30 dic. 2014

HOY CREÍ QUE DOLERÍA MENOS... (Carta a mi amiga Ana, se la debía)

He dejado pasar los días, he pensado que duele menos…¡qué tontería! ¿Desde cuándo piensa el corazón? He ido tejiendo mis días de rutina, y he mirado el móvil mil veces. Y escuchaba su silbidito y me abalanzaba, y mientras mis manos lo abrían sabía que no eras tú. Que tú te has ido ya para siempre. He paseado por la calle Trinidad con un uniforme azul, una coleta y unas risas, con una chica con guitarra colgada a su espalda y un poco desgarbada metida en unas zapatillas deportivas. He llorado en Salobreña, cerca del Peñón, echada mi cabeza en tu hombro mientras tus dedos apartaban mi pelo y susurrabas “Todo pasará”… He dejado pasar los días sin ti. He escuchado mil veces la canción que te gustaba, y he llorado “¡Ay, Barrera, que sensible eres! Vas a sufrir mucho siendo así”… Y he mirado fotos, y he visto tu risa, y escuché tu voz, y se me hizo el nudo en la garganta. Hoy pensé que ya dolías menos. Pensé que mirar tu rostro me haría sonreír contigo, y no ha sido así. Debe de ser que ha pasado poco tiempo, que debo dejar que las estaciones se sucedan… Y necesito que me riñas, que me devuelvas a la lógica que guiaba tu vida, que me escuches contarte un problema, que te rías y calles, que vuelvas a él pasado un largo rato y me digas “Ahora, sin impulsos, repásalo con frialdad”… Te has llevado mi adolescencia, Ana. Te has llevado muchos de mis días, muchas de mis horas y a ratos no sé cómo recuperarlos sin ti. Hoy pensé que ya no dolería… Y sigues doliendo tanto que me aprieta el alma. Soy egoísta, tú decías que no, pero lo soy, quiero que vuelvas, que me des la vara por las noches con tus whatsaap y no me dejes escribir hasta que no te responda con algún emoticono guasón. Se va el año, Ana, y con él te vas tú. Tendré otra fecha para recordar. Hoy visité tu muro. Hoy es duro el día, como desde ese siete de diciembre. Y no estabas en él… Se va el año, y tú estás con los que perdí en años anteriores, y yo en Nochevieja no tendré tu llamada, ni tus risas, ni harás sonar el matasuegras en el auricular, ni me responderás con fina ironía a mis bromas directas.
Hoy creí que dolerías menos. Hoy he paseado por la Plaza de Santa María y me he sentado en el tranco del Palacio del Marqués de Mancera con una niña en vaqueros mientras yo recogía mi falda azul. Hoy he mirado el cielo cordobés, hace dos años, mientras hacía hora para coger el AVE, me he sentado en una terraza cerca de la Mezquita y hemos mirado juntas unas fotos de Andorra, y hemos reído a carcajadas recordando las bromas. Hoy no estás…o sí, pero no puedo tocarte. He hablado contigo bajito, desde el corazón. Ese que te falló, ese que decidió dormir para siempre, que amó tanto que se rompió. Ese que sufrió con distancias canallas, con ausencias eternas. Un día hablamos de la muerte… Me aconsejabas, me pedías fuerza, me hacías prometerte cosas inútiles que soy incapaz de cumplir. Miré su rostro y hablamos de ti. Él no lloró. Sonreía. Y sonreí con él… Me dijiste suave que esta vez iba en serio, que estabas cansada y que querías pasear feliz por un campo con amapolas…¿hay amapolas, Ana?... Habrá amapolas, seguro, tú lo conseguías todo. Hasta que yo escribiera. Y hoy pensé que dolería menos…por eso te escribí, para decirte que no llevabas razón, que sigue doliendo… Quiero que vuelvas… Estoy escuchando “Alfonsina y el mar”, y escucho tu voz, y oigo el rasgueo de tu guitarra…¡malditos días soleados y fríos que te han llevado lejos!... Te prometí estar bien, amar siempre, superar escollos, no dejarme vencer por el desánimo, luchar, luchar, luchar…preservar lo mío, lo que es realmente mío, no lo que se publica, eso no es más que una forma de sonreír al mundo. Lo mío, tú lo sabías, era otra cosa, era mi desaliento, mis angustias, mis tristezas, mis sonrisas íntimas, las que dedico en privado y a los privados, lo mío está a salvo, Ana, siempre estará a salvo porque tú me dejaste el ejemplo. Sigo luchando, seguimos luchando, seguimos capeando temporales, desoyendo palabras, sonriendo al futuro. Seguimos vivos, Ana, los que te quisimos y a los que quisiste tanto que te dolía nuestro dolor…

Hoy creí que dolerías menos…¡mentira!... Dolerá siempre tu ausencia… Hoy estás conmigo, se va el año, pero tú te quedaste…

27 dic. 2014

YA NO TE QUIERO... (Relato)

Ha llegado el momento. Me lo dijo el corazón. Me lo dijo él. Y ahora, al unísono, tengo que enfrentarme al tiempo de mirar sus ojos, hablar pausada, hacerle ver y entender…¿entender? ¿Cómo se le hace ver a quien compartió tanto que ya no comparte nada? ¿Cómo se le cuenta que no sentimos, que no vibramos, que no es más que una densa compañía?... Me he sentado delante de un vaso de agua, bebo poca agua pero sé que la necesitaré. He puesto junto al vaso, con disimulo, un paquete de clínex, porque sé que lloraré... por él, por mí, por todos… He carraspeado. Me ha preguntado qué pasa, voz asustada, temblorosa, yo, que suelo decir las cosas importantes como no dando importancia, que pocas veces me siento y que pocas veces sonrío con esta pena traidora que delata que me ahogo. Le quise decir “ya no te quiero” y no me ha salido. Tal vez porque es mentira. Porque sí lo quiero. Lo quiero distinto. Como se quiere a la compañera de piso con la que has compartido alegrías, penas, sonrisas y llantos, como se quiere a quien te regaló, hace mucho tiempo, una sortija que se ajustaba perfectamente a tu dedo, que brillaba, que lucías orgullosa, pero… el tiempo ha modificado tu dedo, ya aprieta, ya se clava y te duele. Ha perdido el brillo, ya está ajada y necesitas arrancarla, y sabes que va a doler, cada esfuerzo por sacarla te dañará el dedo; pero tienes que hacerlo, si no lo haces el dedo se amoratará, amenazará con reventar. Cortará la circulación, será un dedo inútil y enfermo… Pues lo mismo. Hay relaciones que se gangrenan, que cortan el fluido, todos los fluidos, incluido el aire, ese que necesitas para respirar…
He suspirado. Me he armado de la valentía de los cobardes, esa que ondeamos todos cuando queremos excusar una explicación que nadie nos ha pedido, esa sinceridad absurda de la verdad… ¿La verdad? ¿No era verdad hace un año, y hace dos, y hace cuatro?... ¿Por qué entonces no alardeé de ella?... Porque es ahora cuando se cumplen mis intereses, los míos, no los de él, que está enfrente esperando mis palabras, esperando mi sentencia, esperando que le destruya la vida y me quede tan a gusto. Y tengo que hacerlo, sencillamente porque se han cumplido los tiempos. Porque en una relación acomodada, en una relación marginal, en una relación de cuatro, o de cinco, o de seis, o de doce, hay que esperar… Y sólo se espera, paradójicamente, que se cumplan los tiempos de dos, de los dos, porque el resto no importa, el resto no ha tenido que soportar, no ha sabido, ha ignorado, ha vivido, y sin embargo los dos, de besarnos sin mirar hacia atrás y hacia los lados, de pasear cogidos de la mano en un espacio en donde nadie sepa…

los protagonistas del drama, han superado todo lo que los demás, sin saberlo, iban colocando en el camino. Y ahora es el tiempo de los dos, olvidarnos que, quizás, para el resto, para ellos, no sea el tiempo, ni el momento. Y recurrimos al egoísmo que nos corresponde, a la cuota exacta de egoísmo para decidir por todos. Porque en esos años pasados, en el tiempo pasado, no fuimos egoístas, fuimos tan generosos que regalamos nuestro tiempo y nuestro disimulo para que la felicidad de ellos no se moviera… ¿Seguro? No. Lo hicimos sólo porque no era nuestro tiempo, si lo hubiera sido nos hubiera dado igual romperles el mundo como ahora estamos a punto de hacer. Él allí, seguramente delante de otro vaso de agua. Yo aquí. Y, tal vez, a los dos se nos hagan las mismas preguntas, se nos lancen los mismos reproches, se nos mire mientras hacemos una maleta, se nos grite “¡no vuelvas más!”… Y, eso sí lo sabemos, no nos importará, porque se ha cumplido el tiempo de quitar la sortija, de dejar fluir, 

Me ha mirado con ternura, me ha vuelto a preguntar qué me pasa, le he sonreído con la misma pena traidora, he bebido un pequeño sorbo de agua. Suspiré de nuevo y mis ojos se anegaron de recuerdos, de nostalgia, de pasado, de mentiras, de disimulos, pensé que, a esa misma hora a él se le estaría llenando el alma de todo lo que vivió…y se le estarían llenando los ojos de todo lo que vivimos alejados, en secreto, en silencio, igual que me está pasando a mí. ¿Quién dijo que decir adiós era fácil?... Le he cogido la mano y una voz suave y extraña ha salido de mi garganta y de mi boca “Ya no te quiero”, he esperado que los Polos se derritan, que se sequen los Océanos y que la Tierra se abra… Nada de eso ha sucedido. No podía creer que mi voz fuera la que ha chocado contra las paredes. Y tampoco podía creer que fuera la suya cuando, sonriendo, rozando el dorso de mi mano con sus dedos ha murmurado “Ya lo sabía…”.

