31 ago. 2013

"DIEZ AÑOS DE MI VIDA. DIARIO PARA MI HIJO"... (Un trocito del diario que encontré hace unos días, que dediqué a mi hijo y que él decidirá qué hacer con él cuando yo no esté)

1974 -1984.

"El primer día de 1985 no reunímos un grupo de amigas y nos dedicamos a ir de casa en casa, tomándo copas, mantecados y cantando, una costumbre de mi pueblo que, como otras muchas a lo largo de mi vida se ha ido perdiendo.
Durante los últimos diez años había vivído mucho: compartí clases con chicos, yo que venía de las clases femeninas. Conocí a buenas amigas que todavía hoy, por suerte, lo siguen siendo. Conocí a mi primer amor, ese que quita el sueño, las ganas de comer y que te deja hundida cuando te da la espalda. Perdí a un gran amigo, al que jamás olvidaré, que estará siempre en mi recuerdo y por el que todavía lloro. Supe lo que eran los internados femeninos, con sus monjas, sus rezos, sus uniformes y su lejanía.  Lloré por desarmor, por mucho desamor, ese desamor de la adolescencia que es eterno y que, con los años te hace sonreír. Escribí poesía y relatos, escribir me llenaba el alma, aún hoy, hijo mío, me la sigue llenándo. Viví en libertad en Granada, la libertad recién aprendida, intentándo controlarla y disfrutarla. Sufrí la incomprensión de mis padres, esa que tú sufrirás un día, la misma que recordarás cuando seas mayor, las guerras generacionales, lo que tienen, es que son cíclicas y siempre se repiten. Callé secretos que podían dañar a mi entorno, los viví en silencio, los sufrí llorando, los guardé para siempre... hay cosas que, aunque se cuenten, no te alivian el alma de la carga ni del dolor. Me desarrollé como mujer, y todo eso lo fui llenando de responsabilidad y de alegría de vivir. Yo era la amiga alegre y la amiga responsable, es decir, la amiga que se reía por todo pero aburrida hasta límites insospechados. Nunca, en esos diez años, hice nada de lo que tuviera que avergonzarme, ni de lo que tuvieran que avergonzarse otros, y sé que es verdad, y si algo hice  lo superé intentando ser justa reconociéndolo. Hoy sé que no hay nada, en esa etápa, de lo que me arrepienta. Aprendí a juzgar sin tener en cuenta mis sentimientos, tomándo distancia, siendo objetiva, y hoy, con casi treinta años, sé que cometí errores, tuve fallos, soy humana...pero nunca dejé que lo que sentía se antepusiera a lo que realmente era justo.

Aprendí a perdonar aunque no pudiera olvidar. Aprendí que siempre habría alguien mejor que yo en todo, pero también alguien peor; intenté ser perfecta y comprendí que nadie lo era... nadie lo es. Y acepté mis imperfecciones; soñé, como todos los jóvenes, con tocar el cielo, y supe que era imposible. En esos diez años padecí la lejanía, los llantos, la distancia de mi tierra, de mis padres, de mis amigos. Comprendí que todo cuesta, nada se te regala, la vida es un camino con piedras, pero hijo mío, deténte solo a quitar las que entorpezcan tu paso, olvidate de las que solo amenazan con hacerlo, porque esas importan poco, basta evitarlas sorteándolas."

(Huelma.- 26 de Octubre de 1994. La Calesera. Para mi hijo Martín)
Foto de 1984. Granada. Fuente del Triunfo. Tomada por María José Cámara, mi gran amiga, a la que sigo llevando en mi corazón a pesar de la distancia, y las dos lo sabemos y eso nos basta.