31 ene. 2014

CERRANDO PUERTAS... (Reflexiones personales)

Hay días absolutamente nítidos, no por el color del cielo, no por la tranquilidad personal, sino porque, en un momento, en el trayecto de una mirada y el leve tiempo en que se parpadea descubres que estas cerrando una etapa. Descubres que has dado tiempo, que has tenido paciencia, que has hecho lo que debías, callado lo que sabías, ignorado lo que dolía y meditado lo que habías ido aprendiendo, conociendo y adquiriendo... Cuando toca cerrar una etapa siempre miras alrededor, hacia atrás, a los lados...pero sobre todo hacia adelante. Porque al mirar atrás descubres que nada te aportó la etapa vivida, que nada te enriqueció, que nada te regaló, que nada se compartió... Ha sido de esas etapas "parásitas" que digo yo, es decir, que ha estado en tu vida alimentándose de ti, chupándote la energía, haciéndote creer que era buena, que era una etapa rica y por tanto te regalaría valores y principios que no conocías... con el caminar del tiempo se va descubriendo que nada nuevo bajo el sol, que en definitiva todo es una rueda que gira, que se ven los mismos paisajes, que no se descubre ni una hoja nueva, y que te has hastiado profundamente, que te aburres soberanamente, que la ironía te hace crear muecas que ni sabías que existían en tu registro, que la memoria es corta, la crítica malévola, el sentimiento del egoísmo profundo... descubres susurros ajenos que no conocías, que nos has alentado, baldías manos lanzadas en ayudas, baldías palabras de cariño, siniestros puntapiés suaves y mezquinas sonrisas...¡cerrar la puerta!... El refranero español, al que soy adicta, recuerda eso de "Más vale solo que...", y una noche, dando vueltas por mundos extraños descubres que lleva razón... No hubo valores nuevos, ni principios sanos, descubres que nada fue, que hay quien disimuló ser... ¡Cerrando puertas!... cerrando etapas... Llegamos a una edad en que, si somos sinceros con nosotros mismos, descubrimos que nadie es indispensable, pero sobre todo que ni siquiera es necesario... Una amiga mía, de esas de siempre, un día hablando de cerrar ciclos me decía que lo peor que te puede pasar es creer que no puedes caminar sola, y me hablaba del ritmo, si caminas sola vas a tu ritmo, acompasas la respiración a tu necesidad, no tienes que acomodar tu paso al que está a tu lado, no tienes que sonreír por compromiso si te habla, no tienes que afirmar por complacencia si no estás de acuerdo...porque, después de todo, cuando la caminata termina vuelves a casa, cierras la puerta, te quedas sola y si haces repaso del camino descubres que nada te aportaron esos pasos, que nada descubriste que no supieras, que en nada aumentó tu conocimiento... Terminar etapas que se alargan innecesariamente, ver árboles nuevos, porque ver siempre los mismos, en el mismo recorrido de una rutina cruel y vacía no llena el alma ni con tan solo un gramo de nueva y especial experiencia... Hay noches claras que reflejan de pronto mezquindades, y hay palabras recordadas que te hacen sonreír con irónico desprecio hacia uno mismo, ese que te grita "¡Te empeñaste tontamente, te lo dije!", y te miras en las sombras de la nebulosa de los sueños, en el medio segundo que va desde la vigilia al estado de Morfeo y decides que ¡YA!... Cerrando puertas que dejaron a la vista una ilusión que no era, un oasis inexistente... cerrando etapas, cerrando ciclos... abriendo el alma a lo que realmente vale la pena, sin fuegos fatuos, sin mezquindades, sin ruindades, sin ese egoísmo solapado en sonrisas y en palabras de cumplido que ni sienten ni padecen... cerrando ciclos inútiles, que están vacíos y que intentan vaciar a los demás...
Hay días absolutamente nítidos... nieva y llueve, pero la claridad mental, esa que es indispensable, es tal que me asombro... Mi abuelo Jacinto, que era bueno y era sabio, un día mientras lloraba por una decepción juvenil de esas infinitas, me dijo despacio "Aprende a dejar de lado a quien no te coge la mano cuando te has caído, a quien te pisa si estás en el suelo"... Buen día para mirar tras los cristales y comprobar la limpieza de la lluvia...

29 ene. 2014

CARTA A UN AMOR EQUIVOCADO... (Para esos amores de toda una vida)



CARTA A UN AMOR EQUIVOCADO



            Amor de mi vida, que estás presente cuando respiro, cuando despierto en la noche soñando tus manos, cuando camino calles y me cruzo con gentes que hablan, me hablan, me miran, y yo les sonrío y yo pienso en ti, en tu lejanía, en que no estás cerca, en que estás muy lejos… Amor de mi vida, que te fuiste un día, me dejaste sola, me creí morir porque no te tenía, y apreté los dientes, y enjugué mi llanto y supe que tenía que continuar sin ti, sin tu compañía… Después la vida pasó, el tiempo pasó, las gentes pasaron, el amor pasó, yo pasé, todo acabó, mi vida siguió, la tuya ignorando si me recordabas, si en algún momento de calma y de llanto pensarías en mis ojos, en mis manos, en mis besos… Pasó todo, los años se instalaron crueles en mi cuerpo, se blanqueó mi pelo, se arrugó mi piel… mi casa se llenó de risas ajenas y voces conocidas, y de tu silencio…te pensaba siempre en el atardecer, cuando me quedaba sola y podía evocar los ecos lejanos de tu voz alegre, pero era un lujo que no me podía permitir, porque la vida pasaba y yo tenía que vivir… Amor de mi vida, amor equivocado, que te fuiste un día… y que un día volviste, ya sin esperarte, ya sin intuirte, ya sin desearlo, pero tú volviste… Me trajiste el aire de mi adolescencia, de mis días de niña, de mis primeros zapatos de tacón, de mis primeros besos, del rubor de unas manos agarradas y el desangro de un árbol con iniciales grabadas… Me miraste asombrado, te miré y me reí, no era el atardecer, no era el anochecer, de pronto se fue el gris, el cielo se volvió azul y tu sonrisa me llenó de recuerdos perdidos y encontrados… La vida que nos guía, que nos lleva en su cauce silencioso, la vida que nos llena de intriga, de futuro que se esconde entre rincones, imprevisible siempre… la cruel vida, esa que nos alejó para siempre sin posibilidad de enmendar errores…

Te he visto partir, te dije adiós con la mano y con la sonrisa, y mi alma lloraba al verte irte, otra vez, una vez más; me enseñaste las fotos de tu familia, de ella, de tus hijos, me dijiste que tienes un perro, que veraneas en azules profundos y que estás estresado, me contaste que nada es lo que parece, que la obligación ata mucho y evita que las alas se agiten y se levante el vuelo… Me hablaste de nosotros “¿Te acuerdas…?” y reíamos rememorando aquellas largas discusiones que siempre terminaban en un beso. Y yo me enfadaba porque no me entendías…”Nunca te entendí…”, y he levantado la vista y te he mirado al escuchar la confesión en una extremaunción tremenda…y he llorado… No, no me entendiste, pero ya es tarde, tú lo has dicho. Has cogido mi mano, la has besado, y yo he llorado, otra vez, tantas lágrimas ocultas, tantas que no he derramado, que supe que era el momento de llorar, de calmar mi alma junto a ti, a tu lado…y luego verte partir…, no nos entendíamos, éramos apenas unos niños, el mundo era grande, tu deseo de conquistarlo, mi miedo, tu deseo de irte lejos, mi sentido de la obediencia…mi reparo… Tenías que abrir la puerta del destino, entrar en el tuyo, y yo tenía que seguir mi senda, tenía que olvidarte…, no he olvidado…, ni un solo día, ni un segundo pude olvidar… Me has secado las lágrimas, has besado mi mejilla y me has abrazado…y yo me he dejado… ¡ay, amor equivocado!...