23 dic. 2014

DIARIO DEL CANSANCIO... (Relato)

He intentado olvidar la discusión de anoche. Sigo pensando que no me quiere. Creo que nunca me quiso. Me encontró en aquella etapa de su vida en que pensó que podría olvidarla, y yo fui el tronco perfecto al que abrazarse, perfecto sobre todo para darle una posición económica de la que nunca disfrutó. Encontré la foto de ella. De eso hace tantos años que lo había olvidado. O eso creía. La volví a encontrar años después, cuando ya él estaba sólidamente en mi vida. O eso creía. Nos encontramos por casualidad con ella. Y le vi aquella mirada, bueno, no sé si vi la mirada o la descubrí. A mí jamás me había mirado así. Nos saludamos cordialmente. Me la presentó cortés y me dediqué a observarles juntos, escuchaba sus palabras compartiendo viejos recuerdos de ambos, se reían con la facilidad que da la cercanía. Era guapa. O quizás era ese gesto de inocencia que guardaba en su boca y en sus ojos. Y era ocurrente. Le hacía reír. Mucho. Yo nunca lo hice reír así, conmigo siempre fue una distancia un poco helada, no había carcajadas, nunca las hubo… Cambió desde entonces. Se quedaba ensimismado, mirándose las manos, fijando la vista en un punto indeterminado y con el recuerdo y el alma lejos… He intentado enfadarme, le he gritado, le he acusado… Hasta he recurrido a la táctica absurda del victimismo, a esas frases de “no me quieres”, “te doy asco”, “no me miras”…luego cambié la estrategia por las amenazas “te voy a dejar”, “yo tampoco te quiero”…¿Para qué?...tengo ya la edad para comprender que no puedo cambiar los sentimientos. Hay historias predestinadas a ser por y para siempre. La de ellos lo es. Y luchan. Sé que luchan juntos, aunque no tenga más pruebas que mi intuición y algún descuido que me dejó el corazón paralizado y lágrimas en la almohada. Él niega siempre, él niega todo… Pero sé la verdad, una mujer sabe del calor de una caricia, sabe del sabor de un beso, sabe de silencios…a mí hace tiempo que unas manos no me queman, que unos besos no me saben más que a conformismo y que los silencios me rodean y se ríen… Creo que soy patética. A veces lo pienso. Me quedo despierta en la cama esperando un roce de deseo que nunca sucede. Se me va el tiempo sin amor consumado, sin jadeos en un oído, sin urgencias y sin ganas, se va mucho tiempo en la espera de una palabra amable…
Le bastó volver a verla, volver a saber de sus miradas y de su sonrisa. Le bastó alguna conversación a solas, a través de un teléfono en alguna tarde pasada y fría. Le bastó su voz para recordarle que estaba dentro de él. Para hacerle ver que no es quién está a tu lado sino quién está en tu corazón.

            Estoy rota de dolor y de amargura. He actuado con la rabia de los celos ¿para qué?, nada va a volver, aunque hundiera el mundo, aunque le arrancara los ojos, él seguiría amándola. El destino crea su historia, en la suya yo sólo he sido una secundaria, como tantas otras. La protagonista fue ella… Y sé, soy consciente, que cuánto más obstáculos coloque en su camino más lucharán ellos por salvarlos, por vencerlos… Me queda la tristeza de que nunca fui. Y sé con certeza que quién pasó una infidelidad, y dos o tres o más, tiene dos caminos, seguir el camino soportándolas o dar un portazo y dejar mi vida fuera, con él lejos, ahogarme en los años vividos, en el daño que me hice a mí misma intentando ignorar lo que sabía, en el daño que él mismo se hizo intentando recomponer su vida sin ella… Después de todo no es tan difícil, se trata sólo de aprender a decir adiós con la cabeza alta…

22 dic. 2014

LLUVIA... (Poesía)

Fuera llueve, gotas lentas,
gotas frías, gotas agrías,
fuera llueve tu presencia.
Lenta lluvia, lento día,
y tu rostro que me asalta,
es el sino de mi vida.
Llueve fuera y no te tengo,
has dejado en mi sonrisa
el aroma del recuerdo.
Llueven gotas con tu nombre,
llueve el agua de tu cuerpo,
llueve mi día y tu noche.
Gotas con olor a ti,
y tu voz en mis oídos,
y en tu boca mi carmín.
Llueve fuera, llueve en mí,
llueven gotas que me calman,
llueve tu risa feliz.
Lejos llueve, lejos tú,
lejos espejos de hielo,
lejos mi sombra y tu luz.
Llueve en mi azul firmamento,
gotas de amor que me dicen
tus palabras y tu aliento.
Y mi risa con la tuya,
somos fuertes, somos lluvia,
somos gotas de ternura.
Somos agua silenciosa,
somos sonido callado,
somos la ilusión hermosa.
Fuera llueve en tu recuerdo,
lluvia serena en mis ojos
mientras evoco tus besos.
Y llueve fuera y te extraño,
y me has dicho que me quieres,
y te dije que te amo.

Gotas de lluvia ahí fuera,
gotas de amor que te evocan,
gotas de calmada espera.

Para tu boca mi boca.

19 dic. 2014

NADA REGRESA... (Poesía)

Nada va a volver, se fueron las horas,
quedó su sonido dentro de un reloj,
se han ido los días, cayeron las hojas
de ese calendario que se quedó mudo
 después de tu adiós.
Nada va a volver, no regresa el agua
del cauce de un río,
nunca se repite la misma canción,
todo ha madurado y ha ido cayendo
del árbol cansado de mi corazón.
Las nieves derriten su agua en las sierras,
no visten dos veces la misma estación,
nada va a volver, ya nada regresa,
tiempo de tristeza traemos los dos.
Nunca vistió un árbol dos veces sus hojas,
nunca fue dos veces la puesta de sol,
todo se renueva, todo se transforma,
ya nada regresa, todo ya cambió.
El deseo antiguo que movía la vida,
el que nos cubría de rojo pasión
se quedó escondido entre los espejos,
donde nos amamos, se quedó perdido
en nuestra habitación.
Nada ya regresa, nada se repite,
lo vivido se hizo celeste ilusión,
los ojos mirados no miran lo mismo,
las manos buscadas, los besos perdidos,
todo se olvidó.
Nada ya regresa, tan sólo la pena,
tan sólo el recuerdo que se nos quedó.

13 dic. 2014

CINCUENTA MÁS UNO... Y SEGUIMOS (Felicidades Pepe).

Ha superado los cincuenta ¿quién lo iba a decir? Cumple cincuenta y un años y mis recuerdos se amontonan en torno a risas, en torno a confidencias, a miradas de tristeza a veces, a consejos, a historias añejas ya por el tiempo. Hemos recorrido años, hemos matado minutos, hemos compartido juegos en aquella calle Leones en donde la algarabía infantil no cesaba nunca. Nos hemos sentado en trancos y comido pipas,  y nos hemos sentado en puentes y seguimos comiendo pipas. Y hemos paseado, y nos encontramos compartiendo bailes, salidas, fiestas, procesiones…bodas, comuniones, nacimientos. Hemos crecido cincuenta y un años, Pepe ¡casi ná! casi poco, medio siglo entre bromas, entre seriedad, entre dudas. Malos ratos, muy buenos, nevadas montejiqueñas, partidos de baloncesto en los que tú jugabas y yo jaleaba al mejor (risas)… Medio siglo para preocuparnos por los hijos, esos que llegaron en una juventud muy cercana y que nos enmiendan la plana de vez en cuando, y hacemos como que son más listos, y luego nos reímos en reuniones con los buenos, con nuestra gente, y hacemos que somos padres regulares cuando sabemos que hemos sido buenos… Hoy ya has superado el medio siglo, y yo no sabía qué contar, porque podría hablar de etapas caminadas, de manos apoyando, de miradas cómplices, de ser yo diana de tus bromas y tus risas, y tú podrías hablar de mis enfados fingidos, de mi simpleza a veces, de mi tardanza para pillar un chiste inteligente…como tú. Inteligente amigo, de esos que han sabido callar, alentar con palabras sencillas. Nunca agradeceré bastante a los míos, a los varones, a esos que seguís, a los que siempre fuisteis, a los que sabéis leer en una frase o en una mirada, a los que no es necesario llamar a diario porque sabemos que todo está bien. Ha pasado medio siglo y un año, y aquí estamos, con un año más, unos recuerdos de momentos inolvidables, con la paciencia que da la edad, con el saber que hay cosas difíciles, que vendrán momentos mucho más difíciles, que los habrá felices, y que unos y otros los compartiremos. La vida, en ocasiones, nos regala personas que no deja que perdamos, tal vez porque sabe que esas son las válidas… Y a tu lado ella, la que ya es también parte de estos años que cumples hoy, la que distingue, la que sabe, la que respeta y la que se hizo querer. Y tus hijos. Buenos chicos, ya se sabe, de buen palo nacen buenas astillas… Dejo esta entrada del año pasado, podría haber dejado aquella de hace dos años, aquella mano que cogí de niña, pero dejo esta porque creo que no podría decir más, porque hoy también, igual que hace un año, debo de hablar de dos manos que han seguido empujando un poquito, y dos oídos que siguen escuchando mucho. Recuerdo el verano pasado, dos veranos ya, aquella tarde compartida en la presentación del libro de Juan Rodríguez Titos sobre nuestro pueblo, cuando nos acercamos a saludarlo y te lo presenté y nos preguntó: “¿Amigos desde cuándo?” y nos miramos y nos reímos, y tú dijiste aquello “Pues desde que nacimos”… Y así es, desde hace tanto tiempo que las estaciones se han ido sucediendo y no nos hemos dado cuenta. Han ido pasando fiestas del pueblo, coches de choque compartidos, algún enfado, muy pocos, razonamientos, a mí que me cuesta tanto razonar a veces, han ido pasando nieves y veranos. Han salido goteras que se restauraron como se pudo, seguirán saliendo porque ya, la edad, irá trayendo el normal deterioro, pero ahora, a esta edad, también sabemos que los afectos ya se mueven poco. Te deseo lo mejor, aparte de porque te quiero, porque lo mereces, lo merecéis tú y los tuyos, porque las buenas personas merecen mucho y bueno y vosotros lo sois. Ha sido un placer recorrer estos años contigo, ha sido un gusto compartir vida y espero poder seguir compartiendo mucha, espero poder ser el centro de tus bromas, porque sé que hay cosas sólo para quien se quiere y se respeta. Muchísimas felicidades. Yo también te quiero mucho. Gracias por haberte quedado entre los míos.
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9 dic. 2014

HAZME EL AMOR AL OÍDO...(Poesía)

Hazme el amor al oído,
que tu lengua lo haga sola,
con palabras que acarician,
con el borde de tu boca,
desespérame en susurros,
deja que huela tu aroma,
deja que cierre mis ojos
y me funda con tus sombras.
Hazme el amor sin tocarme,
habla despacio en mi oído,
sólo tus gemidos valen,
tus palabras, mis sentidos
que me estallen en la sangre.
Hazme el amor al oído,
sin manos que me recorran,
palabras de escalofrío
que ericen mi piel y jueguen
desde mi pecho a  mi ombligo.



