25 dic. 2013

EL DIA DE DESPUES.... (Reflexiones de una mamá)

Esta mañana jaquecosa (por no llamarla resacosa, que queda muy mal), en la que despiertas por los grititos animados y animosos de un infante, inocente él, que no bebió, que no se "atiborró" de viandas varias, que no cantó a voz en cuello lo de "Pero mira cómo beben los peces en el río...", que se quedó dormido plácidamente a una deshora prudencial, y que, como está mandado, despierta después de la llegada de Papá Noél reclamando probar todos los juguetes que el buen anciano le trajo la noche anterior. La legaña la tienes todavía persistente, negándose a tus órdenes de dejarte abrir los párpados, te estalla la cabeza, repites para tus adentros eso de "¡si ya lo sabía yo!", y te levantas como si la noche anterior, en lugar de haber celebrado la Nochebuena hubieras participado en la Maratón de New York City... es decir, hecha un auténtico desastre, una masa indescriptible de pelo alborotado, las ojeras persistentes, la voz cazallera, de esa que denota una ingesta indecente de licores, vinitos y algún combinado un poco cargado. Pero te levantas, y consigues llegar al salón, y descubres horrorizada que, en cuestión de minutos, el infante de la casa, el inocente y primoroso niño que daba grititos por el pasillo y te ha servido de despertador, ha sido capaz en un tiempo record de desembalar todos los juguetes que trajo Santa, y que todos, absolutamente todos, están mezclados en una combinación de medios de locomoción terrestre encima de una alfombra, pendientes de que tú, una mamá al uso, de esas que sonríen ante un Nenuco, que visten primorosamente a una Barbie, se decida a hincar la rodilla en tierra y acople, uno tras otro, railes, carreteras, encaje pistas, engarce vagones con maquinarias, coloque metas, sepa en qué clavija entra el coche rojo, sepa manejar un destornillador y coloque pilas por doquier; esas pilas que serán las encargadas de destruirte el poco tímpano que te queda, porque lo que tienen los medios de locomoción es que hacen ruido. El caminón de bomberos tiene sirena, el tren tiene campana, los coches de carreras, como su nombre indica, tienen ruidos de coches de carreras, esto es, motores listos para correr las 24 horas de Le Mans, que rugen y que amenazan con hacerte llorar de la impotencia... A todo esto, en un rincón que no habías descubierto, aparece una granja... los restos de una granja, ves un cerdo boca arriba, la vaca que te sonríe y te dice entre mugidos "Es el precio de la Nochebuenaaaaa"... y tú suspiras desolada, porque encima de la mesa del salón un Cocodrilo que traga bolas ha dejado escapar por el suelo las bolas que no se ha tragado... ¡Pues sí!... Papá Noél pasó anoche... lo acabas de descubrir... Y te acuerdas, de pasada, pero muy intensamente, de los titos, de las abuelas, de esas personas generosas que deciden abastecer a Papá Noél con juguetes que traen instrucciones en alemán, chino, inglés...y que olvidaron el español, porque ellos, con su buena fe, han olvidado estas mañanas del Día de Después...Anoche, la noche anterior, la Nochebuena, no eras  consciente de lo que se avecinaba, estabas invadida totalmente por el espíritu navideño, reías mientras el infante inocente recibía regalos del abuelo del Polo Norte, le hacías fiestas a sus grititos, le alentabas a esperar a abrir algunos regalos, le prometías que al día siguiente le ayudarías a montarlos.... y ahora, ahí, en lo que antes era un salón, está el resultado...Las mamás somos de Nancys, de cacharritos de cocina y estuches de maquillaje, de carritos de bebés, de juegos tranquilos de peluquería... bueno, algunas mamás, a mí, en la ruleta, me tocó desde hace mucho ser mecánica aspirante a ocupar un puesto en Ferrari o formar parte de la plantilla de Renfe... Ya estoy acostumbrada... Manejo con una soltura increíble los destornilladores, conozco el recorrido por las peligrosas curvas de un bólido ultrarápido, me sé de memoria como Play Móbil encaja sus piezas... Uso con precisión milimétrica los mandos de un caminón teledirigido, soy increíble a la hora de hacer de granjera experta... Pero, eso sí, en estas mañanas, sin poder evitarlo, sonrío recordando a las mamás que, a estas horas, estarán vistiendo a Nenuco, colocándo sabanitas en cochecitos y ayudando a una infante inocente y gritona a pintar los ojos de un maniquí de plástico... ¡Es lo que tiene ser mami de varones!... Pero sobre todo, echo de menos aquellos Reyes Magos, en los que a mí me traían un libro, una muñeca (sólo una) y yo la abrazaba como el mayor regalo del mundo, y no tenía tiempo para quejarme, porque aquella muñeca (sólo una) era todo lo que necesitaba para creer en la magia... Y me da cierta pena, de esos niños cuyas mamás, esta mañana, no montarán trenes, ni pondrán pilas, ni vestirán Nenucos, sencillamente porque, en este mundo, nos quejamos cuando no tenemos motivo, y olvidamos que hay personas castigadas a no tener Día de Después, y que, seguramente, ni siquiera han tenido Nochebuena... Llegado a este punto me vuelvo a los destornilladores, pero ahora, después de darme un paseo por las injusticias que (a Dios gracias) todavía soy capaz de comprobar y me hacen hervir la sangre, lo hago con más conciencia de que mi niño, el infante que me despertó entre grititos animados, jamás tendrá conciencia él de lo afortunado que, este Día de Después, ha sido... Feliz Navidad, también a los que hoy no visitarán restaurantes, no comerán las sobras de una cena de despilfarro (porque no la tuvieron), a los que no montan juguetes, a los que no se quejarán de las exigencias infantiles... sobre todo a ellos, estamos en Navidad, creamos en la Esperanza, aunque cada vez nos queden menos motivo para hacerlo...