Giré en la esquina y miré mi casa, el jardín cuidado, los juguetes por el suelo, la puerta de entrada semiabierta, el sol calentando los rosales, un libro que olvidé en el banco… Mi casa, mi refugio, mi destino dentro…y tú te has ido ahora, hace apenas un rato. Prometí estar bien, prometí llamarte, no nos dijimos nada de lo que pensamos, nos bastaron unas miradas y unas sonrisas, y alguna confesión enmascarada con palabras formales y oficiales, para no desvelar muy claramente que nos amamos, que fue entonces y que es ahora, que será siempre… Esos amores equivocados que se instalan en la piel cuando se crece, y que siguen envejeciendo a nuestro lado, sin verles, sin oírles, sin besarlos… Nosotros fuimos de esos amores equivocados… ¡afortunados!... He sonreído al entrar en casa, al recordar el roce de tus dedos en mi pelo “Está más largo, siempre fue cortito”… “He cambiado…”, y al decirlo tus ojos en mis ojos, y los dos los hemos cerrado… Todo cambió, la vida siguió su curso, todos seguimos caminando… Y te has ido esta mañana, y te he visto después de tantos años… Y creo que ha sido el adiós definitivo, ya no nos queda tiempo, nos lo han robado… La edad que se ha instalado entre los huesos, en la piel, en los gestos y en los labios… Pero hoy miraré a mis hijos, y acariciaré sus manos, y soñaré que son también los tuyos, que pudimos ser felices … y renunciamos, porque la vida siguió su curso, porque fuiste mi amor equivocado, porque fuiste el motor que me hizo respirar…porque eres el secreto que me guardo, el que cerrará mis ojos cuando muera, el que llorará por mí sin que le vean, el que vivió pensando que algún día sería… y ese día no se supo cuándo…

Vete en paz, amor de mi vida, piensa en mí, en lo no vivido, en lo no logrado, en lo recordado, en lo que tuvimos siendo sólo niños, en lo que nuestras bocas sin decir han hablado.., Que seas feliz…no lo hubieras sido conmigo a tu lado.-

28 ene. 2014

"DIARIO DEL CANSANCIO"... (Capítulo de una novela no publicada. 1993)

No imaginé jamás que sentiría la paz que me envuelve ahora. Después de tu adiós, o del mío, o del adiós de los dos. La respuesta a tu pregunta durante la última conversación "¿Soy yo quién te causa esa ansiedad?", y yo respondiendo que no... y era que no... No eras tú, eran tus indiferencias, tus palabras a destiempo, tus gritos, tus silencios a mis súplicas... No eras tú, a ti te amaba, a ti te amé... siempre... a ti te amo todavía. Pero ahora no eres más que el recuerdo cercano. Unas horas, apenas unas horas y ya te echo de menos. Me duele la ausencia... Pensaba que cuando todo terminara, cuando dijera las últimas frases, cuando escuchara el portazo, cuando tus pasos en la escalera se diluyeran en el silencio, ya no dolerías, ya no te extrañaría... y no ha sido así. Te vi cruzar la calle arrastrando tu maleta, sin mirar hacia arriba, sin querer verme detrás de los cristales del balcón. Te vi entrar en el coche, arrancar e irte... dijiste que para siempre y no te creí... Y ahora, cuando cae la tarde, cuando he recorrido mil veces la casa, la mía, la nuestra, la tuya, cuando acaricié, sin pensarlo siquiera, el pijama que dejaste bajo la almohada me he dado cuenta de que dueles... Tu hijo ha preguntado por ti, preguntó cuándo volvías y le respondí que en un ratito, cuando salga la luna y él duerma, que le darás un beso de buenas noches... Le prometí que te vería en sus sueños, yo te veré en los míos... ¡Tanto dolor después de tanto amor!... ¿Cómo se llega a esto? ¿En qué momento del camino aparecieron los espinos cruzando el sendero?... Te recuerdo cogido de mi mano, cogida de tu mano... las dos manos en una... Tengo que recordar los malos momentos, porque los buenos me acechan y me hacen dudar de la decisión tomada, y yo ya no podía más...

He despertado aterida de frío y palpé tu lado de la cama... son las cinco de la mañana... ¿dónde estarás tú?. Miré el móvil, abrí el apartado de mensajes y no había nada, me quedé ahí, mirando la pantalla, como si de un momento a otro fuera a saltar uno, sólo con invocarte, con pensarte y con desearte... ¡Qué cansancio!... Un cansancio diario, para ser narrado día tras días, agotaría si se contara, cada día lo mismo, un rosario de malas interpretaciones, de sospechas, de desidia, de monotonía... de gritos y de llantos... Y aún así te echo de menos... Me asomé al balcón e invoqué tu regreso, tu presencia, tu silueta, los árboles han creado una red tenebrosa de sombras enlazadas que te han llevado lejos... Y yo quiero morir... Me he acostado con Daniel, me rodeó con su manita el cuello y he llorado en silencio... Aspiré su aroma, el de su piel, la que huele igual que la tuya, su piel morena y suave, con ese olor a mandarina que siempre te dije que tenías... Mañana será otro día, y yo mañana, igual que hoy, desearé que vuelvas, sé que ya no, sé que te has ido, pero desearía que volvieras a gritarme... se dice que todos somos de rutina y yo, en esta noche en que ya no estás, añoro con dolor la mía...

26 ene. 2014

LA IMAGEN DEL ESPEJO... (Poesía)

Quiero recuperar mi imagen del espejo,
rescatarla del cristal helado y silencioso,
recuperar mi boca sin sus besos,
recuperar sin llanto ya mis ojos...
sin harapos del pasado y sin sus manos,
sin su lacerante voz que me inundaba
de gritos y reproches inhumanos...
Quiero recuperar mi voz y mi palabra,
las que el miedo y su enojo silenciaban,
quiero recuperar mis pasos amarrados
a mi felicidad, a mis antojos,
a la decisión perfecta de rozar el cielo,
quiero volver a ser hoja en otoño,
sol en verano y nieve del invierno,
y ser flor en primavera... ¡y ser todo...!
Lo que fui un día y olvidé una noche...
Lo que perdí sin capacidad para buscarlo...
Quiero ser golondrina que regrese
al alero seguro del tejado...
Regresar a mi pasado rutinario,
al mismo camino caminado,
a los besos besados hace tiempo,
a los ojos mirados y calmados...

... Recuperar mi imagen del espejo,
olvidar que le amé... olvidar que me amaron...

Quiero encontrar mi sombra perdida,
esa que huyó entre vientos helados,
la que me robó la sonrisa y la vida,
esa sombra que dejó desoladas mis manos.
Encontrar mi silueta desnuda, mi voz quebrada,
encontrar mis raíces, encontrar mi alma pura,
y mirar sin pena mis cicatrices,
las que ya no duelen ni dan amargura...