3 dic. 2014

FUIMOS AYER... (Poesía)

Fuimos, más ya no somos,
se fue cayendo en pedazos
la noche con su luna llena,
el firmamento en retazos.
No somos porque ya fuimos,
ya es distinta la mirada,
las caricias y los pasos.
Fuimos ayer, hoy es tarde,
el corazón ha cambiado,
y ha cambiado la mirada,
y han cambiado los abrazos.
Fuimos un día, una tarde,
amaneció y fue pasando,
y llegó una noche nueva,
y llegaron otros astros,
fuimos pero ya no somos,
no se repite un verano.
Fue pasado lo que fue,
es presente lo que amo,
fuimos entonces, ya no,
el agua pasa, a su paso
se lleva lo que se encuentra
en su cauce ya trazado;
fuimos un día que pasó,
fuimos sueño consumado,
fuimos el beso fugaz,
no se repite un te amo.
Cada te amo es distinto,
hemos llenado de llanto
la ausencia de lo que fue
en un tiempo muy lejano.
Fuimos, pero ya no somos,
mas caminas a mi lado,
mas te siento respirar
cuando te sueño a mi lado..
No florece por dos veces
la rosa por desearlo.



30 nov. 2014

TAHÚRES DE SENTIMIENTOS... (Reflexión de una mujer)

Se dijo siempre que las apariencias engañan, o pueden engañar. Supongo que a todos nos ha pasado el conocer a alguien personalmente y pensar que esa persona es buena gente, incluso cuando la idea preconcebida que teníamos de esa persona, a la que se conoce por oídas, por tratos indirectos, no fuera muy empática con nosotros. Pero ¡oh, sorpresa! la conocemos en la distancia corta y la opinión cambia, decidimos que sí, que es buena persona. Y comenzamos a pensar que podemos tener una buena relación con ella a pesar de puntos comunes no muy gratos… Todo esto lo pensamos en ese trayecto de tiempo que va desde el encuentro hasta un leve instante en que con un simple gesto se nos rompen los esquemas… A todos (creo) nos ha pasado que se nos aconsejó, se nos advirtió, se nos puso en alerta y que desoímos, no escuchamos, pensamos que se exageraba, hasta que se enciende la luz. De repente nos damos cuenta de que la persona que, diariamente, se hacía presente en nuestras vidas deja de hacerlo, porque, se supone, ya ha conseguido estar al tanto de nuestros actos por otra vía, ya no necesita hacernos ver que está interesada limpiamente en nuestra persona, porque ya ha conseguido una cuota mayor de “intimidad” y cercanía con nosotros… Sucede a veces que las personas, algunas, somos observadoras, yo digo siempre que no sólo hay que mirar el árbol, también el bosque que lo rodea, y en un mínimo gesto, paseándonos por ese bosque descubrimos que el árbol al que nos acercamos no es un acogedor olmo sino un siniestro ciprés que está junto a otro siniestro ciprés. Basta un gesto insignificante. Y es por eso que se dice que las apariencias engañan ¡y mucho!

A título y opinión personal nunca me gustaron los dobles juegos, las dobles barajas, en alguna ocasión, como a todos, también se me ofreció jugar con trampas, también se me ofreció una segunda baraja, y es que algunos cipreses se mueven según los vientos que los sacuden, no saben mantenerse firmes a pesar de las tempestades. A título y opinión personal no soporto a las personas interesadas, a las que no les importa perder tiempo en dar rodeos que hagan ver que su caminar es limpio, no me gustan las personas que intentaron mantenerse presentes en una posición que nunca tuvieron clara y que, una vez comprendido que no tienen posición, que no tienen sitio y que alguien ganó la partida limpiamente deciden abrirse hueco a codazos disimulados de amistad. Las apariencias engañan, puede que no siempre, pero cuando sucede, cuando descubrimos que hemos sido vigilados, seguidos, observados con un malsano interés personal, que se nos ha ofrecido la posibilidad de un café conversado, ahí es cuando descubrimos que no nos gusta la manipulación, la mentira encubierta en sonrisas cómplices. Mi abuela, sabia mujer, decía que Dios nos libre de las aguas mansas porque a las bravas las vemos venir. Y no sé por qué yo siempre llevé a cabo este refrán español y sabio, siempre preferí a las personas habladoras, de carácter fuerte. Pero siempre hay una primera vez en que damos un voto de confianza a lo que creemos discreción y timidez, y ¡mira por dónde! cuando decidimos dar ese voto de confianza resulta que nos equivocamos y entonces se recurre al otro refrán, igual de sabio “Las apariencias engañan”, y cuando nos damos cuenta sólo nos alegramos de que ha sido a tiempo, de que seguimos con nuestra vida privada en privado, de que esperaban de nosotros confidencias que no hicimos, de que todo sigue su curso, comprendemos que la vida enseña así, abriéndonos los ojos con pequeños golpes, con decepciones, se quedan dentro aquellas palabras que íbamos a decir llenas de cariño, de comprensión, se quedan dentro confidencias y confesiones y sonreímos, porque después de todo fuimos listos y supimos ver… Después de todo hay personas que no eran nada más que un nombre, más que alguien que nos rozaba de pasada y de pasado y a quien no conocíamos a no ser porque alguien, honestamente, nos contó su historia y que cuando decidimos que ya había bastante, que estaba de más se la separó de nuestra vida, después de todo no era alguien que pudiera afectar nuestra historia, porque el bosque que la rodeaba no era el mejor, era un bosque en el que una vez nos adentramos, precisamente, porque las apariencias engañan y se nos engañó con la habilidad de los tahúres de sentimientos… Y llegados a este punto sonreímos, porque cuando la trampa es descubierta ninguna apariencia nos habrá engañado, simplemente intentó hacerlo… El secreto, por una vez, escuchar a quien sí nos quiere, a quien intenta mantener sólida una situación, tener en cuenta consejos dados de quien sabe que hay cipreses camuflados de olmos, y recordar que hay bosques que parecen encantados y que al adentrarnos en ellos nos hacen trizas con sus ramas y con sus espinos… Buenas tardes ¿sonreímos?, sí, por favor, no nos tocaron el alma, seguimos vivos…

28 nov. 2014

HOLA, PAPÁ... (Carta a la ausencia que duele)

Hola, papá:


Hoy ha amanecido de nuevo sin ti, otro día más, otro año más. En una madrugada cruel y despiadada de un frío noviembre que nos robó tu presencia seguimos rebelándonos y seguimos extrañándote tanto que duelen los huesos, y la piel, y el alma. Ha pasado el tiempo, tus nietos han crecido, ya son un hombre y una mujer, con sus parejas jóvenes, con sus ilusiones de buena gente, de niños buenos que heredaron tu bondad y tu inteligencia. Y nosotras, las tres mujeres de tu vida seguimos luchando cada día, recordándote a diario, luego dicen que el tiempo todo lo cura, no es verdad, papá, no ha curado nada, ni siquiera nos ha rozado el tiempo para mitigar el dolor, solamente hemos aprendido a vivir sin ti, que no es fácil, pero hemos hecho de tu ida tu presencia, del dolor que viviste nuestra fuerza. Tus hijas se han hecho mujeres fuertes, y tu mujer, aquella que escogiste para recorrer un camino difícil sigue enamorada de ti, hablándonos de ti con el mismo cariño de siempre ¡Cuánto dueles, papá!¡Cuánto duele no tenerte! Hemos conseguido olvidar tu imagen sin vida y mantener la memoria en movimiento, hacerte vivir en cada momento entrañable, en cada sonrisa de tus nietos. Tienes uno más, un pequeño que lleva tu nombre y que sabe que su abuelo está en el cielo, y mira tu foto y me pregunta cuándo te verá. Y seguimos llorando el vacío. Supongo, papá, mi hermana y yo suponemos, que todas las hijas recuerdan a sus padres idos, que les extrañan y les añoran. Pero a nosotras nos dueles tú. Ha continuado la vida, ha seguido floreciendo el campo en primavera, el campo que tanto te gustaba. Hemos seguido viviendo luces y sombras, hemos intentado hacer de tu marcha la normalidad, sigue habiendo veranos calurosos sin ti acompañándonos, pero presente siempre. Mamá está bien, superó sus problemas con ese corazón enorme y bueno, se niega su corazoncito a dejar de latir, y es que te fuiste tan pronto que el corazón que te quiso siempre se resintió por haberlo dejado solo. No sé si sabrás, allá en dónde estés, que tu nieto pequeño nació sólo veinticuatro horas antes de la fecha en que tú te fuiste, la misma hora, en una madrugada, pero se negó a venir al mundo el mismo día en que su abuelo lo abandonó, y dejó un día de margen. También el mismo día en que el corazón de mamá tuvo la intención de dejar de latir. Y ahí sentimos tu mano, supimos que tú te negaste a que también nos dejara en un veintiocho de noviembre, hubiera sido demasiado dolor. Trece años, papá. Ya trece años, y aún retumba el sonido del teléfono en aquella madrugada. Y aún tengo en mis oídos tus palabras mientras te cogía la mano y me explicabas todo lo que no querías llevarte. Y cuánto nos haces falta. Y no lo entendemos, y la Navidad ya no es la  misma, ni los cumpleaños, ni los santos, ni el día a día. No sabemos, Mari Ángeles y yo, cuánto necesitan las demás hijas a sus padres, pero nosotras te seguimos necesitando. Hoy amaneció con lluvia, lágrimas de ausencia y de dolor, hoy el cielo llora porque tú no estás, otro día, otro año, el deseo de que suene el teléfono y me hable tu voz, ya sé que es ley de vida, pero a veces la vida tiene demasiada prisa, se olvida de que guardamos un baúl repleto de planes compartidos, de instantes que tuvieron que vivirse todos juntos, contigo, nadie nos preparó para vivirlos con tu ausencia, y todavía, después de trece años, estamos aprendiendo a aceptar que no vas a volver…pero sí, tu manos siguen rozando las manos de tus niñas y las de tus nietos. Y yo sigo pidiendo un deseo imposible, que estés tú. Pero ya se sabe, no todos los deseos se cumplen, y a mí, la vida, que me robó algunos, me quitó el más importante, tenerte siempre a mi lado, al lado de tus hijas, de tu mujer, de tus nietos… Papá, allá en dónde estés, te queremos, siempre lo hicimos, y mientras nos quede vida estarás en ella… Una madrugada dura, fría y cruel te alejó de nuestro lado, pero no pudo llevarte porque vives en nosotras, en tus nietos, en nuestro corazón y en nuestro recuerdo. Gracias, papá, por habernos regalado tu vida, los momentos compartidos, los recuerdos inolvidables, pero sobre todo tu amor. Sigues vivo, siempre. 

