6 sept. 2013

ESCRIBIENDO CON EL ALMA... (Reflexión de una ama de casa)

Ayer, en un supermercado de mi pueblo adoptivo (que luego los montejiqueños se ofenden -risas-) una chica, una mujer, una conocida se me acercó para decirme que había leído mi novela, "Las manecillas del reloj". Su primera frase fue "¿A tí quién te enseñó a escribir así?", yo me reí, me sonrojé y no supe que responder, me quedé callada, cosa muy rara en mí, le sonreí, le contesté que mis maestros, como a todo el mundo, y ella me dijo que no, que a todo el mundo no. Hablamos un poquito, me preguntó por la próxima, le agradecí sus palabras y me vine a casa un poco más contenta, porque cuando no ha sido fácil, es bonito que alguien se dirija a tí y te mire con una sonrisa y una claridad tremenda. Y hoy, no sé por qué, olvidé contarle a mi marido la propuesta de entrevista para Wadi-as. Esas cosas que en el momento en que recibes la noticia te dejan la risa pronta, pero que a lo largo del día, por otras obligaciones, vas dejando atrás. Hablábamos de lo difícil que fue el comienzo. Mi primera vez enfrentada a quienes me escuchaban. La primera vez que me presenté en una Librería en donde nadie me conocía, hablarles de mi novela, que la miraran, mirar el rostro de quienes la ojeaban, leían trozos, me miraban, me sonreían, asentían, me decían que la acogerían encantados, me preguntaban el trayecto, el proceso. Y salía de cada una de ellas dando un pequeño suspiro de alivio...
Jamás pensé que era así, que funcionaba así, que me encontraría personas que me sonreían, otras que criticarían mi trabajo justamente, algunas que me encallarían el corazón y otras que me lo ablandarían. Ahora, cuando han pasado tantos meses (o tan pocos, segun me decía la persona con la que hablé esta mañana), sé que he caminado, que he pasado noches en vela, que he pensado en tirar la toalla muchas veces, que me han herido, que me he levantado, que he sonreído y que he llorado, mucho más de alegría que de pena. Hoy sólo sé que escribo con el alma. Cuando me hacen la pregunta de ¿cómo se escribe?, cuando la persona con la que hablé esta mañana me la hizo, yo sólo dije que cuando se escribe se vive lo que escribes, no importa si es duro, si es bonito, si es amargo, tienes que creerte cada palabra, cada situación, vivirla tú, dejar que el personaje ocupe tu cuerpo, te posea, te dicte y se recree en tus dedos. No todas las historias gustan a todo el mundo. Eso ya lo he asumido, lo he aprendido y lo he admitido, porque es justo y legal que así sea. Pero he aprendido, he asumido y he admitido que, las historias escritas por mis manos, las que me hacen vivir los protagonistas creados, son las mías, salen de mí, mejores o peores, malas o buenas... Y a estas alturas, cuando me coloco frente a la pantalla, cuando invado un mundo ajeno que no es el mío, lo que menos me importa es que guste a los demás, se trata, sencillamente de dejar que los personajes recorran su historia, de intentar contarla lo más facilmente posible, para hacer sencillo el recorrido, pero sobre todo para tocar el alma de quien lee, la filosofía se escribe para pensar, las ciencias para aprender, la novela, del tipo que sea, se escribe para vivir, igual que la poesía para sentir...
En mi tarde serena, mientras recorro el largo camino de mi vida, mientras sueño con unos días con mi familia y el sol almeriense, en la tarde en que me han llegado buenas noticias, en la tarde que me pierdo en historias vividas a través de otros, doy gracias a Dios por seguir escribiendo con el alma, porque, después de todo, el corazón y el alma nunca mienten...
Buenas tardes, espero que sigáis siendome fieles, que sigáis con vuestros ánimos, que sigáis viviendo mil historias, sintiendo mil emociones y dejando que sea el alma la que recorra a través de vuestros ojos, las vidas de quienes siendo invención forman parte de la realidad cotidiana que a todos nos rodea...

Foto de Bernardo Roa durante la presentación de "Las manecillas del reloj" en Motril.