24 nov. 2013

LAS PALABRAS INDECENTES....(Reflexiones de una mujer).

Ayer fue día de conversaciones, de diálogos entretejidos, unos por la red, otros por teléfono, otros por whatsapp, y en todos ellos, sobre todo con tres varones, salió el tema de lo correcto y de lo incorrecto. Yo les contaba un espectáculo que presencié el viernes, un espectáculo que nos regaló el dúo "XL", dos mujeres jóvenes, rompedoras, que fue una reivindicación femenina de lo nuestro, de lo propio, del campo que nos pertenece, una denuncia clara de las modas que nos invaden, que nos hacen esclavas del consumismo y de la estética... y un reclamar la parte sexual que, a las mujeres, les estuvo negada durante mucho tiempo. Me sorprendió mucho el escándalo, ese que se oye entre murmullos y susurros, ese de "¡que barbaridad!", al escuchar una palabra, recogida por supuesto en el diccionario de la RAE, una palabra que todas hemos usado en alguna ocasión, aunque haya sido para describir el gesto de una persona. Me sorprendió porque (¡pura casualidad!), yo soy de la "malafollá" granaina, y que ante la palabra follar las mujeres se solivianten me hace gracia, me deja la duda del avance, me deja un poco sonriente, porque descubro que somos esclavos de la malsonancia, cuando en realidad es una palabra llena de connotaciones, una palabra que usamos en muchas frases, comenzando, como ya dije, por el vocablo con que se nos define a los granainos, y nadie se sorprende por ello. Hablando con Antonio Villegas comentábamos la decencia malentendida, esa que se sustenta en frases perfectas, que suenan bien, en posturas dignas de elogios, en no salirse del tiesto. Emilio me confirmó que en realidad no se ha avanzado tanto, y cuando las mujeres rurales llegamos a una edad, nos seguimos amoldando al patrón materno de antaño, cosa que yo ya estoy comprobando (por desgracia). Yo les hablaba del escándalo que podría suponer leer esa palabra en muchas frases, escrita por una de ellas, por una mujer que se supone decente, ¿y qué?... Nos guste o no, nos escandalice o no, hay palabras que encierran actos que hacemos todas, que disfrutamos, que gozamos, que buscamos, pero que ¡oh, contradicción!, nos escandalizan cuando se mencionan. No debería de ser así, el español es rico en palabras, los españoles somos dados a palabras llanas y simples, exclamaciones sexuales y sexuadas para describir un estado de ánimo, una situación límite, recurrimos a los órganos genitales de ambos sexos para sorprendernos, asustarnos, sonreírnos, alegrarnos, entristecernos, y sobre todo para gozarnos. Entonces ¿por qué en algunos ámbitos, a algunas edades que se supone superado el trauma de escucharlas, nos seguimos escandalizando? ¿Por qué no conseguimos leer entre líneas, escuchar entre sonidos, ver entre gestos? ¿Por qué, las mujeres, no conseguimos superar esa línea invisible de lo permitido? ¿Por qué a un hombre se le permite, y hasta nos hace sonreír, que diga palabras
(en el fondo "nos ponen") incorrectas, prohibidas, censurables y a la mujer se nos tacha de malhablada cuando las decimos o cuando las escribimos?.... El espectáculo del viernes fue valiente, fue innovador, con o sin palabras malsonantes, que para mí no lo eran, porque de lo que se trataba era de reivindicar un placer propio, unas necesidades propias, un deseo propio, y lo queramos o no, el acto que se desea, que se disfruta y que se convierte en goce y disfrute de los sentidos tiene un nombre. Por muy descarado que parezca, decir "las mujeres deseamos que nos hagan el amor" no deja de ser una cursilada, porque, a estas alturas de la vida, a esta edad en que ya todo está visto, vivido y disfrutado (o no) hay expresiones mucho más directas, mucho más reales, mucho más exigentes y mucho más claras, y yo, con permiso, ya estoy en esa edad de reclamar, como las chicas del espectáculo "XL", mi sitio, mi tiempo y mis deseos. Porque creo que, después de toda una vida, después de mucho luchar, de mucho trabajar, de mucho ofrecer, de mucho entregar y de mucho dar, es hora de que sienta por y para mí, de que reclame lo que mi naturaleza desea y de que lo disfrute, y ya, desde luego, que no me asusto de las palabras, ya que con las palabras juego, las comprendo, las coloco en el contexto justo, les doy el valor que tienen y, después de todo, en algún momento, esas personas que se escandalizan por un "follar" rematan una conversación con un "¡que malafollá tienes!" y se quedan tan anchas...
Como les decía ayer a tres varones muy importantes para mí, temblando estoy cuando se lea mi novela, cuando se vea mi rostro escribiendo, o se le ponga mi cara a la señora que habla, que actúa, que pide y que reclama, porque hasta que no comprendamos que el lenguaje es el que es, el que usamos en la intimidad, el que necesitamos en algunos momentos, el que permitimos y compartimos, el que nos brota de los labios porque la mente lo piensa, hasta que desliguemos la decencia de la oratoria y comprendamos que hay palabras que no son insultos, que no son indecentes, ni amorales, ni prohibidas, hasta entonces, nos seguiremos escandalizando de que haya mujeres valientes que dicen "al pan pan y al vino vino" que es un refrán muy claro, con palabras permitidas pero que encierra lo que otras menos permitidas reclaman....
Y reconozcamos que es peor decir "Subnormal" para insultar a una persona, que decir "Follar" para describir un acto físico... ¿O no?...