21 sept. 2013

A UN CABALLERO TEMPLARIO...(Mi debilidad)

Desconocido su rostro, escondido en su armadura,
cabalgándo en su corcel, corriendo mil aventuras,
rescatándo los tesoros de la Cristiandad perdida,
en las tierras sarracenas, en las tierras amarillas
en donde sueña volver con su dama y a su corte,
en los lugares perdidos, porque su vida es su Orden.
Templario rindiendo espada a una reina que le espera,
que reclama su valor bajo la luna serena.
Batiéndose en nobles luchas, ondeando sus pendones,
la bandera de su corte, blandiendo su espada al aire
mientras otorga perdones.

Mi Templario valeroso, del que desconozco el rostro,
la malla que me lo oculta y lo hace misterioso;
a lo lejos su caballo que se aleja y se lo lleva
lejos de mi torre oscura, hacia las tierras eternas,
para defender su Credo, su Religión y a su Reina.

Dedicada a mi amigo Emilio Padilla, un verdadero Templario.

EL NARANJA QUEBRADO...(poesía)

Ha llegado el naranja otoñal que preludia al invierno,
el quebrado naranja de las hojas que piso,
caminando desnuda y esperando los hielos,
ya se fueron los soles, ya se marchó el estío...
ha llegado la brisa helada de las cumbres,
las tardes que adormecen, la nostalgia que invade,
la añoranza de tardes calurosas y eternas,
el recuerdo del sol entre amarillos valles.

Ha llegado el quebrado naranja de las copas
de árboles que erguidos permanecen,
haciendo fortaleza contra el viento que arrasa,
que destruye sus ramas y se lleva su pena.
Naranjas otoñales, verdes que se suavizan,
otoño, siempre eterno, en mis ojos te miro,
y bendigo tu viento, y bendigo tus hojas,
esas hojas naranjas que quiebro cuando piso.

Silencio en el otoño, silencio en los caminos,
silencio entre los mares, silencio entre los ríos,
las aguas lentas pasan, el otoño las mece,
las cuaja de hojas secas que arrastran su destino.
Mi otoño azul, mi cruel otoño naranja,
que me ha traído la edad de los grandes desafíos,
de las palabras inconexas, creando mundos lejanos,
creando ajenas penas y aquel amor tardío.

El otoño sencillo, tranquilo y tan discreto,
que pasa sin murmullos y te devuelve mío.-