2 ene. 2014

EL HORMIGUEO QUE NO CESA... (Reflexión de una Autora)

Suponía que, en esta ocasión, todo sería distinto. Me repetía días atrás, mientras preparaba mis notas, repasaba mis presentaciones, visionaba videos, torcía el gesto con frases que no me gustaron, con dispersiones inútiles, que esta vez sería distinto, que no tendría nervios, que no me emocionaría, que controlaría los tiempos. Luego resoplé, expulsé la bocanada de aire sobrante. Miré mis notas, miré el ordenador, miré el libro y me temblaron las manos... Cerré los ojos, y me dije a mí misma, "llora ahora, porque ya no más, ya no habrá lágrimas, ni emociones que te atenacen la garganta, habrá fortaleza, habrá claridad y habrá medidas de tiempos"... Y lloré... Miré mi libro, miré mi foto, hojeé sus páginas, me mordí el labio inferior y fruncí el ceño... De repente he comprendido que no importan las veces, ni las cantidades... alguién me dijo, en la segunda presentación, en Granada, que cuando hubiera presentado muchas veces todo sería distinto, controlaría todo, mediría todo... no lo creo... creo que cada vez es un reto, cada vez es un exámen sin posibilidad de recuperación. Se instalan los nervios, mi pierna se mueve sola en un tic incómodo que soy incapaz de controlar, ¡qué extraño!, a mi hijo Martín le sucede lo mismo, heredó ese tic materno, y mi pierna vive sola sus nervios y sus dudas... Esta noche es especial, es la noche de la víspera, de la segunda, de la que nació como idea hace más de dos años, la que tuvo que ser aplazada por miedo. Sí, miedo. Miedo a narrar y a que los demás leyeran. "Las manecillas del reloj" le quitaron el lugar, pero la idea vagó por la mente, la valentía se hizo presente, se perdieron falsos pudores, se decidió que ¿por qué no?... y ahora está aquí, encima de la mesa, sobre los folios con notas, notas para no perderme demasiado, notas para describir, para decir sin decir, para crear o intentarlo, el interés en que se lea. Ahora se habla en voz alta, se pasean los ojos por el espacio reducido de un salón y se piensa, sobre todo, en los oídos que estarán pendientes, en los ojos que se clavarán en los míos, en las bocas que sonreirán...o no... Los nervios, ese hormigueo que no cesa, que se ha instalado, a conciencia en mi pierna y en mi estómago... Parece fácil, toreo en casa, tendré enfrente al mejor público del mundo, a los míos... ellos son benévolos, ellos son condescendientes, ellos son mi gente, pero, tal vez, por eso mismo, es a ellos a quien no quiero defraudar, porque están siempre, porque aplauden y me sonríen, y me animan y me quieren. Porque soy una más, cuando les visito, cuando les encuentro en calles comunes de un espacio común vital...
Mañana presento mi segunda novela publicada, no la primera escrita, ni la segunda, ni la tercera... La sexta escrita... Las demás, las que fueron primero y duermen en un cajón la miran con envidia, y la animan, le hablan de la suerte que tiene, estará en muchas manos, muchos ojos recorreran sus líneas, se emocionarán o se aburrirán... Los libros lo que tienen es que siempre hacen sentir cosas, desde la alegría hasta el hastío... no importa, cuando un libro no gusta basta con cerrarlo y no abrirlo más, escribir es un abanico, igual que los perfumes, a todos no nos gusta el mismo, no es ningún pecado que Dior venda más que Dominguez, simplemente gusta más, no es porque sea peor, sino porque tiene más adeptos, como los equipos de fútbol... el Granada no es peor que el Real Madrid, es más pobre, más pequeño, pero sigue siendo un equipo de fútbol, igual que Dominguez sigue siendo un creador de perfume... el refranero sabio español, "para gustos, los colores"... Ojalá "El infierno cabe en un suspiro" sea un color que guste, un buen perfume y buen equipo... pero si no lo es, bastará con no leerlo, no se hundirá el mundo ni, como digo siempre, se derretirán los Polos... Mañana lo presento, mañana hablaré de Ana, de Víctor, de Rubén, de injusticias, de igualdad, de sufrimiento, de amor y de dolor... Mañana mi pierna se moverá de nuevo, y cogeré un boli, de los míos, de gel azul, para que mis gestos intenten ser un poco menos rotundos... Mañana, a las seis y media de la tarde, el hormigueo que no cesa se convertirá en sonrisa, esa estrategia que aprendí, no sé cómo, para esconder la timidez que, los que sí me conocen, saben que sigue viviendo en mí... Buenas noches, mañana será otro día para recordar siempre...