13 nov. 2013

"POR LA MUJER ENTRÓ EL MAL EN EL MUNDO" (Rm. 5,12).... (Reflexiones de una mujer).

Una servidora creía haberlo leído todo, desde San Pablo de Tarso a Santo Tomás de Aquino, que nos obsequiaron con frases tan "hermosas" como la que da título a esta entrada. Yo los excusaba, eran otros tiempos, las ideas eran así de misóginas, la mujer era un ser inferior, era un apéndice de lo masculino, fue creada de una costilla, por lo tanto era propiedad del varón... era un cero a la izquierda. A lo largo de mis años me congratulaba  comprobar como íbamos avanzando, como la mujer era requerida por esa Iglesia que ella sustentaba, porque no nos equivoquemos, a la Iglesia la sustentan los brazos poderosos de mujeres, de esas que enseñan oraciones en la cama a niños pequeños, de esas que rezan rosarios eternos en Iglesias heladas, de esas que limpian altares y colocan flores, de esas que asisten diariamente a misa, que planean mercadillos, que comparten su tiempo con enfermos, de esas que dan Comunión ayudando al cura de turno porque les está prohibido "cantar" misa... La Iglesia es femenina, se mire por donde se mire, desde que María Madre de Jesús decidió decir que SÍ, que ofrecía su útero, ese que era objeto de desprecio por los varones, para albergar al Hijo de Dios. La Iglesia es femenina desde que María, hija de Joaquín y de Ana, decidió decir que SÍ, que era la Esclava del Señor, y que se hiciera en Ella según su Palabra... Y se hizo... Se la utilizó para dar a luz al mismísimo Hijo de Dios, y luego se la relegó a su papel de esposa de un carpintero, madre de un hombre que estaba llamado a dividir la historia fuera o no fuera cierto que era el Elegido, el Prometido, el Esperado... Pero bueno, aquello eran otros tiempos, y yo seguía congratulándome de que se hubieran superado, de que las mentes masculinas, con la llegada del Papa Francisco, hubieran respirado un poco de aire fresco, como frescos son los rostros de niñas educadas en la férrea religión católica ( y sé de lo que hablo ), fresco aire que debería de barrer las antiguas creencias, que nos daría una posibilidad igualitaria, María Magdalena, Marta y María, la Samaritana... las santas quemadas en las hogueras, las que perdieron ojos, las que fueron inmoladas por creer en ese Dios que hizo esclava de su Palabra a María... ¡¡ Pues no !!... De repente aparece el señor Arzobispo de Granada, y lanza un libro, lo lanza al aire, no lo edita, no lo publica, lo lanza como un ladrillo a la cabeza de las mujeres, esas que llenan iglesias y que cantan en Procesiones, las que han llorado amargamente hasta conseguir cargar con un Paso de Semana Santa, las que han estado marginadas en Hermandades, las que, ocultas tras la celosía del Confesionario desgranaban malos tratos, malos modos, violaciones maritales, infidelidades fuera de la Ley de Dios, y recibían a cambio esas palabras tan consoladoras "Hija mía, es lo que te ha tocado, tienes que volver con tu marido, porque es una unión consagrada ante Dios"... pues contra la cabeza de todas ellas este buen señor (ejem, ejem) ha lanzado su libro "Cásate y sé sumisa", ¡con un par...!, y de repente me encuentro con que nada ha cambiado, con que todo es igual, con la voz de aquel sacerdote que nos decía, en aquellos ejercicios espirituales que yo tanto me cuestionaba, que seguimos pecando cuando lucimos un bikini, porque alentamos la libido masculina, porque despertamos su bestia, porque pecamos contra nosotras mismas, nos robamos el propio respeto... ¿Respeto?. ¿Qué respeto?... ¿El que el buen señor Arzobispo nos ha otorgado en su libro?... Soy creyente, fui educada en la Fe, cumplí con sus normas, cumplí con sus Mandamientos, me gané el respeto que merezco como persona, no tolero que un señor, que un hombre, hable de mi género de la forma denigrante con la que lo hace, no deseo que mis iguales, que mi género vuelva a ser señalado como el mal que azota al mundo, no voy a quedarme callada, por muy creyente que sea, cuando desde la cúpula eclesial en este país se nos degrada y se nos insulta, y se nos manipula y se nos ordena... Somos mujeres, somos personas, somos iguales... Nos lo hemos ganado, nos hemos ganado la libertad de decisión, en todos los campos, incluidos el personal y ¡por supuesto! el sexual, no queremos ser violadas en camas legítimas, no queremos ser sumisas, queremos ser personas con libre albedrío, como lo son ellos... Pero, claro, este señor qué va a saber, si vive metido en un mundo machista, masculino, masculinizado, al margen del sentimiento de una mujer, al margen de sus necesidades y sus deseos... Señores míos, nos hemos cansado, ya se nos insultó bastante, con permiso o sin él, yo, por mi parte, no me casé para ser sumisa, me casé para compartir con mi compañero el amor, la vida, las emociones y la libertad... No se quejen de estar quedándose solos... Y ahora, si siguiera las directrices del señor Obispo, debería entrar en mi caverna, esperar al cazador que salió en busca de mamut, sonreír mientras me arrastra por el pelo y asumir que es el estado perfecto...

Ya deberían de corregir algunas cartas muy mal redactadas, por la mujer no entró el mal en el mundo, señores, las mujeres damos vida, parimos, parimos a hombres y a mujeres, somos generosas, somos empáticas, somos sufridoras, bueno está que carguemos con aquellas frases, no nos hagan cargar también con estas, actuales, cuando demostrado está la valía y el valor femenino... Somos la fuente de la vida, trátennos como iguales, nos lo hemos ganado a pulso, no se nos ocurriría publicar un libro que dijera "Cásate y sé sumiso"... Respétennos, nosotras les damos el aire, la primera comida y el primer beso, sólo por eso merecemos el máximo respeto... Por cierto ¿estos señores han pensado en esto del primer beso y la primera leche venida de mujer cuando admiten esto?--- No sé, no sé...