27 nov. 2014

ALBERTO, EL REGALO DE LA VIDA... (Felicidades a mi hijo pequeño)

Cumple seis años. Alberto ha sido de esos regalos por sorpresa que te dan la vida, que te la devuelven y que te demuestran que siempre hay segundas oportunidades, que a veces nunca es tarde si una dicha es tan buena, que la madurez puede germinar, que los campos no están secos ni áridos mientras dan frutos, que la edad en ocasiones no es un lastre sino un grado y sobre todo me trajo las ganas de vivir, la compañía, cuando la soledad se cernía sobre mi cabeza, las noches en vela y los desvelos diarios, las risas estruendosas, las verdades a la cara, los malos modos infantiles que siempre son sinceros y tormentosos… Alberto es mi recompensa… Años deseando un hermano para mi hijo mayor, años de que la vida, mes a mes me lo negara, años de pensar que cuando el mayor volara estaría sentada en la inercia de la rutina, en los días iguales, noches iguales, años iguales… Pero la vida decidió hacerme comprender que podía desbaratar los planes de una forma maravillosa. Cumple seis añitos, esa edad incomprendida de los “¿por qué?”, de las rabietas bipolares, de las travesuras a escondidas, de las razones ilógicas, de la risa sospechosa, de los enfados por casi nada. ¡Me ha enseñado tanto!, me ha demostrado que, para hablar de ciertos sentimientos hay que vivirlos, que el egoísmo en la madurez es mucho más fuerte que en la juventud, que instalarse en la frase manida del “a esa edad” es comenzar a morir, que jamás nadie que no lo haya vivido podrá describir la maternidad después de los cuarenta, que a los veinte y a los treinta todas podemos hacerlo, pero a partir de los cuarenta queda para privilegiadas. Que la paciencia se aprende con él, también aprendo a desquiciarme… Alberto es mi motor, porque los mayores, cuando se van, necesitan y buscan otros motores para su vida, nos quedamos con el nido vacío y un síndrome desconocido que se nos instala en silencios… Yo no tendré mi nido vacío nunca, ni ese síndrome, ni silencios, creo que moriré antes, porque el destino me escogió para hacerme vivir un recorrido nuevo, distinto y ameno. Cada mañana me despierta su voz, su cantarina voz, tengo el mejor despertador del mundo, me obliga a pensar y cocinar un menú diario variado, a pensar en tallas menudas, a saber cuándo se está incubando un resfriado, a volver a creer en el ratoncito Pérez, a no perderme noticias sobre alineaciones de fútbol, a saber que Bob esponja tiene un amigo que se llama Patricio, que Doraimon vive en Japón…¡me ha enseñado tanto! ahora me sé la letra completa de la canción de Enrique Iglesias, y además me ha enseñado que hay heridas que se siguen curando con un beso de mamá…porque, todo eso, ya se me había olvidado… Y cumple seis añitos, preocupado porque no marcó en el último partido, porque su hermano no vendrá hasta dentro de cinco días, preocupado porque tiene que terminar la ficha antes del plazo para que su profe no se enfade… La niñez de mi hijo, la que se quedó lejana en otro y que ahora él me la devuelve, con su defensa de su madre, con el “que no olvidé papá entrar a darme un beso” de buenas noches, con la confirmación de que ya es “respetable” porque hace sus tareas sin que se le insista… “¿Qué estás embarazada a tu edad?” y sonreía por fuera, y dudaba por dentro…¡pues sí! estaba embarazada a mi edad, porque soy mujer, porque era fértil, porque mi vida estaba completa en los lugares justos para que se abriera camino, porque nada hay imposible, porque era joven, porque soy joven, porque decidí apostar y me hice el regalo de compartir… No hay edad mientras la naturaleza te regala salud, fuerza y vida, no hay edad, la ponemos nosotros, somos nosotros los que acotamos, los que limitamos y decidimos, vemos normal que una niña de veinte años sea madre y nos sorprendemos de que lo sea una a partir de los cuarenta… Y el camino es el mismo, las dos aman, las dos entregan, la mayor con experiencia, serenidad, la joven con ímpetu, pasión y prisa… Alberto es mi serenidad… Y sólo pido a la vida más tiempo, sólo el necesario para retener sus besos, sus “te quiero, mamá”, esos que a los mayores ya se les empiezan a olvidar…yo los tengo cada día, muchos, y para una madre, para una mujer, no hay nada más hermoso que el amor de su vida le diga, a todas horas, que la quiere… Gracias, Alberto… Felicidades…

25 nov. 2014

FELICIDADES, INMA... (Carta para mi sonrisa favorita)

Hoy cumples años, ¡divinos años! Esos que no te gustan nada cumplir y que te sientan tan bien, aunque no seas consciente de ello, porque sucede, querida amiga, que cuando no queremos una cosa la revestimos de negación y no vemos todo lo estupendo que nos trae. Yo sí lo veo. Creo que lo vemos todos los que te queremos, te conocemos, hemos visto cómo has madurado, cómo has ido vistiéndote de belleza femenina, cómo has ido puliendo una maravillosa sonrisa que nos regalas demasiado a menudo como para pensar en que te fastidia cumplir años. Esas discusiones nuestras en las que intento que me creas cuando te hablo de como sientan de bien los años a algunas mujeres. Hoy te toca a ti, hoy cumples años, no voy a decir cuántos, pero sí decirte que espero que cumplas muchos, aunque te fastidie, porque lo bueno de cumplir años es que se está vivo, y tú estás viva. Y yo ahora podría recorrer esos años tuyos, los que me has regalado, que ya son unos pocos, los que hemos compartido, los que han pasado en un suspiro, un suspiro lleno de historias. Mis historias, tus historias, nuestras historias, las personales, las compartidas, las sorprendidas, las que han latido entre risas y entre momentos no tan felices. Los años que han pasado por nosotras, por todas y todos, por ti y los tuyos, por tus días felices y los que no lo han sido tanto. Por tus preocupaciones y tus desvelos, los mismos y las mismas que para cualquier mujer que se instala poco a poco en la madurez, que encara los problemas mirándolos de frente. Momentos que has disfrutado, que has soportado, que has añorado, que has sufrido, y que has valorado. Eres un año más mayor ¿y qué? Tienes a las personas queridas a tu lado, a esos a los que diste la vida, a ese con quién decidiste compartirla, a ellos que ya te necesitan y que te enseñan que también llega la vejez. Y nos tienes al resto. A esos que no tenemos obligación ni compromiso de quererte, pero que te queremos, porque, querida Inma, lo que sí has conseguido con esos años que has ido cumpliendo, ha sido que en nuestro corazoncito haya siempre una sonrisa…y eso que a veces no ha sido fácil. Sabes ya del dolor de la ausencia de hijos, del dolor de la vida que comienza su declive en los padres, de la espera para que todo vaya bien en una sala de esas poco agradables. Sabes ya de todo, porque también, amiga mía, los años traen eso con ellos, el aprendizaje a esperar y a sufrir. Inma, hoy cumples años, yo estaré en mi lugar, tú en el tuyo, todos ocupando sus lugares, pero hoy es especial, porque la vida te regala una cifra más, que aunque sea poco coqueta, es una oportunidad para volver a escucharte, a oír tu voz e imaginar tu risa y no tienes ni idea del valor que tiene. Hay mujeres que no envejecen, maduran, adquieren solera, atractivo, juventud en esa primera etapa de la madurez, y tú has sabido hacerlo, y yo soy feliz por verlo, y soy más feliz de tenerte en mi vida, entre las mías y los míos. Y ellos, los tres hombres que tienes en casa y el que también está en tu corazón, los cuatro, son felices de tenerte, de que cumplas años, porque en el fondo eres el motor y eres la paciencia infinita…y eres la sonrisa. Por todo esto, por todo lo que no puedo decir, por todo lo que hablaremos cuando nos veamos, por las risas y las bromas, las lágrimas y las penas, por el encuentro generoso de la vida que te trajo a la mía, por todo eso, guapa Inma, te deseo toda la felicidad del mundo, y aunque te fastidie, yo sí deseo que cumplas muchos por egoísmo, porque quiero disfrutar muchos años más de la madurez de una mujer estupenda que me enseñó que cualquier situación puede enfrentarse con la calma y la serenidad de una hermosa sonrisa… Felicidades, mi sonrisa favorita.

22 nov. 2014

RESEÑA POR JUANJO GONZÁLEZ DE "EL INFIERNO CABE EN UN SUSPIRO" (Presidente de la Asoc. Cultural Anduxar).

