8 ene. 2014

¿CUANDO EL RÍO SUENA...?... (Reflexión de una mujer)

El refranero español, ese tan sabio, tan cierto, que me gusta tanto y al que tanto recurro, de vez en cuando, como todo en la vida, tiene excepciones de esas que confirman reglas, que no son ciertas, que hacen ver que todo, aunque no lo creamos, tiene su punto incierto... Mi abuela, como ya he dicho muchas veces, me decía aquello de "mujer refranera, mujer puñetera", y yo, que soy digna nieta de mi abuela, que era refranera, debo de ser también lo segundo siendo lo primero... Pero he aquí que llega un refrán de esos con los que no estoy de acuerdo y al que las gentes que quieren creer lo increíble o crear lo inexistente echan mano para justificar comentarios sobre hechos que, nunca vieron, palabras que nunca oyeron y actos que nunca pudieron comprobar... Y que conste que debería decir CASI por que siempre hay que dejar una rendija para la duda... Comencemos por los secretos, mi amigo Pepe, ese que me tiende manos y que me hace reír, hace muchos años me decía que un secreto es algo que se cuenta a todo el mundo pero por separado; yo entonces me reía, me lo creía, ahora ya no, ahora sé que un secreto es algo que sabe la persona que lo guarda, y que si es importante no lo sabe ni Dios (bueno, Dios sí, que los creyentes admitimos la sabiduría total del Altísimo)... Luego están las diosas cotidianas, esto es, las vecinas, amigas, conocidas, allegadas, y lo digo en femenino porque, la mayoría de las veces, las aguas del río que suena son lenguas de mujer... Me suelo poner de los nervios (dicho en plan coloquial y educado, porque si dijera cómo me pongo y hasta dónde sería soez y ordinario), cuando soy los oídos escogidos para depositar el chisme de turno, ese que es la piedra o el agua en el río ajeno, el que hace sonar, pero que, preguntando a quién lo narra, ni lo ha visto ni lo ha oído y por supuesto no lo ha comprobado... Se cuenta el hecho con tal naturalidad que se da por supuesto que así ha ocurrido... bueno, esto es como el juego aquel del teléfono, aquel juego compartido de niños, ¿lo recuerdan?... Un círculo de niños o jóvenes, el primero decía al de al lado una palabra, rápida, en voz baja, al oído, y este lo iba pasando a su compañero, así sucesivamente, y cuando llegaba al final, la palabra que el último de la fila decía en voz alta no tenía nada que ver con la que el primero, el que comenzó, había dicho... ¡¡ Pues igual !!... Los chismes, los cotilleos, son lo mismo, los comienza una lengua, los pasa a la siguiente, y cuando el rumor está totalmente extendido nada tiene que ver con lo que se contó en un principio, pero ¡eso sí!, todos dan por hecho que "cuando el río suena o agua o piedras lleva"... ¿Seguro?... ¿No será que nos aburrimos tanto que tenemos que inventar piedras o agua para mover los aburridos ríos que son nuestras vidas? ¿Somos conscientes de que, a través de los años vividos (que no son pocos) nosotros hemos podido ser también aguas o piedras que lenguas ajenas han movido?... Siempre digo en público que, ahora, a mis años, tengo la edad y la experiencia justa para no juzgar, no criticar, no enjuiciar y no opinar... pero sobre todo para no mover ríos, porque no me importan las aguas ni las piedras que estos arrastren, cada cual lleva su cauce como buenamente puede... Todos somos ríos, todos estamos, pues, predispuestos a ser centro de lenguas que nos enturbien las aguas propias, y como dice otro refrán, "lo que no quieras para ti....", y lo que sigue... Alguna vez me he tropezado con un enlace de esos que deambulan por las redes, que me ha parecido tan cierto, tan justo, tan directo que me dan ganas de colocarlo en mi cuenta, en mi página, y si fuera posible en la frente de cada lengua que mueve aguas ajenas "No inventes con tu lengua lo que tus ojos no vieron y tus oídos no oyeron"...
En ocasiones deberíamos darnos una vuelta por nuestro extrarradio, ese que abandonamos cuando nos vamos a vivir al centro, cuando dejamos la periferia de nuestra vida, cuando olvidamos, como por arte de magia, lo que hemos hecho, los actos realizados, las palabras dichas, y deberíamos de recordar para ser más justos con los demás. Porque somos tan necios que, cuando consideramos que hemos escalado un peldaño, nos creemos con el poder moral de enjuiciar al que continúa subiendo... Somos fatuos, demasiado, somos esa lengua que enloda el río ajeno, y luego, para exculparnos, para excusarnos, nos escudamos en ese refrán manido, uno de los que no son ciertos "Cuando el río suena...", y olvidamos que a los ríos los mueven también los vientos y levantan sus espumas, y no es que contengan nada, simplemente se mueven porque los vendavales los azotan... El día que miremos honestamente nuestra vida, el día que sepamos que no somos jueces, que Dios existe lejos, que las esquinas, que las tertulias, que las charlas deben de ser personales y no creadas para condenar actos que no nos incumben, todos viviremos un poco más en paz, pero eso, por desgracia, jamás existirá, porque siempre habrá lenguas que querrán ser dioses y mentes que crearán lo que su retorcida alma les dicte, aunque ello conlleve destruir al prójimo, porque, lamentablemente, lo de "Amar al prójimo como a mí mismo" está muy bien en la teoría, pero la práctica todavía no la hemos aprendido... Buenos días, que los ríos fluyan, que sigan conteniendo agua y piedras, porque con ese contenido los ríos son más bellos....