... Recuperar mi imagen del espejo gris,
del cristal quebrado, aquel que rompí,
el que destrocé cuando descubrí
que le quise tanto que olvidé vivir..

 

25 ene. 2014

¿EL AMOR PERDONA TODO...?... (Reflexiones rozando la cincuentena).

Hay una edad tremenda, esa de las entregas ya entregadas, los abrazos ya abrazados, los limites no cruzados, los ojos que dejaron de ver defectos, las bocas que dejaron de pedir explicaciones... Esa edad en la media noche de la vida, en que, de repente, como un resplandor, cuando no te esperas la pregunta, te descubres a duermevela, en una noche de insomnio, preguntándote si a esa edad tremenda y trémula se perdona todo... Aquella carta de S. Pablo a los Corintios, aquella que Perales cantó, a la que puso música, aquella letra inmensa "el amor cree en todo sin límite, aguanta todo sin límite y perdona todo sin límite", ¡¿si?!... ¿quién ama perdona sin límite?... ¿Amar es eso? ¿Amar es creer todo sin límite?... No sé... Llega una a esa edad incrédula y aún así transigente en la que descubre que tal vez se quiso poco, que amó mucho, que perdonó todo... y que, precisamente por esas tres razones, dejó de amarse... con lo cual, se llega a la conclusión de que no fue egoista, pero quizás debería de empezar a serlo. Hay una edad perfecta para ser egoistas. Esa edad en que se descubre que se fué generoso con los demás, que se dio, que se aguantó, que se creyó... Esa edad en la que descubre que S. Pablo igual estaba equivocado, igual debería de haber añadido a ese amor sin límite el amor hacia uno mismo, porque en ocasiones, ese amor hacia uno mismo no es otra cosa que el respeto que todos nos merecemos, comenzando con el respeto propio...¡Que curioso! Hablamos siempre del "amor propio", casi nunca o nunca hacemos mención al "respeto propio", tal vez porque es lo mismo, porque si nos amamos nos respetamos, o así debería de ser. El amante perdona, el amado debería valorar el perdón; el amante cree, y el amado debería valorar la credudilidad recibida; el amante es generoso, el amado debería de valorar la generosidad... Pero en ocasiones, el amante, de repente, descubre que no fue así, no valoraron nada de lo entregado, y la sensación de abandono se instala, porque, digamos lo que digamos, a todos nos gusta que se nos ame... o se nos valore...o, como mínimo, que se nos respete... El amor no debería de perdonarlo todo... Eso sí, ahora cada cual puede diseccionar el amor, dividirlo en clases de amor, y entonces sí, entonces, como si de una luz se tratara, nos encontramos con el amor paternal, maternal, filial, ese que decimos que todo lo perdona, todo lo entrega, todo lo aguanta, que es generoso, que no se irrita... o así lo pensamos, aunque sí que duela, el amor, cuando no se valora duele, siempre, aunque no se confiese, aunque se trague el nudo que provoca el daño producido por un desprecio del padre, la madre, el hijo o el hermano...
El Amor, en mayúsculas, según diría S. Pablo, no tiene envidia, ni pide nada... ¡¿No?!... Tal vez sí, tal vez, en su interior, ese interior del Amor, esté solicitando una pequeña porción de lo que entrega, una caricia mínima cuando el amante entregó millones de ellas; una palabra amable a cientos de sonrisas... todos somos egoistas, aunque no lo reconozcamos, aunque amemos profundamente. Una cosa no está reñida con la otra, el amor no está reñido con el egoismo, son sentimientos distintos, a veces uno lleva al otro, uno engloba al otro, pero no siempre tiene que ser así. Porque lo que puede parecer egoista, muchas veces sólo es justicia...
Yo ya, a esta edad trémula y tremenda de la media noche de mi vida quiero ser un poco egoista, reclamar un beso por uno dado; no creer todo, sólo lo palpable, aguantar lo justo para que mi dignidad y mi "respeto propio" sigan intactos... pero desde luego no perdonar todo, ya acepté que tengo el poder para perdonar lo que se hace sin conocimiento del dolor causado y no absolver a quien daña ocultando, teniendo consciencia de que lo hace, sabiendo que hiere al hacerlo... Y S. Pablo, con permiso, hablaría del Amor divino, pero yo hablo del Amor humano, y ése, como todo lo humano, suele ser muy imperfecto... eso sí, siempre con permiso de José Luis Perales...

22 ene. 2014

"¡CANSANCIO!".... (Relato breve).

Me quedé de pie, erguida, fuerte, segura; sonreí con toda la pena del mundo... Pero estaba bien, estaba orgullosa; era nuevo aquel sentimiento que descubría en el sabor de mi boca y en mi mirada altiva y desafiante, nunca antes había experimentado aquello. Sabía la causa, ¡claro que lo sabía!... más no fue mi intención descubrirla, fueron sucediendo un cúmulo de situaciones, de palabras, de momentos en los que, como quién no quiere la cosa, adquirí la capacidad de desamar, desamar hasta desear la venganza, la misma que ahora disfrutaba... y me tuve miedo, mucho miedo. Yo no era así, jamás fui así, no quería serlo, con nadie, no quería volver a sentir la victoria de aquella manera, sabiendo el sufrimiento de otra persona, habiendo permitido que se arrastrara, que se humillara, que rogara... que escribiera palabras de perdón, que solicitara mi ayuda... ¡no, ya no!, ahora ya sabía que sufriría por mi ausencia, que el mismo dolor que me causó, que yo superé o al menos creí superar, lo estaba sufriendo él.. Ni siquiera sabía el por qué, ni siquiera había habido una discusión, ni tan siquiera unas palabras mal interpretadas, no había sido nada y había sido un todo... Aquella mañana lo decidí, después de su llamada, de sus conversaciones que ya me cansaban, de saber que nada aportaba a mi vida, que me era indiferente la suya, que sabía de memoria la cantinela de quejas sobre su existencia, sobre ella y su familia, sobre su trabajo, saber que no hacía nada por adquirir la valentía para gritar un adiós... Después de descubrir mi sonrisa irónica en el espejo, mientras él se quejaba de todo lo que lo rodeaba... ¡cansancio!... me despedí de una forma distinta después de responder a aquel "¿Tú que tal?" con un atisbo de contar mis minutos, mis días, de darme cuenta de que los míos eran ricos, de que él no los enriquecía, de que lo había hecho sólo yo... Escuchar cómo me interrumpía para darme lecciones, para cuestionar mi existencia... ¡cansancio!... Y cuando colgué lo decidí... Había pasado una semana, sin llamadas, las suyas que no contestaba, dejaba sonar el teléfono, sonreía, le imaginaba enfadado, irritado, con la prepotencia innata saltándole las sienes, con aquellos insultos solapados, aquellos reproches de inmadurez que me lanzaba, aquellos tonos molestos con que aseveraba, las afirmaciones revestidas de desprecio que yo conocía demasiado bien... Estaba cansada... Leí todos sus mensajes, ¡todos!, los primeros eran dagas, las lanzaba una tras otra... varió el tono al segundo día, comenzó a ser débil, cambió el registro y yo volví a sonreír... los últimos eran patéticos, tan patéticos como yo había sido cuando pedí, supliqué y me humillé, cuando años atrás él hizo lo mismo, cuando me ignoró... patética en todo, dignidad olvidada... pagando con la misma moneda. El tiempo había sido buen acompañante y buen consejero, le tenía dónde le quería, pero ya, ahora, no le quería... ¡cansancio!... el hastío de días soportando su malhumor y su desidia...¡no, ya no!... su último mensaje, el que sí respondí, el que una vez enviado me colocó aquella sonrisa de triunfo, porque él lo había tenido todo, porque yo le advertí, porque ya no tenía nada, porque yo lo tenía todo... él no, ahora yo sí... La ranchera invadía el espacio, "cuando yo quiera has de volver", y volvió cuando yo quise, y ahora me iba, ahí te quedas, ahora vive sin mí después de saber lo que tenías conmigo... ahora ármate de valentía si la tienes e intenta respirar sin mi oxígeno. Recordé aquellas veces en que se le instalaba el miedo cuando yo insinuaba que me iba, cómo cambiaba el tono de voz, la forma de recular, aquellos "no me lo digas más, por favor", le tenía donde él merecía, con mi maldad recién descubierta, la maldad que él me enseñó, con sus dobles juegos, sus mensajes a otra, con sus mentiras, con su soberbia, con aquella culpabilidad que siempre era mía, y sonreí... Los árboles fuera se mecían al compás del viento y yo respiré profundamente, cerré los ojos, le supe extraviado y recordé mis últimas palabras, las que le dejé escritas, para que tuviera constancia de que me había ido para siempre "Hace años pensé que algún día la vida me regalaría el don de que no dolieras... ya no dueles".