Anoche viví en Andújar uno de los momentos más mágicos de los recorridos hasta ahora. En el Aula Magna del Palacio de los Niños de don Gome, un lugar precioso y privilegiado me recibieron los personajes de "La venganza de don Mendo", para mí fue un placer tener enfrente a damiselas y caballeros con trajes de época, Pendientes de una historia que les cogía muy lejos en el tiempo pero que absorbieron y mascaron suavemente, sin prisas, charlando y comentando como si los dos tiempos, pasado y presente si hubieran alineado para hacer un todo. Y entre todos ellos estaba Don Nuño (Juanjo González, presidente de la Asociación Cultural Anduxar) que desgranó su opinión sobre una novela que se presentaba en un lugar plagado de historia y tradiciones. Y Juanjo, con una voz serena, tranquila y pausada habló así:

"Encarni nos lleva, con una prosa fluida, serena a veces, vibrante y alegre otras, con descripciones precisas, con un lenguaje sencillo, fácil de leer, fácil de entender.
Se agradece cuando el escritor/ ra se deja de grandes vericuetos del lenguaje para explicar con palabras sencillas tanto las cosas sencillas como las cosas complejas.
La historia, historias que nos narra con una precisión exhaustiva en el juego de los tiempos, y que va cruzando y entrelazando en las vidas de varios personajes, es real como la vida misma, más allá de que ella la conozca o no, da igual, son historias, vivencias, que cualquiera de nosotros hemos podido vivir, o conocemos, o tenemos cercanos a quienes las han vivido.
Retrata a la perfección la vida con las leyes no escritas pero conocidas por todos de una mujer joven en un pueblo viejo, con costumbres ancestrales del "qué se debe hacer", del "qué dirán" del "cómo deben de ser", incorporando todo lujo de detalles. Y dejando entre líneas o a veces más expresa la desigualdad, aún no superada, de cómo se valoran los actos de la hembra frente a los del varón, con esa crudeza que nos permite el lenguaje sin llegar a lo soez, claro, directo y entendible.
Nos lleva y nos trae, continuamente, por paisajes y vivencias de los personajes que en su fluida y preciosa prosa nos hacen vivirlas con ellos, nos hacen sentirlas, nos hacen identificarnos, amar u odiar a los personajes, y sobre todo descubrir que casi nada es lo que parece, y que nadie está exento del cielo o del infierno, dependiendo de la puerta que abramos y traspasemos o no, quedando siempre a nuestra decisión.
Tengo que deciros que me ha encantado la lectura del libro de Encarni Barrera, que me ha emocionado y he viajado a través de sus descripciones geográficas en sus idas y venidas por esa preciosa Sierra Mágina y muchos otros lugares de pueblos y ciudades cercanas, nuestras, vecinas, andaluzas y muchos de los lugares descritos, conocidos por este que os presenta con orgullo un libro, a mi modesto entender, bien escrito, bien ordenado, limpio, permitiendo que llegue a nuestras manos para su disfrute.
Relata con precisión el tiempo y los medios de comunicación actuales, donde las nuevas oportunidades de comunicación abren ventanas enormes por donde podemos volar, perdernos o regresar, donde a veces ni tan siquiera podemos elegir, ya que dependiendo del viento y de lo desconocido, nuestro destino puede ser absolutamente incierto, y casi con toda seguridad muy diferente a lo previsto o imaginado.
Baja y sube al mundo de las pasiones, del dolor y el sufrimiento, de la entrega y el más absoluto desprecio hasta de la propia autoestima. Hay mensajes...muchos, pero todos esos dejaremos que el lector los descubra por sí mismo, y los disfrute al mismo tiempo. Hay vidas, vivencias, alegrías y sufrimiento, condimentos para hacer de "El infierno cabe en un suspiro" un libro mucho más que interesante, toda una invitación a mirarnos en algunos espejos, y quizás encontremos en ellos algún reflejo de nosotros mismos.
Gracias, Encarni, por entregarnos este precioso trabajo".

21 nov. 2014

ESCRIBIENDO CON EL CORAZÓN... (Reflexiones sobre la novela romántica)

Se nos enseñó siempre que el amor lo mueve todo, o el desamor; el amor, el odio, la empatía, la indiferencia. Somos sentimientos. Todo lo rigen los sentimientos. La codicia, la ambición, los deseos materiales, carnales, el poder… Toda nuestra vida se mueve por las vísceras, por las entrañas, por los gestos que unen o desunen, que acercan y que alejan. Somos sentimientos. Somos cálculos mentales y emocionales. Y llegada aquí mi reflexión me surge una pregunta: ¿Por qué cuando alguien escribe intenta no confesar que su escrito está lleno de sentimientos? Las personas que escriben relatos de misterio lo proclaman, lo gritan, se sienten orgullosas, al igual que quien escribe sobre hechos históricos, sobre personajes históricos, incluso quien escribe erotismo, quien escribe sexualidad pura y dura lo proclama sin pudor. Olvidamos que hasta el héroe más aclamado tuvo una vida personal, pasional, emocional, que odió y que amó, que sufrió por amor o que hizo sufrir. Entonces ¿por qué quien escribe sobre sentimientos siente tanto pudor en que se le tache de romanticismo, o de ñoñería? Todas las personas sufrimos, vivimos, sonreímos por el amor o el desamor. Nos mueve hasta los estados de ánimo. Los personajes históricos vivieron su amargura o su felicidad junto a personas a las que amaron; los grandes genios reconocieron que su obra fue mejor, o más intensa, o más amarga cuando tuvieron a su lado a personas que les hicieron sentir, no importa el qué, pero sentir. Los estados del ánimo han regido batallas, han movido gobiernos, han catapultado a famosas y famosos, los estados del ánimo de su corazón… No entiendo a los grupos feministas que desprecian las historias de amor, ¿por qué? ¿Acaso las grandes luchadoras por la igualdad no tuvieron sentimientos encontrados, pasiones vividas, empatías, filias y fobias? Entonces ¿sólo nos interesa de un personaje famoso, de un héroe, de un artista, su obra? ¿Acaso el resultado de ella está cercenado de su vida personal o por el contrario es el resultado, tal vez, de esa vida personal, emotiva, emocional, pasional, amorosa? No entiendo los trozos, comprendo la totalidad, una persona es lo que es por cómo vivió su vida, por quién estuvo a su lado, por los pasos dados en todos los aspectos, no somos partes, somos un todo. Y en ese todo juegan un papel muy importante los sentimientos, los grandes reyes que movieron coronas, que cambiaron la historia por historias de amor; los grandes escritores que narraron vivencias propias amorosas, incluso sexuales, los grandes pintores que nos dejaron inmortalizadas las imágenes de amores y por lo tanto intimidad propia… Entonces (de nuevo) ¿por qué nos avergonzamos cuando hablamos de leer una historia de amor? ¿por qué intentamos no confesar que escribimos sobre sentimientos? ¿no sentimos? ¿no amamos? ¿es más importante, o mejor, o más gratificante escribir sobre crímenes o misterios? ¿POR QUÉ?... A veces creo profundamente en la estupidez humana, como diría Einstein, infinita… Nos hemos permitido el lujo los humanos de catalogar según lo han decidido o lo decidieron unas cuantas personas, hemos absorbido creencias de otros, opiniones ajenas porque ante la mayoría están mejor vistas, porque son más frías, más pragmáticas, y nos estamos moviendo en un mundo en donde hablar de sentimientos está trasnochado, o es ñoño, o es cursi ¿por qué?... ¿Por qué está mejor vista una historia de amor hacia los libros, hacia los animales, que una historia de amor entre dos personas? ¿por qué es más “actual” y menos vergonzoso reconocer que se escribe erotismo, presumir de que se lee erotismo a confesar que nos gustan las historias de amor? ¿Tan malo es confesar que nos emocionamos con una historia de amor?... Entonces ¿por qué ese desprecio a las mal llamadas “novelas rosas”? Son sencillamente historias de amor, intimistas y sentimentales. Se escriben novelas de ciencia ficción, de situaciones que jamás ocurrirán, fruto de imaginaciones estupendas y fructíferas, pero ¿por qué mejores que las historias reales, que pueden pasar, llenas de situaciones cotidianas? Y si es así, ¿por qué nos cuesta tanto reconocerlo?... Bécquer, Neruda, Benedetti… Sabina, Milanés, Serrat… ¿Les suena?... Palabras de amor, sencillas y ciertas… ¿les suena?... Los suspiros son aire y van al aire…¿les suena?... Puedo escribir los versos más tristes esta noche… ¿les suena?... ¿Sí, verdad? Y no pasa nada, porque ellos son GRANDES, hicieron grande al amor, le dieron grandiosidad a los sentidos y a los sentimientos, nos inundaron de pasión, nos movieron por dentro…¿por qué actualmente huimos del amor, lo catalogamos de ñoñería, de romanticismo? El Romanticismo fue un movimiento artístico y cultural. Tan importante fue que en la segunda mitad del siglo XIX llenó de maravillas literarias y culturales nuestro país… ¿Entonces…?

Yo escribo sentimientos, me gusta, me resulta emotivo y emocionante, me fascina hacer vivir situaciones anímicas y emocionales, pasionales, reales, sacar la miseria del odio, de la infidelidad, del desencanto, de la decepción, del llanto…pero sobre todo sacar la grandeza del amor, no sé si lo hago bien o mal, tampoco me importa, escribo porque crezco, porque vivo, porque siento, y sinceramente, creo que una persona tiene que vivir cuando narra, porque si sólo piensa en cómo lo van a vivir los demás se está perdiendo lo mejor del trayecto. Creo que para llegar al corazón ajeno primero hay que llegar al propio, y el corazón no entiende de pulcritudes lingüísticas, de metáforas imposibles, a mí me gusta, simplemente, vivir…

20 nov. 2014

CATÁSTROFES DOMÉSTICAS... (Retomando aquellas reflexiones de una ama de casa).

