29 dic. 2013

"TRAGÁNDOSE LAS PALABRAS..." ... (Veladas con mi amiga Pili)

Hacía tiempo que no escribía una entrada de Blog sobre disertaciones varias con algunos y algunas de mis amigos y amigas. Y eso que tengo varias en el tintero, pero anoche fue la noche. Pili y yo somos de veladas filosóficas, de esas de cuestionarnos el mundo y terminar riendo, sobre todo cuando estamos al final de la conversación, digamos que nos da la risa floja, que a una frase de una responde una palabra la otra, de esas palabras que, siendo amigas, conocemos su significado sin decir nada más, y ello conlleva que nos ponemos a reír para desconcierto de quien nos pueda estar escuchando. Pero antes, durante la conversación, estuvimos hablando sobre los juicios ajenos. Yo le comentaba acerca de una opinión ajena, dos años atrás, sobre una situación peliaguda, la de una mujer enamorada que había decidido vivir sus sentimientos. Una persona, mujer en este caso, opinó al respecto, habló con cierta ligereza de esos "cornudos consentidos", yo me rebelé, no era cierto, si un señor o señora no sabe que se está viviendo algo a sus espaldas no son "consentidos" a todo caso será "ajeno al hecho en sí"... La incomodidad de la conversación me hizo callar, dejar a la otra señora con sus improperios sobre lo que se desconoce... Se dice que la vida es larga, que el tiempo pone las cosas en su lugar, que de repente, el destino, te hace comulgar con ruedas de molino y un buen día llama a tu puerta, te pone delante esos "cuernos consentidos" de los que en alguna ocasión se hizo daga para dañar a otras... y entonces ¿qué se hace?... porque la teoría se sabe, pero ahora no se trata de teoría, ahora se trata de que tú, de golpe, te ves en aquel papel que criticaste, con la agravante de que, en esta ocasión sí se conoce, sí se tienen pruebas, sí se aceptan, sí se consienten... Y ahora nos queda tragarnos las palabras... Le contaba a Pili que, cuando no se vive una situación somos ligeros, incluso insultamos con adjetivos que no son los adecuados, porque el desconocimiento los hace inapropiados para el insulto... pero que, ¡mire usted por dónde!, ese gran justiciero que es el tiempo pone delante de nuestras narices las pruebas justas para demostrarnos que somos cornudas... y como además lo sabemos, porque hemos comprobado con pruebas fidedignas, nos toca aceptar que somos "cornudas consentidas"... comentábamos lo irrisorio de la situación, porque siendo justas, siendo legales, cuando se ataca con insultos se pone en tela de juicio la situación ajena y se nos da la ocasión de hacer leña del árbol caído, tenemos todo a favor para hacer eso que nos gusta tanto, esto es: Decirle a la señora en cuestión eso de "¿Y ahora qué?"... porque claro, la boca que habló de consentimiento se equivocaba, puesto que no lo había, pero llegado el caso, cuando se sabe que lo hay, porque encima somos tan soberbias a veces que proclamamos la infidelidad con amigas, familiares y conocidos buscando el apoyo vano, la condena a la otra parte (ojo, a la otra parte, no al de casa, porque si se culpa al de casa hay que echarlo fuera, si se pretende dejarlo dentro hay que acusar a la otra, nunca mejor dicho) y buscando los aplausos de los allegados, y ese ataque de prepotencia, de intentar humillar, de intentar envilecer, nos lleva a que, quien conocía y sabía de comentarios hacia otros se sonrían, se muevan a gusto y te puedan hacer llegar ese "¿Y ahora qué?"... Jamás deberíamos enjuiciar situaciones que no conocemos, que no hemos vivido, que encima no nos importan porque nos son ajenas... Jamás... Porque la vida es larga, como decía Pili, el destino juega a veces con nosotras, y en un momento dado, eso que se ha criticado puede llegar, y entonces, sabiendo que en esta ocasión sí hay pruebas, sí hay motivos y sí se consienten para permanecer en un status creado para comodidad propia y crecimiento del ego, se nos puede adjudicar, con todo el derecho del mundo, ese calificativo que usamos, en aquella ocasión, para rebajar a otra persona,"cornuda consentida", y, por desgracia, en este caso, sería verdad.
No sabemos, nunca, cómo actuaremos cuando nos lleguen momentos duros, situaciones que nos sorprenden, el ser humano es complejo, hay intereses por medio, hay adoración al Ego propio, hay un nivel de soberbia y orgullo tal que nos impide reconocer que no somos más que un mero accesorio en una vida tranquila, el interés de mantener lo que se posee... La vida, a veces, como le decía anoche a Pili, es justa, y nos hace tragarnos palabras que no debieron de ser vomitadas como insulto hacia alguien... es mejor no tener que tragarse las palabras, pero sobre todo, es bueno dar las gracias a quien, pudiendo hacer leña del árbol caído, teniendo en sus manos todas las pruebas del mundo, sigue en silencio... más que nada, como decía Pili, porque la paciencia tiene un límite, y es mejor no forzar demasiado el límite de quien, con todas las palabras, con todas las pruebas fidedignas, puede ponernos en nuestro sitio, llamarnos por nuestro nombre y demostrar que la soberbia, la prepotencia y el super-ego en ocasiones se paga... Me encantan las conversaciones con Pili, nos reímos, nos narramos, nos comentamos, nos asombramos, descubrimos y vivimos... es decir, lo que se hace cuando se tiene a una amiga al otro lado.