16 oct. 2013

¿A QUÉ VENÍA YO?... (Reflexiones de una ama de casa)

Espero no ser la única a la que le pasa esto (sé que no soy la única) más que nada por eso de, "mal de muchos..."(no es políticamente correcto seguir, pero todas sabemos terminar la frase)... Llega un tiempo en que culpamos a la edad, culpamos a esos años que se nos instalaron en la cabeza también, aparte de en las caderas, en la tripa, en los senos y en las arrugas (que ya quedamos en que eran bellas) y, sin sospecharlo, también se han instalado en la memoria... Suele pasar esos días en que estamos haciendo faenas domésticas, o comidas; centradas en cada movimiento manual y perfecto de nuestro laborioso ser. En la cocina es bastante frecuente. Estamos con la paleta, con los cuchillos, con los ajos, miramos la encimera, catalogamos los condimentos, las verduras, y recordamos que nos falta el laurel, seguimos pelando las patatas, pensamos eso de "ahora lo traigo", y al terminar el pelado patatero vamos a la despensa... y es ahí, ¡justo en ese momento! cuando miramos hacia arriba, cuando intentamos recordar qué se nos olvidó, cuando sabemos que estamos allí por algo, pero ... ¿por qué?... ¿A que venía yo?... Yo suelo recurrir a la memoria fotográfica, esa que me hace cerrar los ojos, recorro cada movimiento, repaso mentalmente el pelado de las patatas, el vistazo a la encimera; moví el contenido de la cacerola con una paleta, faltaba algo, miré la tele, daban un programa de cotilleo, me entretuve con la boda de Fran Rivera y sus chisteras... Supe que anda medio peleado con su hermano "Paquirrín", volví a mirar la cacerola... estoy en la despensa, ¿a qué venía yo?... Vuelvo a salir, vuelvo a mover el guiso con la paleta, miro en el interior de la cacerola... No falta nada... Habré tenido un lapsus... La tele sigue puesta, me interesa sobremanera la batalla entre Sonia Monroy y Yola Berrocal, me sorprende que esta última sea capaz de andar derecha por las dos poderosas razones que, ahora mismo, los señores están pensando... Reviso la comida, no falta nada... Salgo al patio, pongo una lavadora, recojo algunos utensilios de limpieza, y veo el amoníaco... ¡ el laurel !...
No me pregunten cómo, ni por qué, ni se pregunten que tiene que ver el amoníaco con el laurel, no lo sé, nadie lo sabe... sencillamente la memoria es así, cuando menos lo esperas te recuerda que hiciste una visita justificada a la despensa, que volviste con las manos vacías, incapaz de recordar qué fuiste a buscar... Y lo mismo nos pasa, infinidad de veces, cuando vamos a comprar... Y es que, la memoria falla, culpamos a la edad... puede que sea eso, no lo sé, yo sólo sé que también me pasaba hace veinte años, cuando tenía las gafas puestas y las buscaba como loca por toda la casa, o cuando buscaba el paquete de pañales de Martín y los tenía cogidos...
La mente es extraña, va por su lado en ocasiones, yo creo que lo hace a posta, para despistarnos, para hacernos ver que, algún día, puede abandonar su capacidad para recordar, y nos va dando pequeñas pinceladas, para hacernos sentir culpables por decir eso de, "que mala memoria tiene" cuando nos referimos a nuestras madres, que se quejan de lo mismo que nosotras, pero con veinticinco años más... ¡que ya es gana de quejarse!... Y esta entrada de blog, este texto, viene a cuento de que, esta noche, hace escasos diez minutos, cuando pensé que iba a ordenar la ropa planchada, al entrar en el dormitorio, a pesar de ver la ropa, primorosamente colocada en la banqueta, yo me pregunté "¿A qué venía yo?"... y como ya lo recordé, sólo desear que estos lapsus nos sigan acompañando, porque eso nos hace ver que somos humanos, que tenemos fallos, que tenemos otras cosas importantes en la cabeza y que terminaremos recordando a lo que veníamos...