19 ene. 2014

UN TE QUIERO LEJANO... (Relato corto para una tarde de invierno).

Lo miraba sin que lo notara, ajeno a mis ojos tristes, enfrascado en la pelicula sobre una guerra lejana que emitía la televión. Sabía que pensaba en ella, o habría pensado, o pensaría más tarde, lejos de mis ojos tristes y mi mirada disimulada. Hacía tiempo que lo sabía. Hubo muchas, demasiadas tal vez, casi veinte años dan para muchas salidas, muchas caminatas y muchas mentiras. Siempre me ocupé de enterarme, él me decía que no, que veía lo que no era... tal vez llevara razón, quizás había visto lo que no era en algunas ocasiones, en otras vi lo que vi y no me equivoqué... Pero ahora era distinto, porque ella era distinta, ella fue siempre; porque yo estuve ajena a su existencia mucho tiempo, él se ocupó de no sacar a la luz nada que la uniera a su vida. Porque se movió con sigilo con ella, porque descubrí miradas cuando ella quedó frente a mí, porque descubrí sonrisas, porque sus ojos, aquellos que miraban el televisor, los que un día me miraron a mí me descubrían el deseo por ella, al recorrerla, al engancharse en ella y de ella. Yo había perdonado... ¿sí? ¿seguro que había perdonado?... No lo sabía, pudiera ser que no, quizás sólo intenté pasar por alto todas aquellas otras veces, simplemente para seguir el camino junto a él, porque ya no podía aspirar a rehacer mi vida, porque necesitaba que estuviera a mi lado, por pura necesidad; intenté creerme que nada había sido... después de todo él seguía en mi vida, junto a mí, a mi lado; las otras no debían de ser tan importantes... Pero duele mucho descubrir un te quiero a otra, sobre todo me dolió mucho descubrir un te quiero a ella... porque siempre estuvo aunque no estuviera... porque más de dos meses sin que me tocara, sin que me insinuara el más tímido indicio de deseo me hacían ver que ya, después de todo, no me deseaba... ¡Qué humillante para una mujer recordar a su marido el tiempo que hace que no la toca!... ¡Cómo sufrí mientras se lo recordaba, mientras le hablaba, intentando quitar hierro, de aquella crisis...!... no era una crisis, yo lo sabía, yo sabía que era el fin, que había llegado, y él había dejado que yo le recordara el tiempo que hacía que sus ojos no me recorrían, ni sus dedos me tocaban, ni su boca me besaba... Más de dos meses en los que sabía que ella saciaba su deseo, no sabía cómo, no sabía cuándo, no era fácil...también lo sabía... pero era. Ella calmaba sus ansias, las que siempre tuvo de ella, las que yo descubrí en miradas, en risas cómplices de amigos... Lo miré triste, sin la soberbia de aquel primer hallazgo, de aquel primer conocimiento, de aquella histeria, de aquella prepotencia, de la superioridad que me llevó a acusarla, a pedirle cuentas... ¡gran error!... Ella no me las debía, las cuentas me las debía él, pero si se las pedía, si le reclamaba lo que oficial y legalmente me debía corría el riesgo de perderlo, de dejarlo ir... Ya no tenía ganas de patalear, ni de gritar, ni de llorar, yo lo tenía, yo le acogía en mi casa...no... ella lo tenía, ella lo poseía, ella tenía su corazón, y su cuerpo, y él a ella, de la forma en que yo jamás lo tuve... Suspiré, le vi levantarse, fue hasta el baño, recogió el móvil del mueble, con un movimiento rutinario y disimulado... no pasaba nada, iba a decirle que la quería para que ella no lo olvidara mientras allí, en mi casa, tras mis cristales seguía nevando... Sonreí, cerré los ojos... La culpa era mía, pensé que podía mover los deseos y las voluntades, que bastaba manipular y amenazar e insultar y gritar... y no... No podía, él la amaba, ella también, a pesar de las dificultades, a pesar de mi furia, de mi ira, de mi locura y mis celos... No había más... Me acerqué a la ventana, miré como caía la nieve... Dos meses sin tocarme, ya ni se esforzaba por disimular aunque sus palabras intentaran convencerme...su cuerpo me lo decía, me lo confirmaba, su cuerpo que se negaba a responder, la sensación de que le daba asco...la pena de hacerle sentir todo aquello, de hacerlo pasar por todo aquello, él nunca daría un paso, me lo debía, él lo sabía. Tal vez era el momento de tragarme el orgullo y darlo yo... Le escuché salir del baño, se volvió a sentar, el sonido del televisor llenaba todo aquel espacio vacío y sonreí, porque en aquel momento ella estaría mirando como le decían te quiero en una tarde llena de nieve...

18 ene. 2014

GRITANDO LA AUSENCIA... (Felicidades papá)

