27 sept. 2013

EN RECUERDO... (A Pepe Rescalvo Lara)

Hay un minuto sólo, ése que va desde que pulsas un botón hasta el momento en que ves una imagen, esa imagen familiar y compuesta de trozos del alma, y no se puede evitar sonreír con pena, mirándo atrás, pensando en aquellos que se fueron, en el que se fue, en el que irrumpió en tu vida sin saberlo, sin pretenderlo, de puntillas, y que dejó su calado. En ocasiones nos esforzamos por dejar huellas en los demás, en que no se nos olvide, en estar permanentemente presentes en memorias y recuerdos, en ser más...en ser todo... Olvidamos quizás que, la mejor forma de crear un recuerdo imperecedero es no desearlo, seguir una senda, pararnos en el camino, recoger a los que encontramos sin obligarles a seguirnos, solo invitándoles a caminar con nosotros.
Yo conocí a Pepe Rescalvo porque tenía que ser así. Una familia cristiana y practicante, mi madre asidua de la Misa, de las Fiestas de guardar y de las de no guardar, creyente total y practicante retotal, y yo venía escaldada. Mi último año, aquel año 1979 en que yo terminé mi curso, en que abandoné mi internado, en el que la saturación de misas, rosarios, vísperas, laudes y ejercicios espirituales habían hecho mella en mí, negativa, totalmente; una niña de catorce años es maleable, para bien o para mal, yo en aquel tema religioso, cristiano judáico, había sido maleable para mal; eso suele pasar cuando se nos satura con creencias que no se nos explican, porque para una mente curiosa, para un espíritu infantil y libre, es primordial la lógica y la logística (risas). Y llegué a Montejícar... Y la noticia bomba era que habían cambiado al cura... Esas noticias impactantes en los pueblos, que crean el ambiente de interrogantes y de murmullos, que llenan el aire de "¿Cómo será?"... Y el resultado, la respuesta fue que era demasiado joven... Pepe Rescalvo tenía 35 años... Un cura joven... Un cura alegre... Un cura distinto...
Mi madre le confesó, (¡pobre hombre y pobre mujer ella!) que su hija venía "atea total", para mi madre aquel estado mío de pasotismo religioso era algo así como "morir en vida", y no exagero. Y el cura, un buen día me encontró por la calle, se me acercó, preguntó mi nombre, me dijo que si me había planteado llegarme al Teleclub, aquel recinto para jóvenes, subiendo una escalera de caracol con siglos de historia, en donde algunos jóvenes de mi pueblo, organizados por él y por Vicente (mi gran y bueno Vicente) tenían reuniones y charlaban, y veían peliculas, y se divertían... Y le respondí que tal vez, aunque me dijera a mí misma, en lo más hondo de mi alma, que jamás volvería a aquel grupo sectario y fanático (sin conocerlos, juzgaba sin conocerlos, hoy sé que ese es uno de los mayores errores que puede cometer una persona)... Pero mi padre, que era insistente, me sugirió muy sutilmente (si no vas no sales) que acudiera. Y lo hice... Es de esos recuerdos que se te quedan para siempre...
Jamás agradeceré a la "insistencia" de mi pàdre y su directa amenaza, el haber conseguido que acudiera aquella tarde. Mi vida cambió. Descubrir que hay jóvenes que sueñan, que comparten, que entregan, que dan... Pepe Rescalvo, el cura Pepe, que consiguió risas de adolescentes, sueños de jóvenes, que consiguió que yo distinguiera y comprendiera... El cura Pepe que, cuando algo me dañaba, me decía una frase y me hacía reír... que me escuchó como amigo, al que no le hacía falta saber demasiado, sólo "ver que esos ojos pierden el brillo", como él decía, para comprender que una niña sufría... Y que me hizo reír, disfrazarme, acudir en Granada a mis clases de catequesis, para poder conseguir mi diploma, mi insignia, que leía mis trabajos, levantaba una ceja y me sonreía... y que un día me dijo que las personas pasan, pero lo que siembran queda... Por todo eso, esta tarde en que tropecé con un video del grupo Piel de Dios que él creó, uniendo a una pandilla de jóvenes, mientras le veía en la foto manejar la mesa de mezclas, que era su pasión, cuando he ido hasta mi "caja olvidada" y he recuperado varias cintas de cassette que él me grabó, y he mirado su letra en aquellas dedicatorias de algunos libros que me regaló, sé que tenía razón... Independientemente de lo que yo haga con mis creencias, con mis religiones, con mis ética y mi moral, independientemente digo, él sembró y dejó su huella en una niña que, empecinada, había decidido que todo lo que oliera a cura era pernicioso... Donde estés cura Pepe, desde aquí, en tu memoria, para siempre en mi recuerdo y en el de todos los que estuvimos en algún momento junto a tí en aquellas actividades, fiestas, cabalgatas, clases de catequesis, excursiones, cines... Porque eras alegría y enseñaste la alegría... Y porque hay personas que, sin pretenderlo, dejan para siempre su recuerdo en los corazones...

(Foto de la Cabalgata de Reyes, Pepe Rescalvo con su eterna cazadora marrón y su sonrisa).-