31 dic. 2013

NOCHEVIEJA SIN UVAS.... (A los desfavorecidos).

Cuando quedan horas para el descorche, para el atragantarse, para el estallido de colores, de cohetes, de gritos histéricos y felicitaciones, para deseos universales de Paz. Cuando quedan horas para que nos invada ese sentimiento generoso y generalizado del Bien, de la Concordia y de la Beatitud, en esta tarde última del último año vivido, del último año respirado al que le quedan horas, que nos ha dejado desasosiego, desesperanza, impotencia y resignación, que nos ha colmado de injusticias, de recortes, de apretarnos no se sabe qué cinturón, porque ya no nos quedan cinturones que apretar, desde la soledad de mi casa, en tranquilidad, en paz conmigo misma, mi recuerdo para los que esta noche, en soledad obligada, sabrán que terminó un año por la algarabía ajena, cerrarán los ojos y apretarán los dientes. Por los que pasarán la última noche de este último año sintiendo el dolor del olvido, el dolor del desempleo, el dolor de la miseria. Para los que estarán trabajando, ¡dichosos ellos!, intentando alegrar la noche a los demás, a los afortunados mortales que pueden permitirse brindar en un local compartiendo despedida con otros afortunados mortales. Para los que velarán en hospitales a enfermos y consolarán a familiares, y sentirán que el dolor no descansa, que no conoce de efemérides paganas, ni de uvas, ni de cavas. Mi recuerdo esta noche, noche mágica de besos y cantos, para los que no los tendrán, para los que andarán vagando buscando un rincón acogedor, para los que compartirán un plato en comedores sociales. En estas últimas horas mi sonrisa para las manos ateridas por el frío, para los ojos inundados de recuerdos y los labios que ya no sonríen y se agrietan por las madrugadas gélidas de inhumanos mundos a los que han sido relegados. Tal vez no sea políticamente correcto hablar de desgracias, de dolor ni de llanto, pero creo que es de justicia hacerlo. Creo, honestamente, que es de justicia recordar a los menos privilegiados, a los no privilegiados. A los que sufren. A los que trabajan. A los solitarios. A los desertores de recuerdos para no molestar en una noche que no debe de ser empañada con miserias ajenas, porque no es noche para hablar de sufrimiento, no es noche para hablar de pobreza, no es noche para hablar de cansancio. Porque las Nocheviejas, las entradas en Años Nuevos están hechas para brindar, para desear a todo el orbe la mejor de las dichas, pero olvidar las desdichas, porque si las recordamos, tal vez, nuestra conciencia nos haga abandonar por unos minutos el jolgorio, y nos haga posar los pies en la tierra, y darnos cuenta de lo esperpéntico de la situación.
Gocemos, la noche es cómplice para hacerlo, disfrutemos porque la noche nos invita a ello, entremos en el nuevo año llenos de buenos deseos, pero no los olvidemos al despertar mañana. Deseemos un feliz año a todos, incluso al mendigo que nos tiende la mano, que nos la tenderá mañana y ante el que pasaremos de largo, eso sí, deseando feliz año nuevo al "igual" que se cruza en el camino. Sintámonos generosos todo el año, no sirve la fugaz estrella de una noche, no es justo para ellos, para los que sufren, pero lo es menos aún para nosotros. Y esta noche, mientras somos felices, mientras abrazamos, pensemos en la soledad de quienes no tendrán un abrazo... ni mañana, ni al siguiente, porque la vida, en ocasiones, nos engaña, y cuando el treinta y uno de diciembre del 2016 llegue no sabemos quiénes estarán tendiendo la mano esperando otra que la estreche.
Con mis mejores deseos, esta noche y siempre, Feliz Vida a todos, y en especial a los que sufren, a los solitarios, a los que deambulan por lagunas emocionales y a los que no escucharán campanadas.