Me contaba de pequeña que me encontraron debajo de una oliva, de un olivo que se dice en otros lares, que allí me dejó la cigüeña, y yo me lo creía. Me llevaba "a cuestas" que decimos en mi pueblo, a caballito, que se dice en otros lares. Me dejaba en la cama suave, me arropaba y me contaba alguna historia, real, de esas de reyes godos y guerras de Reconquista. Me contaba historias de mi pueblo, y seguía empeñado en hacerme creer que la cigüeña me dejó debajo de una oliva... y yo le creía. Mi padre era sereno, tranquilo. Un día se fue, lejos, yo era una niña de dos añitos y él se marchó porque había que trabajar, a Francia, durante un largo año en el que me echó tanto de menos que, cuando volvió, cuando descubrió que aquella niña no le reconocía decidió no irse nunca más. Hoy cumpliría años... Hoy cumple años, porque mientras yo viva, mientras yo esté, él seguirá cumpliéndolos, porque me sigue contándo historias, ahora yo también se las cuento a él, en silencio, cuando su recuerdo se instala a mi lado mientras cocino, mientras leo, mientras camino sola. Y le hablo de que estoy enfadada, de que no le perdono que se haya ido, no poder besarle, no poder tocarle, no poder llevarle la contraria y discutir con él de política, de fútbol, de que los tiempos cambian, de que fue severo, de que me educó en una disciplina férrea, para oírle, sonriendo, decirme que yo venía sin instrucciones y lo hizo lo mejor que pudo... Estoy enfadada, mucho, no se puede uno ir así, papá, no se puede uno ir dejándome sola, sin llevarme a la cama y sin arroparme, dejarme sin tus historias, sin tu sentido del humor camuflado en la seriedad de un rostro. ¡No, papá, eso no se hace...! No se hace porque entonces, llegan días como hoy, tu cumpleaños, y a mí me invade una tristeza enorme de esas que no te gustaban. Y tengo que callar mi dolor y tragar mi llanto. ¡Eso no se hace...! Hoy cumples años. Hoy recuerdo todo lo que me enseñaste, todo lo que me acompañaste. Dejándome sola en aquel espacio oscuro del internado, porque tenía que estudiar y así tenías que hacerlo. Siendo mi compañero de viaje en aquellas huidas a las viñas francesas, preocupado de que estuviera bien... Y yo necesito gritar, porque se me quedaron gritos aquella madrugada en que te fuiste, y se me quedaron besos, y se me quedó mucho por contarte y mucho por decirte. Y hoy cumples años... y no sé cómo hacer para sonreír sin pena, para quedarme con lo bueno, para sentir tu presencia... No sé cómo he conseguido seguir sin ti, no sé cómo he hecho para salir a flote sin tus consejos, para llegar a casa de un viaje y no marcar el número de casa y escuchar tu voz. No sé cómo he hecho para acostumbrarme a descolgar el teléfono y no oírte... ¡Eso no se hace!, porque a eso no me enseñaste, no me dijiste cómo debía de seguir cuando tú no estuvieras. Hoy es tu cumpleaños, miro tu foto, miro las fotos, esos pequeños trozos de papel que quedan para recordar que alguién existió, que estuvo en tu vida y te hizo feliz, y a mí no me consuela, porque yo quiero que vuelvas... No me enseñaste a asimilar tu ausencia, porque yo aprendí a valorar tu presencia... Feliz cumpleaños, papá, soy feliz, tu niña, la que dejó la cigüeña debajo de una oliva ha seguido viviendo, con el dolor de tu marcha, pero es feliz, porque me enseñaste lo más maravilloso del mundo, que ser feliz no es tener más, sino saber que lo que se tiene es básico para que el corazón sienta y la boca sonría... Te regalo, por ser tu cumpleaños, mis años, los vividos sin tí, pensándote, recordándote, añorándote... pero sobre todo te regalo los que decidiste darme, los besos que aún llevo y que, algún día, podré darte por toda la eternidad...

16 ene. 2014

"¡A VER SI ESCARMIENTAS!" ...(Diálogos con Luisi).

Lo que tienen algunos temas es que son muy recurrentes... y además, que son como el Guadiana, que aparecen y desaparecen, igual que algunas personas. Algunas personas también son recurrentes, vuelven como las golondrinas en primavera. Cuando crees que se han ido para siempre, con un detalle de esos pequeños, un "sí es no es", te hacen saber que siguen ahí, que están al acecho, que vigilan tus pasos, tus acciones, y piensan que una, que también es mujer, por lo tanto lista (o mala, según algunos) no se da cuenta de los juegos, de descubrir que, tras un inocente gesto se esconde lo que se esconde, o lo que se escondía, porque ya como que les da igual que aquello siga escondido, o más bien desean que se conozca, que se sepa, al menos por la otra parte interesada. Mis diálogos con Luisi dan mucho juego, a veces muchas risas y otras un poco de ironía femenina, esa de "¡ya lo sabía yo!", y es que el género masculino, en su mayoría, no escarmienta... Nosotras somos de repetir, de "cansosear" que dice mi amigo Carlos, hacemos del "cansinismo" el pan nuestro de cada día... ¡Pues ni por esas!... Hay ocasiones en las que pedimos, con mucha lógica, que se dé un paso, o que no se dé... ¡como quien oye llover!. Los varones suelen ser obcecados, por mucho que se les diga no lo entienden, lo que nos lleva a pensar que, una de dos, o nosotras vemos más allá de lo que aparentemente es, o ellos están tan seguros de su feudo que no piensan que la puerta del castillo puede abrirse y la dama salir con su cabeza alta, su andar resuelto y un "¡Te lo advertí!", que no sé por qué luego les sorprende... Hay manías que se vuelven crónicas, como la artrosis; puedes no sentir sus síntomas en un tiempo, cuando la medicación hace efecto, cuando el "Te lo estoy advirtiendo" solapado parece que funciona (cosa rara, porque la mayoría de las veces, como se les digan las cosas "entre líneas" no se enteran... y otras que aunque se les digan más claro que el agua tampoco), como es crónico vuelve, y las advertencias dejan de ser efectivas, y nos comienza a invadir el bullir en el estómago, ese que nos hace pensar "¡Este tío es tonto!" (con perdón, pero así es) y decidimos dar una clase magistral de que nosotras, que somos listas, (o malas, según algunos) sabemos más... Y nos damos cuenta de que a ellos, eso que hacen, cuando se les hace, ya no les hace tanta gracia... Y nos damos cuenta de que ellos no son celosos, o eso dicen, ellos suelen soltar eso de "Ese tío me está tocando los güevos" (con perdón otra vez, pero así es) y entonces, sibilinamente, nuestra boca, sin ordenárselo dibuja una sonrisa de oreja a oreja, mascullamos para nuestros adentros un "¡A ver si escarmientas!" y levantamos la cara, nos colocamos el rictus de "¡Ahí queda eso!" y decidimos que, sea lo que sea lo que ellos se traen entre manos nos va a dar igual, terminaremos descubriéndolo (como siempre), terminarán pidiendo perdón (como siempre) el Guadiana volverá a desaparecer, como los dolores esporádicos de la artrosis, y sabremos que, después de todo, nuestro feudo es nuestro, por mucho que el señor se empeñe en creerlo de su propiedad.
A no ser, y todo tiene otra cara, como una moneda, que una diga "¡Hasta aquí!", y el señor del castillo se "acongoje" porque se dé cuenta de que esta vez la advertencia, el "¡A ver si escarmientas!" va en serio, y puede perder el torneo sin haber sacado la lanza... Y es que, en el fondo, ellos saben lo que tienen, lo que se juegan, lo que estamos dispuestas a tolerar y lo que no... Y les da miedo, porque el miedo, como su artículo determina, es masculino, mientras que la valentía, como lo determina el suyo, es femenina... Mis charlas con Luisi me dan juego, me dan pie, me dejan claro que hay un patrón generalizado, pero que, a la hora de la confección es la mujer la que da las puntadas, y algunas las damos bien. Las Guadianas que aparecen, desaparecen, no se van del todo, mandan mensajitos, hacen saber que están y que son, pueden seguir en su "si es no es", pero en el fondo saben que no son... Y, como mujer, siempre lo digo, hay un momento para la dignidad, para el retirarse, para comprender que ya no va más, que se cerraron las apuestas y que, en definitiva, si no estamos donde nos gustaría es porque alguien decidió que, en su castillo tenía derecho total de admisión... Buenos días, lluviosos... pero aunque llueva se está a buen cobijo en la fortaleza de la que somos dueñas...

