7 nov. 2013

LA HUELLA DE TUS PASOS... (Poesía a mi abuelo Jacinto. 1983)

Acompañabas la huella de mis pasos con los tuyos,
mi mano entre las tuyas, mi risa en tus palabras,
la ilusión de mis ojos, tu paciencia infinita,
mis preguntas de niña, tus respuestas con alma.
Hacías de mi mundo un espacio perfecto,
rodeabas mis días de cuentos inventados;
recorrido de vida, la que hiciste inmensa,
la que fuiste llenando de besos y cuidados.

Los caminos andados, aferrada a tu mano,
mi manita infantil tan pequeña en las tuyas,
las manos trabajadas, con arrugas y callos,
las manos tan hermosas que tocaban mi cara
y cuidaban mis años.

Te has ido de mi vida, te despediste triste,
me miraste un momento y supe que marchabas,
y mi niñez lloraba, mi juventud gritaba,
de ira, de impotencia, de tristeza y de rabia. 
Me dejaste sola y te necesitaba,
para escuchar tu voz, y decirme tranquilo
que todo estaba bien, que no pasaba nada,
meciéndome en tus brazos, besándome el oído.

Los abuelos benditos que nos llenan de vida,
que nos regalan mundos imaginarios siempre,
que nos llenan de recuerdos, que se alejan cansados,
que las penas les hunden cuando saben que parten
y que dejan al nieto a merced de su suerte.

Mi abuelo, tan querido, que se me fue en la noche,
en la fría madrugada y en el cantar de un río,
en la vereda verde, en el camino angosto,
entre las rocas frías de este otoño perdido.
Y me ha dejado muda. Ya no tengo mi cuento,
ya no tengo la voz que me cantaba bajo,
que me decía que era la princesa dormida,
la muñeca de rojo, la que perdió el zapato.
Ya no me peinará aquella larga trenza,
ni sus dedos tocarán mis ojos cuando llore,
ni me dirá "¡que tierna que es mi niña!",
ni jugará a mis cromos, ni voceará mi nombre.