22 oct. 2013

SE RUEGA SILENCIO... (Reflexiones de una parlanchina)

Yo creo que lo que nos ocurre es que no tenemos consciencia de lo que hacemos...lo digo pidiendo perdón por las veces que lo hice yo. Cuando lo miras desde fuera, cuando tomas distancia, cuando observas y eres capaz de asumir,
es cuando, muy bajito, mentalmente, para que nadie te escuche, entonas el "mea culpa".... Les hablo de las consultas médicas, de los hospitales, de los espacios que llenamos de gritos, voces elevadas, risas, carcajadas, comentarios... Olvidamos en dónde estamos, nos quejamos cuando algún médico, un poco hasta las narices, asoma por la puerta y nos llama al orden...¡¡ cómo se atreve !!... ¡¡ llamar al orden a personas maduras y adultas y responsables y educadas !!... Pués sí, yo fui consciente hoy... Porque cuando acudimos a las consultas acompañadas de amigas, cuando nos encontramos en plena "capital" con conocidas, cuando hay un grupo que habla en comunidad de un tema en el que podemos meter baza, olvidamos que estamos en la sala de espera de un hospital, de un ambulatorio, que detrás de las puertas que vemos hay gente que está trabajando, que quizás estén dando una mala noticia mientras nuestras carcajdas llegan nítidas y puras, porque estamos comentando la operación de estética de Belén Esteban... Y hoy me pasó a mí. Me pasó porque yo hoy tenía cita médica, rutinaria, de esas femeninas que nos aglutinan a todas en torno a una puerta, esperando que se diga nuestro nombre, que escuchamos de milagro, porque cuando la enfermera se asoma y dice un nombre tiene que gritarlo, porque si no grita no hay manera de que se la escuche, porque seguimos con la interesante vida de la Esteban, y porque llevamos dos conversaciones a la vez... Yo hoy fui sola. Llevaba los folios de mi nueva novela, iba a tener mucho tiempo para sentarme en un banco, en una cafetería, en el ambulatorio, y decidí aprovechar y releer sobre papel. Llegué a la sala de espera, no había sillones libres, me apoyé en la pared, y saqué mis folios para seguir leyendo...o esa era mi intención. Me ví rodeada de una jauría de féminas parlanchinas, como lo soy yo, que se contaban las desdichas propias y ajenas a voz en cuello, eran paisanas, de un pueblo determinado, todas, se ve que hoy tocaba a su localidad, yo era la nota discordante, pero si hubiera sido de esta localidad me hubiera inflado de información "fiel y digna" con distintas versiones, sobre los habitantes del pueblo, los ausentes, naturalmente... Y yo no podía leer, no podía porque el griterío era ensordecedor. Miré un posters, ese que todos conocemos, que aparece una guapa enfermera, con su gorrito mono y su dedo en los labios en señal de silencio, y que, para que no quepan dudas, lo aclara con la frase, educada y corta de "Se ruega silencio" y para dar más fuerza a la petición, abajo, a pie de foto te recuerdan tu ubicación en esos momentos "Está usted en un hospital".... ¡¡ Cómo quien oye llover !!... Reconozco que sentí vergüenza, propia primero, por haber sido yo la que, en muchas ocasiones, habré elevado la voz por encima de los decibélios lícitos y lógicos, y ajena porque, desde mi soledad y mi distancia veía como nos pasamos la petición, educada, por el forro... Y claro, las críticas vienen cuando una enfermera, asomada a una puerta, nos solicita que bajemos el tono... Y entonces, sin saber por qué, pensé en lo injustos que somos... O lo mal educados, a una edad en que ya hemos educado a hijos, algunas a nietos, en que hemos vivido momentos duros quizás, sentadas en sillones de hospital, en los cuales nos molestaban las risas ajenas... Olvidamos porque somos humanos, y tenemos la capacidad tremenda de no empatizar a veces con los demás...mala capacidad que nos invade cuando creemos que se nos está tachando de lo que no somos por unas simples palabras... ¡¡Pues sí!!, somos mal educados a veces, olvidamos dónde estamos, olvidamos que algunas personas necesitan silencio para desarrollar su trabajo, otras para que se les comunique una noticia que puede no ser agradable... Y cuando terminé mi cita médica, cuando salí por la puerta con mis folios guardados en el bolso, al cruzarme con una señora que lloraba pensé, con mucha vergüenza propia y ajena, que la generosidad nos abandona en las ocasiones en que debería de ser patente e innata... Buenas tardes, y recuerden, en algunos lugares "Se ruega silencio"... porque puede que nosotros, en algún momento lo necesitemos...

APRENDE TÚ A EXTRAÑARME... (Poesía)

Quiero que extrañes mi ojos cerrados,
mis manos tranquilas y mi voz callada,
mi intención es que sueñes que me pierdes,
que tu miedo no te deje tener esperanza;
deseo que extrañes mi presencia en tu vida,
que desees morir cuando llega la noche,
cuando mi ausencia te sea insoportable,
cuando extrañes mi cuerpo y grites mi nombre.

Extrañar mis palabras sembradas
de ternuras que morían en tus labios,
mis manos que rozaban la luna de tus ojos,
mis pies que te guiaban detrás de mis pasos;
que me extrañes tanto que el dolor te invada,
y aulles en las noches, mirando hacia la luna,
que cuentes las estrellas, que me busques en ellas,
y que pierdas el rumbo y sientas que ninguna
me acoge ni me guarda, que me perdiste para siempre,
que no tienes mis risas, aquellas que llenaban
de luz tus negros días y de calma tu frente.

Deseo que la locura recorra tu memoria,
que los recuerdos griten mi nombre y no consigas
serenar tu demencia, apaciguar tus dudas,
y me pienses besando una boca perdida,
la boca que no es tuya, el cuerpo que es ajeno,
pero que me posee y que te arranca el alma;
deseo que naufragues entre olas de celos,
que te ahogues en llanto, que sepas que perdiste
que como yo jamás te amará ya ninguna.

Extrañarás mis risas...extrañarás mis ojos,
seguirás con tu vida miserable y perdida,
echándome de menos, llorando mi memoria,
escondiendote a solas para irte al pasado,
para hacer que regrese mientras golpeas tu imagen,
y te recuerdes bebiéndo de mi cáliz sagrado;
tus cinco sentidos me llevaré conmigo,
habrás perdido todo, te dejaré sin nada,
haré leña del árbol caído,
aprendí bien de ti la maldad consumada;
aprendí a odiar tanto, que ahora ensayo contigo,
que ahora gano la guerra que tú me declaraste,
ahora escucho tus ruegos, ahora ya yo no cedo,
comprendí que gané; aprende tú a extrañarme.-