12 ene. 2014

¡¡TENGO QUE HACER DIETA!!... (Reflexiones en enero)

Pasaron las Navidades, esas fechas en las que acumulamos, una tras otra, las mejores intenciones para el año nuevo, nos llenamos de metas, de aspiraciones, nos proponemos rotundamente alcanzarlas y demostrarnos que nosotros podemos... Y llega Enero... Es ese mes que se pasa en un soplo entre resacas post-cotillonas, regalos de Reyes con ticket para devolver, rebajas con aglomeraciones en las que jamás encontramos lo que nos gusta, o lo que nos queda bien, o lo que nos hace falta, pero que siempre nos devuelven a casa con "algo" metido en una bolsa que raramente usamos, pero que nos encantó "robar" a la señora de al lado, ¡ingenua ella!, que nos daba codazos y nos miraba mal... Y los propósitos comienzan a engrosar una larga lista: Dejar de fumar, hacer footing, apuntarnos a pilates, y por supuesto hacer dieta; resulta que nosotros somos conscientes de habernos comido algún polvorón que otro, habernos pasado con alguna cerveza que otra, haber ingerido un entrecot de más, pero la báscula, esa enemiga mortal de necesidad, nos plasma en una pantallita ridícula que estamos equivocados, que terminamos con un obrador entero de Estepa, que hemos secado la Cruzcampo y que una vaquería está en déficit de reses, porque los kilos acumulados no entraban en nuestros cálculos... Toca hacer dieta... No sé al resto de los mortales, pero las dietas son muy traicioneras, igual que las noches de ronda, esas que no son buenas, que hacen daño y que dan pena... pues igual, y si no vamos a meditar... Nos proponemos tomar un lácteo desnatado por la mañana, con toda la fuerza del mundo, recién ingerido no pasa nada, estamos tranquilas, somos fuertes y seguras... no contamos con que el reloj no se para, y a eso de las doce nuestro estómago saca las uñas y solicita el donut de rigor, ese que le hemos negado y que hemos sustituido por un triste vasito de café con leche desnatada, con sacarina, que nos puso las pilas a las ocho, pero que ha dejado de hacer efecto... Nos tomamos una barrita energética, se nos aconseja dar pequeños mordiscos para que nos dure más, y nos asemejamos a ratones, andamos intentando que la barrita de seis centímetros nos dure, como mínimo, dos horas... Al mediodía nos sonreímos, nos ponemos delante una ensalada, una pechuga de pollo aliñada con limón, un trozo de pan tostado, integral naturalmente, y nos hacemos la ilusión de que estamos llenas cuando lo hemos semidevorado, eso sí, a bocaditos pequeños, para que nos dure más... A media tarde, un té, rojo o verde...o negro...o gris, mejor gris, porque así comienza a ser nuestro futuro y nuestro horizonte, o de cola de caballo, para que sirva de diurético... ¡¡vamos bien!!... hemos sobrevivido, hemos llegado a la noche y paseamos los ojos por el frutero... y, sinceramente, yo al menos, mientras me como una manzana (a bocaditos pequeños, sin recurrir al mordisco manzanil de siempre) comienzo a recordar que ha pasado un día... Miro el calendario, quedan otros 29, me hago el propósito (otro más) de no pesarme, pero cuando se sale de la ducha se siente la curiosidad, se descubre que se engordó 150 gramos... bueno, al día siguiente tocará peso por la mañana, que el cuerpo está más desinflado... Los días restantes... La eternidad restante... La inmensidad abierta delante de una en forma de un pastelito, pequeño, pero pastelito, o un refresco, o una cerveza, o un trozo de chorizo, de esos al infierno, con su grasita y su aroma... o un simple bocadillo de atún, o de nocilla...
Cuando estamos a dieta, sin saber el motivo, todas las imágenes que acuden a nuestra mente son de comida, nos aconsejan que hay que mentalizarse...lo hacemos, el problema es que nuestra mente tiene vida propia y está mal educada... Por no hablar de las agujetas del pilates, del mono del cigarrillo, de la báscula traidora, de la sensación de que el mundo mundial confabula en nuestra contra...
Y decidimos que, por un día no va a pasar nada, que nos vamos a tomar una tostada de aceite, con su tomate "restregao" o su manteca "colorá", que sólo será un día, que al día siguiente retomaremos el Calvario, ese Vía Crucis voluntario que hemos comenzado por el camino del "NO"...
Odio las dietas, no sé si porque no sé comer, si porque mi estómago está mal educado o porque, sencillamente, soy de buen "saque", que decimos en mi tierra... Pero ha llegado Enero, me ha dejado con la caja de polvorones encima y con kilos que no sabía que existieran... Toca mentalizarme, recordar la tostada de aceite con tomate restregao y sobre todo, toca irse a llorar al baño desconsoladamente, mirar a la báscula con súplica desmedida de "Pórtate bien" y la sensación de que, cuando consigas el peso requerido, para mantenerlo, tendrás que estar esclavizada de por vida a la negación de lo que realmente te hace feliz... Resumén: Odio las dietas....

11 ene. 2014

"EL INFIERNO CABE EN UN SUSPIRO"...

 Hoy toca hacer un recorrido por las estanterías de las librerías, esas que soportan el peso del infierno, que lo han acogido con una sonrisa y que prometen cuidarlo hasta que unas manos lo apaguen al leerlo y lo acaricien mientras recorren sus páginas:

 
 "El infierno cabe en un suspiro" está en los siguientes lugares hasta el día de hoy:

- Librería Lima-Arco. C/. Sánchez Mariscal, 5. GRANADA.

- Librería Cruz. Plaza del Pósito, 22. JAÉN.

- Librería Vuelta de Hoja. HUELMA.

- Librería Cervantes. HUELMA.

- Tienda de Jóse. Plaza de la Constitución. MONTEJÍCAR.

- Librería Evasión. C/. Ramón y Cajal, 9. MOTRIL.

- Librería "El Candil". C/. Explanada, 35. ÚBEDA.

- Librería Ítaka. C/. Andalucía, 17. ALCALÁ LA REAL.

- Librería Estrella. Avda. de Europa, 4. ALCALÁ LA REAL.

- Librería Enjoma. Plaza de la Constitución, 5. ALCAUDETE.

- Librería Scorpio. Ctra. de Córdoba. ALCAUDETE.

- Tienda de Mari Tere. VILLANUEVA DE LA REINA.

- SuperLaysi. BELMEZ DE LA MORALEDA.

10 ene. 2014

MAL SUEÑO... (Poesía).

Los gritos del alma que rompen la noche,
que quiebran estrellas gritando tu nombre;
lunas que gimen, venas que se abren,
tambores que se alzan, sonido de sables;
sombras que persiguen y acechan desnudas,
que vagan errantes y males auguran...
muertes silenciosas, desgarros profundos...
...¡me has dejado sola en mi micromundo,
en mi soledad, en mi angustia llena
de volcanes negros y de negras selvas!...
Te busco en mis sueños, se agita mi pecho,
se encharca mi cama con tu pensamiento,
te pienso y me muero, te pienso y me humillo,
te pienso y me pierdo, te pienso y me inclino
y te adoro blasfema, y no creo en Dios,
y pierdo mi vida, y pierdo tu amor...

