8 oct. 2013

LAS HUELLAS DE LA SONRISA... (Reflexiones de una ama de casa)

¡Que malamente le sienta a una mirarse al espejo por la mañana!, sobre todo a una edad en la que las mil dudas femeninas, esas que nos asaltan de vez en cuando, que no reconocemos publicamente y que enmascaramos con la resignación de un santo, nos llevan a darnos cuenta de que nos hacemos mayores.
Adolfo Dominguez, aquel que dijo lo de que la arruga es bella, no creo que tuviera mucha idea de lo que eso supone para una mujer. Yo soy poco de reparar en las mías, tengo que reconocerlo, tengo que admitir que suelo pasar sin pena ni gloria por la ardua tarea de lavarme la cara, me miro poco, realizo el acto de forma tan rutinaria que ni reparo en el nuevo puntito negro que me ha salido, eso sí, cuando ya son muchos y hacen piña me gritan, me apremian y me exigen que limpie a fondo la cara, que lo haga una profesional y la deje cual culito de bebé (¡más quisiéramos!, pero de ilusiones se vive)... Pero esta mañana que estaba yo muy por la labor de enfrascarme con mis tarritos de cremas, esos que no uso nunca y que se ponen con los brazos en jarras cuando paso delante de ellos sin reparar en que existen, los mismos que me susurran "Niña, que estás mayor, ¡ÚSANOS!", esos que son preciosos en su continente y superefectivos en su contenido (o eso dice el anuncio de la tele con una modelo divina de la muerte) he sido consciente, totalmente, de que la arruga no es bella. Se le llaman arrugas de expresión... a mí me da igual, sé que son arrugas de expresión, me importa poco la definición, lo que me molesta es que la expresión se me haya quedado grabada a fuego de tal manera que todo el botox del mundo es inútil para diluir las pruebas de que tengo expresión. Las mías son notables. Muy notables. Van desde el entrecejo, ese que normalmente se frunce, que denota sorpresa, intriga, duda, desprecio, alegría, sonrisa, hasta las patitas de gallo... las que incordían alrededor de los ojos, las que se van extendiendo hasta las sienes, las que cuando sonríes se quedan colocadas en pequeños pliegues alarmantes y guasones, porque te gritan, muy a tu pesar, que la flexibilidad de tu piel ha huido para siempre.
Y entonces, cuando he descubierto  mis ojos rodeados por miles de patitas de gallo, por pliegues profundos y amenazantes, es cuando me he sentido "más mayor"... Luego, como soy vitalista por naturaleza, como suelo sacar buen partido a las adversidades, como suelo reírme de mí misma, me sonreí en el espejo, me lave la cara con un jabón famosísimo que promete hidratar, me he puesto una crema que huele muy bien, que ha sido succionada por mi piel en décimas de segundo, que me ha dejado la cara brillante... pero las patas de gallo seguían estando, supongo que se han hecho inmunes a cremas, porque la edad, lo que tiene, es que sabe cómo manejar a los agentes externos que quieren luchar contra ella. La edad es muy puñetera, que decimos en mi pueblo, pero tiene muchas cosas buenas, incluidas las patas de gallo, simplemente hay que mirar el lado positivo. Las patas de gallo, las arrugas de expresión, las señales del tiempo, son sencillamente la prueba de que has vivido, mucho, bien o mal, más duro o más blando, pero estás ahí, mirándote al espejo, poniéndote una crema con toda la ilusión del mundo, creyéndote a pies juntillas que te difumina las arrugas... Tal vez lo haga, pero yo ya, a estas alturas, he decidido convivir con mis arrugas, dejarlas seguir su curso, no luchar contra ellas, porque a fin de cuentas a mí, en mi carácter, en mis ganas de vivir, de reír, en mis emociones y en mis anhelos, me afectan poco. Tal vez volverán a afectarme mañana, cuando vuelva a mirarme la cara, cuando pase delante de los frascos de cremas, pero me pasará como hoy, me pondré la crema, me haré la ilusión de que las eliminará, me olvidaré de ellas en cuanto salga del campo visual del espejo, volveré a fruncir el ceño, volveré a sonreír, y volveré a reconocer que no tengo arrugas por la edad, sino arrugas de expresión, que queda mucho mejor, es más políticamente correcto y no deprime tanto como ver tus años en dos números de cera colocados en una tarta... Disfrutemos de la arruga, si Adolfo Dominguez dijo que era bella, igual es que sabía de lo que hablaba...