30 oct. 2013

YO ERA GUERRERA... (Recuerdos de una niña rebelde).

A colación de un comentario con una amiga, sobre aquellos juegos masculinos, sin saber por qué, me trasladé a mi infancia, a esa que la mayoría recordamos de forma nostálgica, que está llena de momentos, de rostros familiares, de olores entrañables, de recuerdos que se quedaron en nuestro corazón de niños, ese que nunca creció, que se quedó infantil siempre. Yo recuerdo que era una niña guerrera, de esas rebeldes, de esas que contraatacan, de las que imponía sus criterios, y además, para que negarlo, hacía valer mi dulzura cuando la situación se me escapaba a la fuerza. Un día recordaba mi querido Miguel, mi primo del alma, las situaciones que le hice vivir, cuando la edad traumática de la infancia no dejaba resquicio para la lógica. Yo era de las de "Conmigo o contra mí", cuando algo iba mal y veía que no podía con lo que se planeaba lanzaba mi llanto desconsolado, esas lágrimas sentidas que nacían en un plis plas, mi tío o mi padre asomaban serios su rostro por la puerta, preguntaban el motivo del llanto, yo, con ese dedito acusador inocente y maquiavélico, señalaba a Miguel, él, ¡pobre!, negaba hasta la saciedad, pero la reprimenda no se la quitaba nadie, de vez en cuando un pescozón de aquellos de "a la proxima que la niña llore será peor" y mi sonrisita triunfal, eso sí, cuando los adultos habían abandonado el espacio desde el que podrían descubrirme. Mi primo me lanzaba la mirada asesina que no asesinaba, y yo, para rematar y terminar con la discusión, ejercía mi derecho, le daba otro pescozón y me quedaba feliz y contenta... ¡¡La crueldad infantil!!... O la fuerza del sexo débil... Una de dos... Yo ganaba a las canicas, al quema, al aro; yo decidía a qué se jugaba, cuándo y cómo, ponía las normas, las hacía cumplir a los demás, y para mí firmaba una especie de bula invisible que me salvaba de guardar turno, de pedir la vez y de irme a la "cárcel" en el juego de La Oca... ¡¡un ejemplar!!... Claro que, con el tiempo, la niña comprende que le tiene cierto cariño a esas personas a las que, de vez en cuando, obsequia con su dictadura, y decide que es el momento de ceder... Y cede, y llegan los deberes escolares, algo más serios que el juego de La Oca, y entonces, yo, que en el fondo era buena, decido contrarestar los pescozones ayudando un poco...o un mucho... Me convertí en la "escribana" de mi pobre primo (ya no tan pobre), le dejaba copiar, le chivaba en algún exámen, le hacía algunos trabajos, ocultaba algunas notas que no eran de todo deseables...y expié mi culpa...
Ahora, cuando ya somos maduros, cuando han quedado atrás los años infantiles, cuando recordamos, nos centramos más en la juventud, ahora ya, repasando historias y momentos, me encuentro con que fui obediente, con que superé el afán de dominio, con que mi primo siguió a mi lado, aconsejando, escuchando, sosteniendo, y yo a él, al chico que aguantaba los pescozones porque me dedito le señalaba, al que copiaba mis tareas y escuchaba mis susurros en pleno examen, al que me advertía sobre chicos porque yo no tenía ni idea de cómo se movían sus hormonas. Y ahora, todavía, cuando recuerda el dedito y el pescozón, me recuerda que todavía siente un escalofrío cuando le señalo con un dedo, que el trauma no lo ha superado, que me tiene "miedo", y nos reímos... Porque las chicas, esas niñas dulces, con lacitos, con calcetines, las que sabíamos usar el llanto y la dulzura de una mirada cuando tocaba, hemos crecido, ya hemos pasado por el tacón de aguja, por la minifalda, por el pantalón pitillo, y ahora vestimos como nos gusta, como estamos cómodas, hemos superado el límite de ser guerreras para ser apacibles maduras, que vivieron una época llena de cambios, que pasaron de la timidez aprendida a encarar la vida de frente, que hemos educado, que hemos visto como nuestras hijas también usaban nuestras armas, como nuestros hijos eran diana de deditos infantiles de niñas dulces... hemos sido "cocineras antes que frailes", y hemos aprendido a seguir guerreando para conseguir nuestro lugar... Yo era guerrera...sigo siéndolo, pero ya, ahora, sé que la mejor forma de luchar es usar el dedo para rozar un rostro, usar el llanto para desahogar el alma... y seguir ayudando en las tareas y "soplando" las respuestas correctas en los exámenes...