Me acosa la noche, me acosan tus ojos,
me acosa tu cuerpo, me acosa tu boca,
se desliza y abre mis carnes prohibidas,
tus dedos se clavan como agujas finas
que me dan la muerte y me dan la vida.
Esta madrugada que asalta mis sueños,
que rompe mi espacio mientras yo te pienso.
La sal de mi llanto, mis manos que tiemblan,
mi cuerpo que emana gotas que son perlas,
y tú que te has ido, y tú que no vuelves,
y la luna grita, y grita la noche,
y su voz aullando se clava en mi sienes:
"¡Despierta, no sueñes! ¡No te pertenece!
". 

8 ene. 2014

¿CUANDO EL RÍO SUENA...?... (Reflexión de una mujer)

El refranero español, ese tan sabio, tan cierto, que me gusta tanto y al que tanto recurro, de vez en cuando, como todo en la vida, tiene excepciones de esas que confirman reglas, que no son ciertas, que hacen ver que todo, aunque no lo creamos, tiene su punto incierto... Mi abuela, como ya he dicho muchas veces, me decía aquello de "mujer refranera, mujer puñetera", y yo, que soy digna nieta de mi abuela, que era refranera, debo de ser también lo segundo siendo lo primero... Pero he aquí que llega un refrán de esos con los que no estoy de acuerdo y al que las gentes que quieren creer lo increíble o crear lo inexistente echan mano para justificar comentarios sobre hechos que, nunca vieron, palabras que nunca oyeron y actos que nunca pudieron comprobar... Y que conste que debería decir CASI por que siempre hay que dejar una rendija para la duda... Comencemos por los secretos, mi amigo Pepe, ese que me tiende manos y que me hace reír, hace muchos años me decía que un secreto es algo que se cuenta a todo el mundo pero por separado; yo entonces me reía, me lo creía, ahora ya no, ahora sé que un secreto es algo que sabe la persona que lo guarda, y que si es importante no lo sabe ni Dios (bueno, Dios sí, que los creyentes admitimos la sabiduría total del Altísimo)... Luego están las diosas cotidianas, esto es, las vecinas, amigas, conocidas, allegadas, y lo digo en femenino porque, la mayoría de las veces, las aguas del río que suena son lenguas de mujer... Me suelo poner de los nervios (dicho en plan coloquial y educado, porque si dijera cómo me pongo y hasta dónde sería soez y ordinario), cuando soy los oídos escogidos para depositar el chisme de turno, ese que es la piedra o el agua en el río ajeno, el que hace sonar, pero que, preguntando a quién lo narra, ni lo ha visto ni lo ha oído y por supuesto no lo ha comprobado... Se cuenta el hecho con tal naturalidad que se da por supuesto que así ha ocurrido... bueno, esto es como el juego aquel del teléfono, aquel juego compartido de niños, ¿lo recuerdan?... Un círculo de niños o jóvenes, el primero decía al de al lado una palabra, rápida, en voz baja, al oído, y este lo iba pasando a su compañero, así sucesivamente, y cuando llegaba al final, la palabra que el último de la fila decía en voz alta no tenía nada que ver con la que el primero, el que comenzó, había dicho... ¡¡ Pues igual !!... Los chismes, los cotilleos, son lo mismo, los comienza una lengua, los pasa a la siguiente, y cuando el rumor está totalmente extendido nada tiene que ver con lo que se contó en un principio, pero ¡eso sí!, todos dan por hecho que "cuando el río suena o agua o piedras lleva"... ¿Seguro?... ¿No será que nos aburrimos tanto que tenemos que inventar piedras o agua para mover los aburridos ríos que son nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que, a través de los años vividos (que no son pocos) nosotros hemos podido ser también aguas o piedras que lenguas ajenas han movido?... Siempre digo en público que, ahora, a mis años, tengo la edad y la experiencia justa para no juzgar, no criticar, no enjuiciar y no opinar... pero sobre todo para no mover ríos, porque no me importan las aguas ni las piedras que estos arrastren, cada cual lleva su cauce como buenamente puede... Todos somos ríos, todos estamos, pues, predispuestos a ser centro de lenguas que nos enturbien las aguas propias, y como dice otro refrán, "lo que no quieras para ti....", y lo que sigue... Alguna vez me he tropezado con un enlace de esos que deambulan por las redes, que me ha parecido tan cierto, tan justo, tan directo que me dan ganas de colocarlo en mi cuenta, en mi página, y si fuera posible en la frente de cada lengua que mueve aguas ajenas "No inventes con tu lengua lo que tus ojos no vieron y tus oídos no oyeron"...
En ocasiones deberíamos darnos una vuelta por nuestro extrarradio, ese que abandonamos cuando nos vamos a vivir al centro, cuando dejamos la periferia de nuestra vida, cuando olvidamos, como por arte de magia, lo que hemos hecho, los actos realizados, las palabras dichas, y deberíamos de recordar para ser más justos con los demás. Porque somos tan necios que, cuando consideramos que hemos escalado un peldaño, nos creemos con el poder moral de enjuiciar al que continúa subiendo... Somos fatuos, demasiado, somos esa lengua que enloda el río ajeno, y luego, para exculparnos, para excusarnos, nos escudamos en ese refrán manido, uno de los que no son ciertos "Cuando el río suena...", y olvidamos que a los ríos los mueven también los vientos y levantan sus espumas, y no es que contengan nada, simplemente se mueven porque los vendavales los azotan... El día que miremos honestamente nuestra vida, el día que sepamos que no somos jueces, que Dios existe lejos, que las esquinas, que las tertulias, que las charlas deben de ser personales y no creadas para condenar actos que no nos incumben, todos viviremos un poco más en paz, pero eso, por desgracia, jamás existirá, porque siempre habrá lenguas que querrán ser dioses y mentes que crearán lo que su retorcida alma les dicte, aunque ello conlleve destruir al prójimo, porque, lamentablemente, lo de "Amar al prójimo como a mí mismo" está muy bien en la teoría, pero la práctica todavía no la hemos aprendido... Buenos días, que los ríos fluyan, que sigan conteniendo agua y piedras, porque con ese contenido los ríos son más bellos....

6 ene. 2014

DESENVOLVIENDO LA VIDA... (Reflexiones después de Navidad)

