sí saliera pensando que me han timado...
Así que, decididamente, estoy feliz con mi bolso, eché de menos a Tere por el gusto de verla regatear, de disfrutar con ella, pero sé que, de haber estado ella, yo la hubiera frenado, hubiera terminado pagando lo que me pedían, ya que, lo dije antes, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida y, honestamente, es mejor ayudar al que más lo necesita...
Tengo un bolso precioso, mi conciencia tranquila, unas pulseras geniales, y la satisfacción de que, aunque sea poco, habré colaborado para que mi vecino puntual, el de la furgoneta con los cristales tapados con mantas, se haya podido tomar un café con esos dos euritos de más... Buenas noches, buenas madrugadas, rematando la Feria, mañana visitaré de nuevo las "joyerías ambulantes" y seguramente me compraré algo sin regatear....