7 dic. 2013

IR A CONTRACORRIENTE... (Reflexiones de una inconformista)

Sabíamos que llegaba la Navidad porque mi abuela Tita y mi madre se ponían en la ardua tarea de elaborar los mantecados caseros, los que luego, en grandes canastas o barreños cubiertos con un mantel de tela, limpísimo, recién recuperado de cajones que no se abrían hasta Navidad, de pequeñas arcas o baúles entrañables, cargaban hasta el horno, y una vez cocidos nos hacían participar al resto de la magia de envolverlos en papel blanco con flequitos después de rebozarlos en azúcar glass... La liturgia familiar, en la que yo era la única niña, la única niña que comprendía que aquello, envolver mantecados junto a mi abuelo, escuchar en su voz "Los celos de San José", aquel villancico centenario, que fue transmitido de padres a hijos, que fue repartido entre compañeros de trabajo, en cortijos y en casas con olor a leña quemada, a matanza, a matecados, aquel villancico que llenó de sonidos familiares mi infancia y mis recuerdos, aquello era la Navidad. Y yo las disfruté sola, cuando pudo hacerlo mi hermana yo ya me había instalado en la edad de la rebeldía adolescente; ya me gustaba menos envolver mantecados, y además, como un complot silencioso y malintencionado, las pequeñas tiendas del pueblo comenzaron a llenarse de mantecados industriales, eso sí, siempre bajo la coletilla "son caseros", pero yo sabía que no, yo sabía que los mantecados caseros eran los que las manos de mi abuela confeccionaban y mi abuelo envolvía primorosamente mientras me cantaba...
Ahora, con el puente de la Constitución (antes Puente de la Inmaculada) se da el pistoletazo de salida para la Navidad... Ahora ya casi nunca viene con nieve, y los mantecados se compran antes, envueltos en papeles brillantes y herméticos, ahora ya los niños juegan con el móvil o con la consola, los abuelos no tienen que envolver mantecados, y las abuelas piden hora en la "pelu" para estar guapas el día de Nochebuena... Ya no son abuelas de rodete y vestidos sobrios. Las abuelas de ahora son mujeres jóvenes, mujeres que se van a bailar con el abuelo, que se compran unos vestidos llamativos y sugerentes. Los abuelos hacen footing, visten ropa de marca y acuden a bailes de salón... Y todo eso me gusta... me gusta mucho... señal de que hemos avanzado un mundo, porque en aquellas navidades mías ni siquiera las madres hacían todo eso... Y me sigue gustando... Pero echo de menos los mantecados caseros, y el villancico de mi abuelo, echo de menos los preparativos sencillos, de pueblo pequeño, las nevadas impresionantes y el olor a leña quemada... Y es que, creo, me estoy instalando en la edad de la nostalgia, de esa que sabe que cualquier avance es mejor, que todo se ha ido puliendo hasta dejarnos como un anuncio de felicidad... y no...
Se acerca la Navidad, nos tiraremos a la calle, porque ese es otro "avance" de nuestra sociedad, invadiremos grandes almacenes, tiendas miles, cargaremos con bolsas y regalos, nos haremos mil preguntas sobre qué regalar... haremos cola para conseguir los langostinos, para comprar los dulces y para encargar la carne... nos quejaremos de la cantidad de gente que hay por doquier, miraremos el alumbrado, criticaremos que está demasiado flojo, que no se colocó bien... nos quejaremos de nuevo por lo caro que está todo...hablaremos de crisis, nos la pasaremos por el forro, olvidaremos a los que verdaderamente tienen motivos para odiar la Navidad, recordar a los desfavorecidos tocará en Nochebuena, cuando por un momento un raro halo de generosidad pase fugazmente por nuestra mente... mientras sacamos la cartera y pasamos la tarjeta no nos acordamos, somos abducidos por un extraño poder para olvidar lo que hay a nuestro alrededor...
¡¡ Pues sí !!... lo adivinaron... a mí, con perdón, no me gusta la Navidad... creo, sinceramente, que es la época más hipócrita del año, la más atea, con perdón, la más manipulada, la que se perdió hace muchos años y hemos creado un Vellocino de Oro para sustituirla, de oro justamente, porque hemos hecho de la Navidad el tren perfecto para destruir a nuestro hígado, para desequilibrar la economía, y encima hemos aprendido frases como "¡A ver, qué vamos a hacer!", y con esa excusa tan bananera seguimos en la espiral de "Mira como beben los peces en el río..."...
Pues sí... sintiéndolo mucho, a mí no me gusta ésta Navidad...