Se acabó. Hoy se rematan esas fechas, esas fiestas, esos días en que hemos vivido llenos de estres, corriendo para comprar regalos, haciéndo hueco en el estómago para una tapa más, recibiendo a familiares que llegan de lejos, encontrándonos con amigos a los que no vemos desde hace meses. Y esta mañana ha tocado desenvolver regalos. Los Magos pasaron anoche. El perfume que pedimos no ha caido, y es que los Magos están en crisis también. Nos hemos colocado la sonrisa porque, en el fondo, la intención es lo que cuenta. Después de todo son fechas para pasar por alto las menudencias comerciales y centrarnos en el fondo. Mis días de Reyes, aquellos de mi infancia, me enseñaron que los Magos, rara vez, traen lo que se les pide. A mí cada año me traían la misma muñeca. Se le cambiaba el vestido, se le ponía un lazo distinto y me colmaba de felicidad. Ahora ya sé la importancia de los regalos. Ninguna. El detalle de que piensen en ti he comprobado que lo tengo todo el año. Cuando estoy cansada y me ponen un café en la mesa sin haberlo pedido. Cuando me regalan un beso sorprendiendome por detrás cuando he estado triste. Cuando el teléfono me ha devuelto una voz familiar llena de cariño que me sonrió con su tono jovial. Cuando han cerrado la puerta con cuidado para que no me despierte y pueda seguir durmiendo... Mis regalos... Mi hijo mayor contándome sus cosas, mi hijo pequeño jugando, imaginando mil escenas y viviendo en la piel de mil personajes, mi marido tranquilo, enfrascado en un partido de baloncesto y narrándome el tanteador... Mis regalos... El abrazo de mi madre cuando voy a verla. El beso de mi hermana. El fundirme con mi sobrina sabiendo que un paso ha sido duro y costoso.... Los Magos están en crisis... Pero sólo en crisis comercial, en crisis emocional, sentimental, no. Porque lo bueno de los regalos es saber diferenciarlos de las "compras"... Un abrazo no tiene ticket para devolución, nunca viene grande, nunca está repetido... Hay regalos y hay compras... Yo prefiero los primeros. Que te entreguen una pasmina cuando tienes doce en el armario, un frasco del perfume de siempre, del que todavía guardas el del año anterior, unas medias que no te van con nada, unos pendientes que no te sientan bien... Desenvolviendo la vida, eso sí que es un regalo, quitarle el envoltorio a la sonrisa de ese amigo que te abraza, desenvolver la mirada cómplice con esa amiga que te conoce, y a pesar de conocerte te quiere, quedarte ensimismada mirando a lo lejos, las brumas de la tarde, los sonidos de gentes que vuelven a casa de sus trabajos, escuchándo gritos de niños y ver pasar la vida a tu lado en la ráfaga de viento que te roza la cara... Nadie pudo regalar jamás el primer rayo de sol, nadie podrá comprar nunca el azul del cielo...Hemos hecho de lo habitual y rutinario lo indiferente, pasamos como sombras por el mundo, valorando un envoltorio brillante de unos grandes almacenes, refunfuñamos si se olvidan de nosotros, sólo por el simple hecho de que no nos regalaron nada el día de Reyes, olvidándo todo lo que se nos regala durante el año...
Me gusta desenvolver la vida... Nunca fui de regalos... Aprendí a darle importancia al vestido de la muñeca, no a la muñeca, porque el vestido era lo que mi madre confeccionaba para ella, porque el valor estaba en desear sorprender; después de todo, en unos días, los juguetes estarán rotos, otros alineados en baldas de estanterias, cuando pasen seis meses algunos estarán olvidados... Pero seguiremos necesitando que se nos regale la vida... Seguiremos necesitando desenvolver la vida, porque el mejor regalo del mundo no está en ningún comercio...está en nuestros ojos, en nuestro corazón y en la sonrisa que entregamos mientras lo estamos haciendo...

2 ene. 2014

EL HORMIGUEO QUE NO CESA... (Reflexión de una Autora)

Suponía que, en esta ocasión, todo sería distinto. Me repetía días atrás, mientras preparaba mis notas, repasaba mis presentaciones, visionaba videos, torcía el gesto con frases que no me gustaron, con dispersiones inútiles, que esta vez sería distinto, que no tendría nervios, que no me emocionaría, que controlaría los tiempos. Luego resoplé, expulsé la bocanada de aire sobrante. Miré mis notas, miré el ordenador, miré el libro y me temblaron las manos... Cerré los ojos, y me dije a mí misma, "llora ahora, porque ya no más, ya no habrá lágrimas, ni emociones que te atenacen la garganta, habrá fortaleza, habrá claridad y habrá medidas de tiempos"... Y lloré... Miré mi libro, miré mi foto, hojeé sus páginas, me mordí el labio inferior y fruncí el ceño... De repente he comprendido que no importan las veces, ni las cantidades... alguién me dijo, en la segunda presentación, en Granada, que cuando hubiera presentado muchas veces todo sería distinto, controlaría todo, mediría todo... no lo creo... creo que cada vez es un reto, cada vez es un exámen sin posibilidad de recuperación. Se instalan los nervios, mi pierna se mueve sola en un tic incómodo que soy incapaz de controlar, ¡qué extraño!, a mi hijo Martín le sucede lo mismo, heredó ese tic materno, y mi pierna vive sola sus nervios y sus dudas... Esta noche es especial, es la noche de la víspera, de la segunda, de la que nació como idea hace más de dos años, la que tuvo que ser aplazada por miedo. Sí, miedo. Miedo a narrar y a que los demás leyeran. "Las manecillas del reloj" le quitaron el lugar, pero la idea vagó por la mente, la valentía se hizo presente, se perdieron falsos pudores, se decidió que ¿por qué no?... y ahora está aquí, encima de la mesa, sobre los folios con notas, notas para no perderme demasiado, notas para describir, para decir sin decir, para crear o intentarlo, el interés en que se lea. Ahora se habla en voz alta, se pasean los ojos por el espacio reducido de un salón y se piensa, sobre todo, en los oídos que estarán pendientes, en los ojos que se clavarán en los míos, en las bocas que sonreirán...o no... Los nervios, ese hormigueo que no cesa, que se ha instalado, a conciencia en mi pierna y en mi estómago... Parece fácil, toreo en casa, tendré enfrente al mejor público del mundo, a los míos... ellos son benévolos, ellos son condescendientes, ellos son mi gente, pero, tal vez, por eso mismo, es a ellos a quien no quiero defraudar, porque están siempre, porque aplauden y me sonríen, y me animan y me quieren. Porque soy una más, cuando les visito, cuando les encuentro en calles comunes de un espacio común vital...
Mañana presento mi segunda novela publicada, no la primera escrita, ni la segunda, ni la tercera... La sexta escrita... Las demás, las que fueron primero y duermen en un cajón la miran con envidia, y la animan, le hablan de la suerte que tiene, estará en muchas manos, muchos ojos recorreran sus líneas, se emocionarán o se aburrirán... Los libros lo que tienen es que siempre hacen sentir cosas, desde la alegría hasta el hastío... no importa, cuando un libro no gusta basta con cerrarlo y no abrirlo más, escribir es un abanico, igual que los perfumes, a todos no nos gusta el mismo, no es ningún pecado que Dior venda más que Dominguez, simplemente gusta más, no es porque sea peor, sino porque tiene más adeptos, como los equipos de fútbol... el Granada no es peor que el Real Madrid, es más pobre, más pequeño, pero sigue siendo un equipo de fútbol, igual que Dominguez sigue siendo un creador de perfume... el refranero sabio español, "para gustos, los colores"... Ojalá "El infierno cabe en un suspiro" sea un color que guste, un buen perfume y buen equipo... pero si no lo es, bastará con no leerlo, no se hundirá el mundo ni, como digo siempre, se derretirán los Polos... Mañana lo presento, mañana hablaré de Ana, de Víctor, de Rubén, de injusticias, de igualdad, de sufrimiento, de amor y de dolor... Mañana mi pierna se moverá de nuevo, y cogeré un boli, de los míos, de gel azul, para que mis gestos intenten ser un poco menos rotundos... Mañana, a las seis y media de la tarde, el hormigueo que no cesa se convertirá en sonrisa, esa estrategia que aprendí, no sé cómo, para esconder la timidez que, los que sí me conocen, saben que sigue viviendo en mí... Buenas noches, mañana será otro día para recordar siempre...