6 oct. 2013

UNA CARRERA DE FONDO... (Reflexiones de una madre)

Solemos ponernos con los deberes después de un rato de descanso, tras el almuerzo. Normalmente dice que está cansado, aunque dos segundos antes haya estado corriendo con el balón o dando saltos de una silla a otra. Para los deberes siempre está cansado ¡Es tan distinto a su hermano!... Las madres nos hacemos esas reflexiones. Varios hijos, dos o más, tan distintos. Yo no tuve la ocasión de comparar; mi hijo mayor se crió solo, jugó solo, se educó solo... pero llegó él, el pequeño, el que ha revolucionado mi mundo, y el que, irremediablemente, me ha hecho comparar: la tranquilidad de su hermano con su actividad, la concentración de su hermano con su "estar en misa y repicando"... su hermano que nunca me dio motivos para enfadarme, por nada, nunca. Ordenado. Cuidadoso con sus cosas. Obediente... Él es todo lo contrario. Pero eso sí, es un espíritu independiente, con ideas propias desde ya, no obedece porque tiene conceptos distintos al mío, tiene prioridades distintas y hace valer su opinión, y la hace valer con determinación, como yo hacía de pequeña. No son niños desobedientes, son niños que tienen ideas claras, que tienen carácter y que tienen afán de mando, y por eso actúan con vehemencia. Yo estoy aprendiendo de él. Y yo le intento educar en las normas sociales, esas que son las que rigen las vidas de la totalidad de las gentes, esas que marcan la conducta general, en donde todo tiene que ser homogéneo y perfecto... pero tengo algo a mi favor, cuide a niños, niños ajenos, y ellos me enseñaron, todos, los cinco, que cada niño es un ente independiente, que tiene sus cíclos, sus ritmos, su carácter, su forma de asimilar conceptos y de aceptarlos...y que ya tengo una edad que me ha demostrado que la vida es una carrera de fondo. Su hermano era perfecto ¿?, sí, para la sociedad, para los que deciden cuáles son las normas a seguir... para mí son perfectos los dos, los dos son felices, están sanos, siguen su vida, luchan (cada uno con su edad y su caracter) por lo que creen y se divierten hasta la carcajada juntos, a pesar de esos dieciséis años de diferencia. Verles juntos me confirma que la vida es una carrera de fondo... no es de velocidad, la vida es larga, mucho, a lo largo de la carrera superaremos obstáculos, entregaremos testigos, salpicaremos charcos, recogeremos botellas de agua que nos refrescará el rostro, caeremos, y nos levantaremos, intentaremos esquivar codazos, zancadillas, veremos como caen otros, si nos paramos a ayudar perderemos nuestro puesto... y yo quiero que mis hijos se detengan, que no les importe perder su puesto, porque cuando ellos caigan también necesitarán que alguién se pare y les tienda la mano. La vida es de quien resiste, no de quien es más veloz, que también; la carrera de fondo no sólo depende de cómo estemos preparados en el entrenamiento, sino de nuestra propia naturaleza, de cómo hayamos superado los reconocimientos médicos pertinentes... Mi hijo mayor llegó, pero sus compañeros, aquellos que iban más rezagueros, también han llegado, cada uno a lo que le ha gustado, todos leen, escriben, calculan... ya no importa quién era el primero, quién tenía mejor nota, ya tienen veintiúno o ventidós años, cada cual encontró la modalidad de atletismo que más le gusta... pero todos se igualaron... Y la vida me enseñó que su hermano, ese pequeño que se cansa cuando tiene que hacer deberes, terminará leyendo, escribiendo, hablando inglés (con más o menos soltura) al igual que todos, aunque ahora sea el del pelotón y los primeros avancen más deprisa... la vida es larga, hay cosas que sí me preocupan; me preocupa su enfermedad, me preocupa su infelicidad, me preocupa que su sueño sea tranquilo, que su risa sea abierta, que se exprese con libertad, aunque tenga que corregirlo, porque la sociedad, esa general que nos marca las formas, no acepta que un niño diga "no quiero" a sus padres, porque eso es "estar maleducado"... no, yo creo que con cuatro años, un niño dice "no quiero" porque expresa el deseo de lo que siente, cuando tenga ocho, o diez, o doce, habrá aprendido que así no se responde a sus padres...somos tan exquisitos que olvidamos que estamos frente a caracteres propios, que deben de ser moldeados, nunca eliminados. Yo me recuerdo a la edad de Alberto, tal vez este alegato sea un poco reinvidicando a la niña que fui, a la que reprendieron, a la que corrigieron, a la que repitieron mil veces "eso no se dice"... me gustan los niños con caracter, porque me recuerdan a mí... Y la vida que es justa, me ha dado un hijo con caracter materno, para equilibrar la "perfección" hecha niñez de su hermano, y recordarme que todos, con un caracter o con otro, llegarán a meta, no importa el lugar, importa llegar, porque esa frase tan hipócrita de "Lo importante es participar" la olvidamos cuando se trata de que nuestro hijo sea el primero... y eso, que lo importante es vivir, desde luego, que yo lo voy a llevar a la práctica en esta ocasión, porque a mí la vida si me ha dado la segunda oportunidad...