11 sept. 2013

EL DOLOR DEL AMOR... (Felicidades Martín)

Fue un niño deseado, muy deseado, muy buscado, muy esperado... Nació un día como hoy, debería de haber nacido quince días antes, pero Martín, ya desde su concepción fue un niño tranquilo, no tenía prisa, no tiene prisa, con los años he aprendido de él la paciencia. La que desde pequeño él trazaba cuando con muy corta edad era capaz de montar puzzles increíbles, a fuerza de tesón, sin ninguna prisa. Fue un niño que trajo alegría, que trajo tranquilidad y que trajo sonrisas, muchas, aún cuando su aspecto siempre fue serio... fue un niño serio... tranquilo y serio, metido en un mundo equilibrado, responsable, sabedor de ausencias que debían de ser, encargado él de su persona, de vigilar sus soledades, porque sus padres tenían que trabajar, porque a él le correspondía esperarles, esperar paciente, esperar tranquilo, esperar vigilando de que todo estuviera bien... Martín que ha crecido, que a lo largo de sus veintiún años me ha enseñado que hay que saber esperar, que hay que desoír lo injusto, que me alienta, que me hace sonreír ante palabras crueles, porque él ya es un hombre, un hombre paciente que ha descubierto que la vida no es justa, que no siempre llueve a gusto de todos, pero que él sigue teniendo su mundo equilibrado y responsable. Que vive de acuerdo a cómo piensa, que no daña, que es amigo de sus amigos, que ocupa su tiempo en crecer y hacer de sus hobbies un motivo de alegría y de relax, que no se ocupa de vidas ajenas (su abuelo Juan dejó sus genes), que comprende que tiene que seguir su camino, lento, paciente, como él es... Martín que me dio preocupaciones, con el que discuto, con el que me enfado, que me sonríe con esa superioridad que tienen los jóvenes cuando creen que todo lo saben... Que espera de la vida un futuro, un futuro cercano, que tendrá que trabajarlo y medirlo, y meditarlo, y sopesarlo... un futuro incierto, pero sabe que, como digo, tendrá su mundo equilibrado y paciente siempre... Martín querido hijo, que fue esperado, que fue remolón para ver la luz, quizás porque, en el fondo, dentro de mamá estaba mejor y él lo sabía, porque ella le protegía del cruel mundo con el que tendría que enfrentarse, que lo sigue haciendo, que sabe ahora que su madre es leona, como todas las madres, que soporta el propio dolor pero que no tolerará el dolor que le infrinjan a él, que saltará para devolverle el equilibrio de su mundo y su paciencia... mi Martín, el mío, el que yo gesté... que será de otra, que será de un mundo que yo, poco a poco, voy abandonando... Y anoche, cuando me vio triste, cuando se acercó a mí, como hace siempre que nota que mi mirada no brilla cuando me mira la suya, cuando me besó, cuando pude mirar sus ojos y rozar la piel que comienza a hacerse madura, supe que yo ya cumplí casi todo mi recorrido, que ha sido buen hijo, buen alumno, buena gente... y  solo espero que siga siendolo, que siga mirándome, besándome y sonriéndome... en su mundo equilibrado y paciente... Felices veintiún años hijo mío, ya no eres un niño, ya has crecido, has crecido tanto que has aprendido que el mal existe, que te pueden dañar pero que tu familia siempre mantendrá tu mundo equilibrado, paciente y... tuyo...