15 oct. 2013

LA MUJER RURAL, EL VALOR DEL MATRIARCADO.... (Por todas ellas)

Hoy se celebra el día de la Mujer Rural. No sé muy bien cómo entender esto, no sé si las mujeres rurales somos distintas, ni sé si las mujeres urbanas, o provinciales, o nacionales reivindicarán un día para ellas. Yo creo que, en el fondo, todas somos mujeres rurales, porque todas somos pueblo, "de" pueblo... unos pueblos más numerosos que otros, pero pueblos al fin y al cabo. La mujer rural. La de pueblo. Las de mis pueblos. Esos pueblos que jalonan el paisaje español, el europero, el mundial... Pero yo, como soy de uno en concreto, me ceñiré a él... a las mujeres de "mis" pueblos, de los dos, o de los muchos, de los comarcales, de los de Montes y Sierra... Montes Orientales, Sierra Mágina, los dos enclaves, granadino uno, jienense otro. Dos provincias repletas de mujeres rurales, las que han hecho camino. Esas mujeres que llenaron sus vidas con un caminar que englosaba a familias enteras, porque cuando la madre fallaba fallaba el núcleo. Los hogares que crecieron porque ellas los hicieron crecer, y vivir. Llenas de ternura y fuerza, de sufrimiento, de soledades y silencios. Mujeres entregadas al cuidado de padres, de hijos, de maridos... de varones, y ejemplo de hembras, de mujeres que venían detrás, pisando fuerte, reclamando un lugar mejor, unos horizontes más abiertos, menos esclavos, más valorados, más iguales. La mujer rural que abandonó su nido y voló por ella misma, lejos de la madre que fue bastón y fue empuje, para colocarse delante de mesas de despacho y dirigir empresas, y enseñar en Universidades, y operar en quirófanos, y regir Ayuntamientos, y reclamar su valía, y a través de ella la de su madre, la de su abuela, la de las mujeres criadas en núcleos pequeños, cerrados, herméticos... lugares que ellas abrieron lentamente, porque eran mujeres rurales, y los vientos comenzaban a soplar, lentamente, a su favor... Y les enseñaron el poder de las raíces, el valor del esfuerzo... aceitunas recogidas, una a una, por manos callosas, manos dulces que mecían cunas y cuidaban arrugas mayores en rostros paternos y maternos.... Mujeres rurales, las de casta, las que hemos aprendido (yo me incluyo) que el poder de decisión es nuestro, nuestro es el mundo, el que nos rodea, nuestros son los hijos, porque cuando la madre se ausenta se ausenta la vida, se sigue ausentando la vida misma, el oxígeno que les hace respirar y las manos que les acarician mientras duermen...
Mis mujeres rurales, esas que llenan calles portando bolsas de compra, que corren para no llegar tarde al colegio, esas que, todavía, se hacen cargo de todo, de ordenar ropas y ordenar vidas, las que siembran el caos cuando desaparecen, brújulas de vidas ajenas, esas vidas que no controlan, pero que vigilan, que cuidan, que miman... Hoy es el día de la Mujer, de la mujer nuestra, la que vemos sentada en un parque, mayor, con sus manos quietas sobre el regazo, las que vemos correr portando libros, las que vemos en pasillos de hospital con la bata movida mientras corren, porque de esa carrera depende una vida... La misma vida que ellas llevarán siempre, las que las ha hecho grandes y merecedoras de Premios, de Títulos, de reconocimientos, de aplausos... Por las de pueblo, por las que lo proclaman, por las que saben que diciendo que son de Huelma, o Montejícar, están llenando su boca y su historia con todos los nombres de las que fueron antes, de las que les dieron sus ojos para ver el mundo, y con ellos el derecho a reivindicar el lugar que siempre tuvieron... Porque digamos lo que digamos, como mi abuela Tita decía, como falte una madre falta el mundo....