18 sept. 2013

CINCUENTA MENOS UNO.... (Gracias))

Tenía diecisiete años. Estaba sentada en la calle Solar, la calle de mis abuelos maternos, era verano, mi silla era de esas de anea, bajas, de pueblo, de las que se usaban para tomar el fresco en las noches largas del estío. Mi abuelo Jacinto estaba frente a mí, y yo miraba unas fotos. De repente me preguntó qué me pasaba y yo me puse a llorar. "Quiero ser mayor", le dije. Y él se quitó la gorra, se pasó la mano por la cabeza y se rio. Y a mí me dio rabia, pensaba que se reía de mí. Y entonces, con aquella voz suave y muy bajito me dijo "Algún día, cuando seas mayor, desearás volver a ser una niña, y ya no podrás, disfruta estos años, que son muy bonitos"... Era el día anterior a mi cumpleaños, dos días después me iba a Francia, a la vuelta mi abuelo murió. Y el día de su muerte, apoyada en la pared de la fachada, mientras la gente entraba en la casa a dar el pésame, yo recordaba aquella escena. Igual que la recuerdo esta noche.... Mañana cumplo años, cuarenta y nueve, cincuenta menos uno. rozando el medio siglo... y quiero ser una niña, quiero volver a ser aquella niña que tenía frente a ella a su abuelo, y volver a tener a mi padre, y a mis seres queridos. A esos amigos que se me han ido pronto, muy pronto, con los que bailé, me reí, estudié, bromeé... Esta noche es una noche más. Hace tiempo me acostumbré a cumplir años de una manera rutinaria y cotidiana, sin que sea algo especial, pero sé que lo es. Porque ahora, a mis años, sé que muchos se han quedado en el camino, que mucha gente no ha podido rozar los cincuenta, ni cumplir los cuarenta y nueve, ahora sé que cumplir años es una bendición, aunque desee volver a ser una niña, aunque eche de menos a los que se fueron, pero me quedan otros, me quedan muchos, me quedan mundos espléndidos de espléndidos otoños soleados y primaveras que florecen ahora, en estos momentos. He aprendido que cumplir años es la mayor bendición que la vida me hace, el mayor regalo, el día de mañana, cuando abra los ojos, pensaré que, tal día como ese, a las cinco de la tarde, mi madre, que sufrió horrores para parirme, se partía de dolor, solamente para que yo viera la luz de la vida, para que la viviera, para recorrerla y disfrutarla, para llorarla y sentirla. Mi cumpleaños es un día más, es una fecha, es un dato... mi cumpleaños me indica que hay un día especial en el que dar gracias, darlas a todo el mundo, a todos los que conocí y me enseñaron, a los que me sonrieron, a los que me ayudaron a caminar, a los que me mintieron y me traicionaron, a los que vaciaron mi alma de buenos sentimientos y a los que la llenaron de momentos imposibles de olvidar. Dar gracias por vivir, por respirar, por caminar... por entregar vida y compartirla. Dar gracias por tener y por estar, por ser y por haber sucumbido, y por haber caído en ocasiones varias, y por haberme levantado y por haber gritado de rabia, de impotencia, de dolor, de alegría, de felicidad... Por haber llorado durante cuarenta y nueve años, porque llorando nacemos, por haber reído durante los mismos cuarenta y nueve, porque a reír me enseñaron mis padres, por mi familia, por mis amigos, por mi gente y mis paisajes. Gracias a mis padres que me dieron la vida, que me la dieron para equivocarme, para desear romper el mundo y construir el paraíso.
En esta noche en que encamino mis pasos hacia un año más, sencillamente, simplemente, de todo corazón, gracias a todos.