Reconozcámoslo: Nos desconcierta escuchar lo que no teníamos previsto… Esto, dicho así, suena a despiste, pero no es tal. Vamos a ponernos en situación. Después de una discusión (sea con quién sea, de la índole que sea) que termina por falta de tiempo y con algunos flecos sueltos, decidimos por unanimidad (es decir, sólo nosotras) que la discusión continuará en la primera oportunidad que se nos brinde, y como somos previsoras nosotras vamos haciendo un discurso perfecto que nos contamos a nosotras mismas y que nos aplaudimos, porque, obviamente, llevamos razón. Esto se agrava mucho cuando la discusión es con nuestra pareja, tanto se agrava que esperamos como cazador a su presa, que la puerta se abra y el pobre infeliz aparezca; para entonces ya hemos ensayado la pose de “mosqueo” comedido, monosílabos varios para cuando él, pobre criatura, diga eso de “¿Te pasa algo?”, y entonces retomamos la discusión de siete horas atrás, esa que él ha olvidado y que nosotras (para ser sinceras) tampoco recordamos el motivo por el que se generó. Somos así, puede que una no, pero las noventa y nueve restantes que levanten la mano si no les ha ocurrido alguna vez. Llegados al punto de la dichosa pregunta nosotras abrimos el misal y comenzamos la disertación que, durante siete horas, hemos estado puliendo mientras hacíamos camas, fregábamos platos, preparábamos comida, doblábamos ropa y comprábamos en el súper más cercano. Es perfecta, hemos modulado hasta el tono para conseguir una voz sinuosa, insinuante, melosa, crítica, convincente, maternal, poderosa, es decir, el tono perfecto para que al final de nuestra disertación la pobre presa que escucha con el gesto de “Yo no sé a qué viene esto” nos diga justo lo que deseamos oír. Pero claro, nos olvidamos de que él, que en ocasiones usa la lógica de manera impecable, ha olvidado la discusión matutina que fue originada por dejar fuera del armarito del baño la espuma de afeitar, por lo que, a esas horas ya ha decidido que el motivo del enfrentamiento es banal, que no merece la pena darle más vueltas y te escucha como quién oye llover, deseando que la lluvia cese y maldiciendo a la dichosa espuma que ha hecho que lo sometas a semejante discurso… Pero no, tú sigues con la retahíla de improperios, eso sí, revestidos de un tono especial y mimoso, pero improperios, y estás llegando al final mientras imaginas las divinas palabras que te caerán después, un beso suave, un “lo siento” sentido, una sonrisa cómplice, una miradita enamorada, y eso te da unas pocas más de alas… Cuando de repente callas, has terminado, has bordado tu intervención, preparas tus labios y tu mejilla para el beso, tus oídos para el solícito perdón y tu mejor sonrisa para la absolución resulta que, tu compañero, el que cometió el tremendo horror de dejar fuera la espuma de afeitar, se levanta de la silla en la que había estado postergado, te mira, se da media vuelta y murmura un “no sé a qué viene esto, pero muy bien”… Y tú lo ves salir del espacio en donde lo has tenido preso durante los treinta minutos que ha durado tu charla-soliloquio, te quedas con los labios fruncidos, no hay beso, no hay sonrisa, escuchas los pasos que se alejan, te enfadas de nuevo, piensas que eres una incomprendida, piensas que le odias con todas tus fuerzas, piensas que cualquier día te vas y que se apañe, piensas que has hecho el ridículo y ahí sí llevas razón… Situación cotidiana de pareja cotidiana… ¿Y qué?... La vida en pareja está llena de “errores graves” como dejar la espuma fuera del armario, dejar subida la tapa del inodoro, hacer la cama de forma asimétrica, escuchar la pregunta del millón, ésa de “¿Dónde hay unos slip?”…te asalta la vocecita lógica, te dice que en los momentos importantes no hay quién iguale al pedazo de borde que se aleja por el pasillo, que ha olvidado la discusión de la mañana, que te ha escuchado paciente desmenuzarle todos sus defectos, eso sí, con un tono de voz precioso; sabes a conciencia que antes de que termine el día surgirá otro grave error del tipo de que hizo la ensalada en un bol que no era… Y entonces, cuando consigues comprender todo eso, sonríes, recuerdas, te ríes de ti misma, vas hacia él, le besas tú, él sigue sin entender por qué ahora le besas después del rosario de imperfecciones que le has lanzado, pero te besa, te sonríe, te dice que te quiere, y sabes que es verdad, porque si no fuera así, a ver por qué motivo iba él a soportar esos días tuyos con ganas de bronca, esas ilógicas razones para sacar a la luz sus puntos negros, por qué iba a sonreírte después de escuchar todo lo que le has dicho… Somos así, y quien esté limpia totalmente de momentos tan “razonablemente femeninos” que levante la mano y diga que jamás le pasó… Pero, para la próxima vez, en lugar de aprendernos un discurso inútil e injusto, deberíamos de recordar las veces que nosotras, perfectas totalmente, hemos dejado fuera el tarrito de la crema de las manos, el esmalte de uñas…y el mundo siguió su curso… Buenos días, queridas y risueñas amigas…

17 nov. 2014

LA VIDA QUE VIVO... (Poesía)

Quizás fui débil, ¿cuándo?
en algún momento olvidé mi valentía,
hubo un día anónimo que me robó la fuerza
que instaló a hurtadillas la cobardía.
¿Cuándo fui tan débil que mis miedos me vencieron,
cuándo fue que me ahogué en la pena espesa
del quiero pero no puedo, pero no debo?
Un día gris me invadió la bruma oscura
del desaliento que siempre fue vencido,
un día gris se ocultó mi luna llena
por eso avancé hasta el precipicio.
No caí, no caigo nunca en gritos de vértigo y vacío,
remonto en una esfera azul que me alienta a renacer,
la misma que señala mi camino…
Pero fui débil, no sé en qué momento
el hielo congeló mi último suspiro,
ahora no, ahora sé que quiero,
que puedo, que deseo y que no debo,
pero quiero y del querer visto el destino.
Ya pasó ese instante gris y espeso,
no soy cobarde, nunca lo he sido,
y aunque lo fuera me vestiría de acero
para ocultar mi llanto y aceptar mi castigo.
La vida caprichosa que me entrega
debilidad, cobardía y desatino,
es la misma que ofrece fortaleza,

la misma que lucho y la que vivo.

14 nov. 2014

PRINCESAS ROTAS.... (Reflexión de una madre)

Hoy me hizo reflexionar un video, un sencillo video sobre las jovencitas en las redes sociales. Esas niñas, menores de edad, a cargo de sus padres…y de sus madres. Esas madres que no han sido guapas, que no han sido estilizadas, que no tuvieron piropos y que de repente se encuentran con que su hija es una adolescente de catorce o quince años, llena de curvas, provocativa, que ha tenido un desarrollo un poco rápido y que hace volver los rostros masculinos cuando va por la calle. Hoy me encontré con un video sencillo sobre las redes. Sobre esos dos mil amigos que una niña de catorce años, espeluznantemente, atesora en páginas virtuales. Amigos desconocidos para los padres, comenzando con que ya, con catorce años, es ilegal que una niña (o un niño) esté en este mundo de la mentira cocinada a golpe de tecleo, de chateo y de twiteo. Hay ocasiones en que la pena se instala en los ojos. Esas madres que pulsan Me Gusta a las fotos, con unas poses atrevidas, osadas, sugerentes, sensuales, de una niña, de SU HIJA. Esas madres que viven como propios los piropos a la criatura que parieron, que viven como propios halagos, y que los fomentan, y que los aumentan, y que los presumen… Se nos está yendo la cabeza tras el éxito nefasto de deditos para arriba. Se nos está olvidando que tenemos entre los dedos arcilla maleable, que tenemos que perder tiempo en darle forma, en darle cariño, en hacer y crear un recipiente único y bello, pero sobre todo útil y sólido, que no se rompa tras el primer golpe, que sea capaz de contener, de almacenar material válido para la vida. Esas niñas que se debaten entre amores apasionados con chicos virtuales que las llenan de palabras hermosas, que las invitan a abrir un chat, que las hacen reír…esas madres que ignoran con quién está conectada su hija a través de whatsapp, que la ve en línea pero desconoce al interlocutor que se oculta al otro lado, que no sabe lo que significan los motes que ella, su hija, esa niña inocente de catorce años, ha adjudicado a chicos a los que sus padres ni conocen, ni tienen intención de conocer… Hoy miré un video sobre una adolescente en internet, y me dio miedo y me dio pena, recordé a adolescentes preocupadas por salir bellas en las fotos, posando como auténticas modelos, mostrando una incipiente sensualidad, recordé a adolescentes preocupadas por ser admiradas, por ser aceptadas y ser deseadas, y recordé a madres, orgullosas de las poses sugerentes de sus niñas, madres ocupadas en conseguir sus piropos propios, instaladas en una edad que medra el éxito material, porque el personal, el físico ya les queda lejos, orgullosas de sus niñas-princesas, ignorantes de los movimientos de sus hijas, ocupadas en ascender, en subir, en ser aceptadas a una edad en la que ya, desgraciadamente, tendrían que haber superado el síndrome de Bella Durmiente…pero sobre todo no vivirlo en sus hijas, no podemos reflejar en nuestros hijos nuestros propios traumas ni deseos juveniles, no nos toca, no nos corresponde, nos corresponde hacerles vivir a ellos una adolescencia limpia, lejos de lobos escondidos en pantallas, lejos de palabras adultas en bocas casi infantiles, lejos de poses lascivas en cuerpos que nacen a la vida. Como diría el juez Calatayud (que no es cualquiera), los padres deberían de ser denunciados por permitir a sus hijos e hijas menores acceder a un espacio vetado todavía, somos los padres los responsables, no culpemos de adicciones a quienes todavía deberían de estar siendo moldeados por nuestro ejemplo. Los padres somos los encargados de su estabilidad mental, no les culpemos cuando requieran la intervención de un especialista en psiquiatría (me consta que los hay)… Creo que debemos de madurar los padres…las madres, sobre todo las madres, que no sé por qué, estadísticamente somos las que más animamos, jaleamos y pulsamos los Me Gusta en esas páginas adultas que permitimos a nuestras hijas adolescentes, y no contentas con eso, algunas madres se permiten la licencia de insultar comentarios que no sean a favor de la princesita con insultos hacia otras y otros adolescentes… Sinceramente, creo que se nos está yendo la pinza, que estamos perdiendo el norte y que no estamos cumpliendo con nuestra obligación primera al parir: Cuidar a nuestros hijos, hacerles personas responsables y velar por su respeto y su integridad física y mental… Mi opinión personal…

