19 sept. 2013

Buenas noches, es emocionante para mí todavía ver algunas de mis presentaciones. Este video es especial, es el resumen que la televisión de Motril hizo del día de mi presentación en la Casa Condesa Torre Isabel de "Las manecillas del Reloj". Ha sido un regalo de mi entrañable paisano Juan M. Nicolás, al que tengo un gran respeto y un gran cariño, y al que tengo que agradecer su confianza en mi persona y en lo creado. Darle las gracias, porque no es habitual que, aún siendo paisanos, sin conocernos, estando separados por la distancia física y generacional, se involucrara en mi andadura, se interesara por lo que hacía y me ayudara abriendome puertas que jamás imaginé que abriría.
Agradecer a Inmaculada Torres, Concejala del Ayuntamiento, su cercanía personal, su generosidad y su ayuda. Y a Juanjo Cuenca, gran poeta, su intervención, desde la perpectiva de quién leyó lo presentado, de quién defendió a quien presentaba, por su cariño, su amabilidad, su trato para conmigo. Motril fue especial y sigue siendo especial, y espero volver, y sé que volveré. Un abrazo a los motrileños.

¡QUE BONITO RECIBIR REGALOS!...(Reflexiones de una ama de casa)

Meditaba yo ayer sobre los regalos, era el día para hacerlo. Se me fue el santo al cielo haciendo un recorrido atemporal sobre aquellos regalos que dejaron profunda huella en mi persona. Y es que, hay ocasiones en las que recibir el regalo se puede convertir en la chispa que encienda y de comienzo a la "Madre de todas las guerras". Las señoras de mi generación y las de generaciones anteriores, esas que nos hemos ido haciendo mujeres en pequeños núcleos rurales, todavía guardámos en nuestras retinas las cajas perfectas de regalos incomprensibles. Sobre todo porque nos llegaban a una edad en la que una, que aunque se mueve en un núcleo rural, espera otra cosa, aunque fuera el socorrido frasco de perfume o colonia o el consabido ramo de flores... Pero no... Cuando una mocita tenía novio, y por consiguiente futura suegra, descubría dolorosamente que la lista de regalos que iba a recibir a lo largo de ese noviazgo serían del tipo de "prácticos", la antítesis romántica del regalo. Yo recuerdo a mi marido, mi novio en aquellos días, con su primer regalo, entrando triunfal en casa, felicitándome, yo que no cabía en mí de gozo mirando la cajita, imaginando todo lo imaginable, esperando todo lo esperable y rompiendo nerviosa el papel... ¡¿una yogurtera?!... Mi gozo en un pozo. Mi mirada se convirtió en un taladro tan potente que hubiera podido agujerear sin ningún esfuerzo, poro a poro, cada cachito del pellejo de mi amado novio. Fué entonces cuando comprendí que mi sino de ilusionada novia estaría atado a los regalos "prácticos", que mi mirada no iba a fundir hielos, y que había llegado el momento de asimilar que iba a ser una ama de casa, que tendría que hacer yogures, y que necesitaría la yogurtera. A ella se fueron agregando la consabida tostadora, la minipimer, una olla expres Magefesa, juegos de café y de toallas... y las de mi edad saben de lo que hablo. Esperé pacientemente durante mi época de noviazgo, que llegara un regalo glamouroso... por supuesto jamás le dije a mi suegra que su hijo también podía recibir esos regalos, puesto que el hogar sería de dos, y que tal vez, lo mejor era que se los regalaran a él por su santo o su cumple, así a mí me evitaba recibirlos, aprendí a sonreír, como todas, a aceptarlos "encantada", a guardarlos en las habitaciones encargadas de albergar todos los artilugios pre-maritales, y a esperar tiempos mejores.
Así pués, después del recorrido por el menage de cocina y baño, después de los años de obligado cumplimiento, de aceptación tácita de regalos varios decepcionantes y domésticos, cuando entré por la puerta de lo que sería mi hogar, cinco días antes de mi onomástica, me senté tranquilamente, repasé los estantes de mi cocina, vi que todos los "cacharritos" estaban en orden, cogí un bolígrafo y un papel, y le confeccioné a mi recién estrenado maridito una lista que podríamos titular "Regalos que una mujer espera", una larguísima lista, por eso de que los hombres, no sé por qué, dicen que ellos no saben qué regalar, al menos la mayoría de hombres que yo conozco, y además, recuerdan que tienen que hacer un regalo dos días antes del evento en cuestión. Mi lista constaba de doscientos artículos, y puede dar fé mi marido y algunos amigos. Pero ¡por Dios y por favor!, rogaba que se olvidara de ningún artilugio casero, impersonal y cutre: Bolsos, cadenas, cinturones, libros, flores, joyas, perfumes, ropa interior, incluso bombones, aunque engorden... pero más yogurteras ¡no!, y no es que lo rogara, es que lo ordenaba...
Después de tantos años tengo que reconocer que hay quien aprende la lección, quien me hace reír todavía recordando aquellos momentos de la entrega de la sandwichera, de la mirada fulminante de mis ojos... pero ahora, mis regalos, sí son míos, personales, pensados, y es que lo que tiene la convivencia, lo que tiene conocerse, es que ya se sabe que la olla expres la usan dos personas, y las tostadas se hacen en aparatos comunes, y que, digamos lo que digamos, una minipimer no es un regalo para una joven y enamorada novia....