12 nov. 2013

"MIL TE HICE, TE FALLÉ EN UNA, NO TE HICE NINGUNA".... (La verdad de los refranes).

Decía mi abuela que "mujer refranera, mujer puñetera"... ella era de refranes, así que me voy a evitar el resto del comentario. Yo también soy refranera, y también me voy a evitar el resto... Mi abuela, cuando yo le llegaba con quejas, de esas que las niñas acumulamos de forma gigantesca (no me dejan jugar, yo me porto bien con ellas, le presté mis muñecas, le dejé la pelota, ahora no me la dan, yo estuve cuando estuvo sola, ahora no me busca....) me solía decir que la vida me enseñaría... no me concretaba el qué, pero yo, con mis cortos años, suponía que sería algo, y esperaba aquella enseñanza... Con el tiempo vas descubriendo que, efectivamente, la vida te enseña. Hay personas que son dadas a ayudar, dadas a creer que tienen que hacerlo, personas convencidas de que tienen que hacerlo. Ayudar a los demás ayuda a uno mismo. El que ayuda siempre piensa que, en algún momento, él puede verse en la misma situación. A esto se le llama ponerse en la piel ajena, o más modernamente, tener empatía... Pues sí, somos humanos, pensamos que las ayudas serán recíprocas... hasta que, como decía mi abuela, la vida te enseña. Te va dando golpecitos, de esos en la nuca, cachetitos para que espabiles, para hacerte egoista, (y eso que nunca lo fuiste), te va susurrando que aprendas del interés. Pero no, hay quien sigue siendo desinteresado...
Todo esto viene por un enlace, de esos profundos y lapidarios, que una amiga puso en su muro. De esas veces que, por algún motivo, no pudiste ayudar, no pudiste hacer ningun favor, no pudiste tender una mano. Y de repente, como por arte de magia, te das cuenta de que olvidaron todo lo anterior. Olvidaron las veces que sí estuviste, las manos tendidas, los momentos entregados... fallaste en una, sólo una vez, pero esa vez, esa única vez, borra todo lo que hasta ahora hiciste. Y eso crea ansiedad. La ansiedad que da la tristeza. La tristeza que da el olvido. El olvido que crea (de nuevo) la ansiedad. Y la persona desinteresada comienza a cuestionarse, la persona generosa se muerde los labios, cierra los ojos y recuerda, recuerda todo lo que la otra parte olvidó.... Mil te hice... Pero no importan las mil veces que estuviste, importa la única vez que no has estado... No te hice ninguna... Bastó una situación que no pudiste entregar, la mano que, en esa situación no pudiste tender, nadie preguntará tus motivos, simplemente no hiciste ninguna... Todo lo anterior se borra.... Los humanos somos muy proclives a olvidar lo que no nos interesa recordar, somos egoistas en nuestro fondo, excusamos mal, perdonamos peor, entendemos mal la empatía, somos soberbios, creemos que quien ayudó una vez tiene la obligación de hacerlo siempre, le otorgamos el título de "esclavo a tiempo total", nos convertimos en los poderosos amos de las manos que se nos tienden, y damos por hecho que tienen que estar siempre...
Que sabía era mi abuela, aunque fuera refranera, y por tanto puñe... y sí, tenía razón, la vida, la misma que me dio golpecitos en la nuca, cachetitos con advertencias, un buen día te da la "gran patada" y te despierta de golpe, y te enseña de golpe, porque se dio cuenta, (la vida es también sabia) que no aprendiste nada de los golpecitos y los susurros, y es hora de despertarte con una colleja que te dé dar dos pasos al frente, trastabillando y a punto de caerte... pero eso sí, si no te caes... ¡¡espabila...!!