13 nov. 2014

MI COMPAÑERO... (A mi marido, compañero fiel)

Has dado sombra a mis días,
has caminado mis horas,
has vigilado mi sueño,
has calmado mis zozobras.
Árbol fuerte, cobijaste
mis ojos cuando han llorado,
en tus brazos has acunado
mi cuerpo cuando ha sufrido,
mi corazón lastimado.
Llegaste tan en silencio
que no escuché ni tus pasos,
tus dedos han recorrido
poro a poro, palmo a palmo,
has sido timón seguro,
eres silencio si callo,
eres agua si sed tengo,
eres amante y amado.
Has dejado en libertad
mi espíritu rebelado,
tus palabras en mi oído,
tu cuerpo dulce sudario,
mi templo cuando yo rezo,
tu mano ha sido mi mano,
esos ojos que me alientan,
esos consejos tan sabios.
La bondad de tu sonrisa,
tu espalda siempre cargando
con la carga de mi vida,
has sido música y canto.
Tantos años recorridos,
tantos besos entregados,
tanta alegría, tanto duelo,
primaveras y veranos
segando mieses sembradas
en inviernos ya lejanos.
Eres mi lar, eres fuente,
eres mi amor, eres lluvia,
eres monte y eres llano.
Compañero fiel y eterno,
confidente, confiado,
abriendo caminos nuevos,
alentando y escuchando;
por eso que fuiste y eres,
por lo que aún te reclamo,
por los días venideros,
por el futuro cercano,
serás por siempre la sombra

que yo desee a mi lado.

DIA DE COMPRAS CON LLUVIA. DESESPERANTE... (Título largo para jornada interminable)

Lo de ir de compras es algo tan divertido que a la mayoría de las mujeres nos sube la adrenalina sólo con imaginarnos recorriendo tiendas, probadores, cogiendo bolsas, balancearlas con una alegría pueril llena de incógnitas que nos hace ser felices por momentos… Bueno, eso ocurre sólo en los anuncios o si el día es una jornada soleada, perfecta, que nos lleva al éxtasis del deseo conseguido sin que nadie nos haya tocado ni un solo pelo. La realidad otoñal-invernal es distinta. Un día lluvioso, ventoso, gris e inhóspito como que está reñido con las compras, al menos no se asemeja en nada a la plácida jornada consumista que nos enseñan en las teles. Prueben sino las señoras. Coger el paraguas, salir a la calle, ahora no llueve pero amenaza, colocarse el pañuelo en el cuello porque el viento viene gélido, abrocharse un abrigo que nos encorseta y nos priva de movimientos gráciles y juveniles, comiencen el recorrido, luchar contra el viento, el ceño se frunce, hace frío… Pero por fin se alcanzan esos grandes almacenes en donde la navidad, el otoño, la primavera y el verano llegan antes que a ningún otro lugar. Miren las prendas, soporten el acoso de una dependienta super solícita que parece estar buscando ser nombrada empleada del mes, pero a una no la deja en paz preguntándole la talla (cosa muy grosera por otra parte, si la señora tiene necesidad ya la dirá voluntariamente). En los grandes almacenes la calefacción está al menos veinte grados por encima de la capacidad de aguante con el abrigo puesto, te lo quitas, ahora ya tienes un paraguas, un bolso y un abrigo, con estos tres accesorios miras (como puedes) entre los percheros que encima se obcecan en dejar oculta la etiqueta con talla y precio y tienes que apartar a manotazos las perchas para comprobar, con fastidio, que no es ni tu talla ni tu precio… Milagrosamente encuentras algo que te gusta, tocan probadores, dejas en el suelo el paraguas, en la banqueta el bolso, cuelgas el abrigo, te desnudas, no te convence, compruebas que has sudado…¡sí! a pesar del frío que hace fuera tú has sudado, porque soportar los 35 grados del interior con el abrigo a cuestas conlleva un esfuerzo supremo que te hace derrochar líquido por lugares que por decencia y orgullo femenino no se dicen… Cuando encontraste lo que deseabas buscas unas medias ¡qué tontería!, unas simples medias, pero te haces un lío entre los doce stand en donde hay cajas apiladas con miles de nombres, y decides, por una vez y sin que sirva de precedente, buscar a la atenta dependienta, que por una vez en tu vida no está, miras, buscas, la encuentras de charla con una compañera, le haces una señal, te dice que esperes con otra señal (el vocabulario femenino de gestos es tan amplio como incomprensible para los varones), miras los stand mientras las dependientas se cuentan su fin de semana, te acuerdas de algún familiar de ellas y sigues sudando, porque los treinta y cinco grados, aunque ya estés despojada del abrigo, siguen siendo demasiados grados para la camiseta de punto y manga larga que llevas, para las botas altas con calcetín debajo, para el pantalón elástico y grueso y para la paciencia de acarrear con el paraguas, el abrigo, el bolso y la bolsa conseguida tras encontrar tu talla y tu precio… Cuando consigues que te atiendan, consigues tus medias, consigues una bolsa más y rematas con unos zapatos, sales fuera… Has olvidado colocarte el abrigo, fuera hay veinte grados menos, buscas un lugar en el que dejar todo el bagaje que portas intentando mantener la dignidad. Cuando consigues colocarte el abrigo, el fular debajo, coger las tres bolsas (una de ellas con una caja dentro) ponerte bien el bolso sientes que unas gotas te mojan la cara…

Llegadas a este punto respiras profundamente, con una resignación recién descubierta abres el paraguas, coges (o lo intentas) bien las bolsas, y descubres que el viento ha decidido hacerte la puñeta, el paraguas da bandazos de un lado a otro, como puedes intentas recuperar el control, las bolsas no te caben todas en la misma mano, el bolso se va bajando del hombro, no controlas el paraguas, te estás mojando entera, las bolsas también. Y comienzas a visualizar el anuncio de las señoras cargadas, contentas, que mecen sus compras cogidas por unas asas que no se clavan en las palmas de las manos, con una sonrisa feliz, aquí tú ya has olvidado cómo es tu sonrisa, sólo tienes ganas de cruzar la calle, alcanzar una cafetería, dejar las bolsas en una silla a tu lado, jurar sobre el diario de Desigual que jamás volverás a salir de compras en invierno, o tal vez no lo hagas nunca más, porque has comprobado que te estás traumatizando, cuando consigues hacer realidad el sueño de estar delante de un café compruebas que los pantalones gruesos y elásticos están empapados porque el taxi que pasó junto al bordillo te salpicó todo el agua que cabía en un charco de, al menos, cuatro metros de profundidad, o lo parecía por el líquido acumulado… ¡No vuelvo a salir de compras lloviendo!... Y al volver a casa descubres que el vestido que te compraste tampoco te gusta tanto, que las medias se te desploman, los zapatos te aprietan…que tus prendas íntimas están mojadas por el sudor, las prendas de fuera por el agua, que tienes deseos de gritar y para no hacerlo  te desplomas en la cama, cierras los ojos, olvidas que te encanta ver llover y te resignas… Una jornada completa de compras invernales… Y si te quedan ganas, el próximo día que llueva repites, que eso está por ver…

11 nov. 2014

BESO... (Reflexiones en un anochecer)

Esta tarde, mientras recorría algunas letras mías, apareció el tema de los besos. Todas las personas hemos besado, es un gesto que nace con nosotros. Somos besados nada más nacer, somos besados cuando nuestra partida eterna es inminente, somos besados cuando lloramos en compañía como gesto de consuelo, besados como gesto de alegría. El beso es el gesto internacional más común y corriente que existe. Damos besos sin ton ni son en ocasiones varias, a desconocidos, por rutina, por costumbre, sin pensar, medio dormidos, medio despiertos, al salir y al entrar… Y creo que no hay un gesto que haya sido descrito, escrito, publicado tanto como el beso. Se escribe en poesías, se desmenuza en novelas, se nos instala en los televisores, se nos refleja en fotos… El beso es el gesto íntimo más publicado y más mencionado… El beso… Pero ¿y esos besos secretos, ocultos, prohibidos, callados, vividos, soñados, sentidos?... De esos están los poemarios llenos, las novelas rosas repletas, porque, sinceramente, para mí hay dos gestos totalmente eróticos, no por los gestos en sí, sino por lo que esconden: un beso prohibido, un roce de los pies debajo de la mesa. Nada comparable. Tal vez porque hemos perdido un poco el sentido de lo erótico para creernos que es una chica en lencería, que puede ser, ¡por qué no!, pero a mí que me den gestos ocultos, esos gestos que sólo conocen los participantes a la fiesta. Que luego no dirán, no contarán, no comentarán. El erotismo es imaginar, es suponer, es soñar, no es mostrar ni siquiera un liguero, que pudiera ser, ¡por qué no!... Un beso tapado al mundo, entregado a quien se ama, mordiendo unos labios que no son rutina sino que se poseen por la magia de la entrega voluntaria, ese roce tranquilo, sin prisas, de dos amantes que se dan cuenta de que el tiempo se les va y tratan de retenerlo entre los labios, porque luego, cuando no estén junto al otro sólo quedará el recuerdo de la entrega, la memoria del roce prohibido, ese que sólo les pertenece, que no aparecerá en fotos, ni en textos, ni en televisiones, ni se dará delante de ajenos. El gesto por excelencia de los amantes es el beso. Es el único gesto que puede llevarse a cabo al volver una esquina, vigilando no ser vistos, en la oscuridad de un pasillo con voces lejanas a pocos metros, en un descuido de ojos que miran y que se despistan durante décimas de segundos… Lo prohibido, el beso robado. Hay una frase que se me quedó en el alma cuando la escuché, la de un hombre al amor de su vida en una de esas despedidas despiadadas con que el destino a veces rasga el alma: “Te hubiera robado un beso…” ¿Robar un beso? Los besos no se roban, porque en el gesto de besar, la otra parte, si entrega, dona, no es saqueada, no es despojada, regala el mismo sentimiento… Esos besos que nos persiguen, los maternos, los paternos, los filiales, los de amigos, los entrañables besos de los abuelos, en todos ellos siempre hay uno, ese beso especial que se dio en un momento especial, a esa persona que nos hizo llorar o reír, ese beso bendito o maldito, ese que nos consuela o nos enrabia. El beso, el ósculo, el trémulo roce de unos labios en tu piel, en la frente, en la mejilla, en la mano, en los dedos…en la boca. El plácido beso de una llegada y el cruel de una despedida, el momento del antes y el después, el de la dicha o el de la tristeza. Besos que nos proporcionan aire, oxígeno, la terapia perfecta contra la desidia de vivir diaria, el recuerdo del beso amado, el que nos hace cerrar los ojos y llorar, o sonreír, o volver a evocar el perfume de una piel que se acercó a la nuestra en el momento preciso y justo… Un beso… Sólo un beso y te puede dar la vida, y recordarlo te sigue dando vida cada minuto que viene a la memoria, y se nos instala el rostro aquel que besó y que otorgó la eternidad… Esta tarde tocó hablar de besos, de esos que todos recordamos, los que irán con nosotros hasta la muerte, y aun allí, si hay alma, seguirá recordando el momento en que fue besada y consentida y llorada y consolada y mimada… Los besos son actos físicos que vive el alma, el espíritu; una vez dado un beso no puede devolverse, igual que nadie puede robarnos el momento preciso en el que amamos carnalmente a la persona que se quedó entre los recónditos lugares de nuestro cuerpo. Besar siempre, porque en cada beso se entrega vida, se recibe vida, se otorga el perdón, se agradece, se ama y se mima… Mimar la memoria para que nunca olvide los labios que se hicieron perpetuos y eternos en los nuestros.

10 nov. 2014

ADIÓS... (Poesía)

Por tus ojos cerrados a mi llanto,
por tu corazón helado a mi dolor,
por tu boca que no supo besarme,
para encontrar mi vida, digo adiós.
Por la que fui antes de conocerte,
por ese hielo que fuiste moldeando,
por sacarte el corazón y estar vacío,
por haber sufrido a tu lado tanto.
El adiós que culmina con mi noche,
el dolor que termina entre mis sienes,
el placer de volar no sé bien dónde,
pero buscando el lugar que me merece.
Por los vientos que soplaron siempre en contra,
por los minutos robados a mi aliento,
por la lucha de mi yo conmigo misma,
por las heridas que curar no puedo.
Por tu voz sesgada de cariño,
por tus pies que ya no me seguían,
para encontrar atardeceres nuevos
donde hallar la paz que perseguía.
La paz que nunca diste y que pedías,
la que entregué sin medida y sin trabajo,
la paz que perdí junto tu rabia,
la que ahora busco en esta cuesta abajo.
Adiós que sabe a libertad,
adiós que sabe ya a consuelo,
a insultos pronunciados, a gritos ya olvidados,

adiós que digo ya sin miedo.

7 nov. 2014

OLVIDADO AMOR... (Contra el maltrato contra la mujer)

Olvidado amor:
            Me he sentado a repasar la vida. Esa que desde hace más de un año ya es la mía, y aquella que durante tantos años fue la tuya. O la nuestra. No podía recordar los besos, algo fuerte me atenazaba la garganta, me dejaba sin voz y sin aliento, un cepo que dejaba sin aire mis pulmones, como lo hacía tu mano cuando te enfadabas. Cuando te enfadaba yo. Me hablan de que era maltratada, de que me humillabas y me robabas mi dignidad y mi respeto. De que me violabas y pisabas mi valía. Yo sólo sé que te quería. También sé que dejé de hacerlo. He recorrido como entre niebla aquel primer día del primer golpe, el miedo y la sorpresa, los dos enlazados, mis manos en mi rostro, ocultando el llanto, tus gritos en mi oído, los golpes que aumentaban, los insultos llenos de saliva y de desprecio. Y yo te amaba. Luego me enteré de que no era la única, descubrí manos tapando rostros, muchos rostros y muchas manos, descubrí muchos hijos escondidos detrás de puertas, tapándose los oídos y callando el llanto. Supe que morían, algunas morían, dejaban el rastro de sangre sobre el suelo y en las manos a las que un día regalaron caricias. He entrado en esa lista infinita de mujeres desamadas, de ojos tristes y labios sin sonrisas. He ido a parar al grupo de las víctimas.
            Hoy decidí escribirte y contarte cuánto amor se fue conmigo, en mis espaldas, entre mis uñas, pintando mis labios para que los besaras, vistiéndome con ropas que abrieran tu deseo. Jamás sabré cuáles eran los motivos; intenté ser perfecta entre las paredes de un hogar que me prometiste nuestro, nunca me hablaste de noches sin sueño, de esperas aterrada mientras miraba la puerta, no me dijiste que tendría que esconderme de tu ira, que dejarías caer tus puños hasta que yo arañara el suelo, ni me hablaste de mis hijos asustados, envueltos en miradas de pánico., enfrentarse al futuro y seguir caminando. Hoy estoy recordando. Creo que fui fuerte, sólo lo creo. He mirado hoy la lista de las que, como yo, decidieron dar un paso. Yo puedo hacerlo, hay quien ya, después de las noches sin lunas y los días inciertos, dejó de soñar, dejó de esperar y dejó de vivir. Ahora su madre lleva flores al cementerio, y mira la tierra que acoge a su hija, a la que entregó para darle nietos. La que ha dejado a sus nietos sin madre, a su padre sin hija. Somos números, somos nombres, olvidadas mujeres que amaron, mujeres sin vida; las que caminamos mirando hacia atrás, las que volvemos con miedo las esquinas, las que cerramos las puertas con hierros, no abrimos ventanas. Yo creo que ya ni tenemos vida.
            Hoy decidí recordar. Hacía tiempo que no me paseaba por la reja con púas y espinas. Y tú tienes madre, y hermanas, y tenemos una hija. Te parió una mujer que te dio la vida, y sin saber por qué la mía me la quitas, o al menos eso intentaste, por eso ahora estoy aquí, soy una más, soy víctima. Me encontraron tumbada en el suelo, dicen que apenas respiraba, tu hija y la mía lloraba, tus hijos gritaban. Y yo quiero mi vida. No tener que pasear con miedo, no tener que mirar detrás de las esquinas, abrir la ventana y respirar, y volver a amar. Y tener días soleados y lluviosos, pero vivirlos sin miedo, sin rabia, sin ira. Soy un número, una cifra, una mujer que ocultó que era golpeada, que era insultada, que quería morir, que carecía de sueños, de ilusiones, que perdió la alegría.
            Olvidado amor, aquel al que amé tanto que estuve a punto de entregar mi vida y de perderla entre tus manos. No comprenderéis jamás el dolor que dejáis, pero tampoco seréis conscientes de la fuerza con que nos revestís, de las uñas que clavamos en las manos hasta chillar de dolor y de impotencia. ¿Nos lastimáis porque somos débiles? No, nos lastimáis porque os amamos, porque somos fuertes y nos teméis, porque os teméis a vosotros, a vuestra soledad si nos vamos. Dependéis tanto de nuestra entrega que la amarráis a golpes y a salivazos, con insultos vengativos de cobardía, con manos que no saben entregar, sólo saben robar la bondad generosa de las almas y de los ojos. Nos tenéis miedo, tanto miedo que para vencerlo necesitáis anularnos.
            Hoy he mirado el sol y te he olvidado. No supe que al hacerlo me entregaba el derecho de sentir el calor de la vida propia. Hoy he decidido gritarlo. Gritar que fui maltratada, ya no me avergüenza, ya lo he superado. O eso creo, o eso necesito creer para dar el siguiente paso, para volver a enamorarme, a besar otros labios, unos labios que no me insulten, que no me escupan, unas manos que acaricien, que no me golpeen, que cojan mis manos y me hagan caminar segura. Me merezco seguir caminando. Por lo que luché, por lo que viví, por lo que he amado… Pues por todo eso, aunque sea un número, aunque esté en la lista, esa eterna lista de nombres golpeados, me merezco mirar sin vergüenza, mirar sin temor… Por todo eso, para mí, ya tan sólo eres un amor olvidado.


               

4 nov. 2014

REGALARTE EL UNIVERSO... (Poesía)

Me has recordado lo que en el pasado fue,
y mariposas escondidas jugando a un no sé qué;
que mis ojos te seguían y mis besos recordabas,
y sin pensarlo siquiera me dijiste que me amabas…
Y mis lágrimas caían, y no supe detenerlas,
y miré la luna triste y me cogí a una estrella,
mordí mis labios con rabia…
yo no quiero que me quieras,
déjame que vuele libre,
que en mis recuerdos me muera,
que no sufra como entonces…
Pero me meció mi estrella,
y me señaló tu rostro,
y tuve que obedecerla…
Me has dicho esta noche dulce que me amas…
¿y qué esperas que pueda decirte yo?
Tantos días, tantas lunas, tantas lágrimas y esperas,
tanto dolor camuflado en sonrisas de princesa.
Mis mariposas se rinden, mis mariposas se entregan,
las que confiesan que vuelan sólo cuando estás tú cerca,
¿que te amo? ¿y aún lo dudas? ya te lo dijo mi estrella,
ya te iluminó mi luna, ya me entregué, ya soy tuya,
ya no conozco otro cuerpo, ni otras manos, ni otras sendas
que no sean las de tu piel, las que caricias me dejan.
Te daría el universo sólo con que lo pidieras,
acotaría los océanos, te acercaría los planetas,
vivir mi vejez contigo, hacer nuestra marcha lenta,
seguir tu dedo al mostrarme lo infinito de la tierra,
volverme viento y rozarte, volverme agua y saciarte,
ser tierra para sembrarme, ser cielo para acunarte,
ser eslabón de cadena que te amarre a mis sentidos,
que hasta la muerte nos ate.
Quedar dormida en tus brazos y respirar con tu aliento,
y soñar con tus pestañas, y perderme entre tu cielo,
y saber que tú me amas y encenderte yo el deseo,
y morirme entre tus labios.
      Regalarte el universo.