16 ene. 2014

"¡A VER SI ESCARMIENTAS!" ...(Diálogos con Luisi).

Lo que tienen algunos temas es que son muy recurrentes... y además, que son como el Guadiana, que aparecen y desaparecen, igual que algunas personas. Algunas personas también son recurrentes, vuelven como las golondrinas en primavera. Cuando crees que se han ido para siempre, con un detalle de esos pequeños, un "sí es no es", te hacen saber que siguen ahí, que están al acecho, que vigilan tus pasos, tus acciones, y piensan que una, que también es mujer, por lo tanto lista (o mala, según algunos) no se da cuenta de los juegos, de descubrir que, tras un inocente gesto se esconde lo que se esconde, o lo que se escondía, porque ya como que les da igual que aquello siga escondido, o más bien desean que se conozca, que se sepa, al menos por la otra parte interesada. Mis diálogos con Luisi dan mucho juego, a veces muchas risas y otras un poco de ironía femenina, esa de "¡ya lo sabía yo!", y es que el género masculino, en su mayoría, no escarmienta... Nosotras somos de repetir, de "cansosear" que dice mi amigo Carlos, hacemos del "cansinismo" el pan nuestro de cada día... ¡Pues ni por esas!... Hay ocasiones en las que pedimos, con mucha lógica, que se dé un paso, o que no se dé... ¡como quien oye llover!. Los varones suelen ser obcecados, por mucho que se les diga no lo entienden, lo que nos lleva a pensar que, una de dos, o nosotras vemos más allá de lo que aparentemente es, o ellos están tan seguros de su feudo que no piensan que la puerta del castillo puede abrirse y la dama salir con su cabeza alta, su andar resuelto y un "¡Te lo advertí!", que no sé por qué luego les sorprende... Hay manías que se vuelven crónicas, como la artrosis; puedes no sentir sus síntomas en un tiempo, cuando la medicación hace efecto, cuando el "Te lo estoy advirtiendo" solapado parece que funciona (cosa rara, porque la mayoría de las veces, como se les digan las cosas "entre líneas" no se enteran... y otras que aunque se les digan más claro que el agua tampoco), como es crónico vuelve, y las advertencias dejan de ser efectivas, y nos comienza a invadir el bullir en el estómago, ese que nos hace pensar "¡Este tío es tonto!" (con perdón, pero así es) y decidimos dar una clase magistral de que nosotras, que somos listas, (o malas, según algunos) sabemos más... Y nos damos cuenta de que a ellos, eso que hacen, cuando se les hace, ya no les hace tanta gracia... Y nos damos cuenta de que ellos no son celosos, o eso dicen, ellos suelen soltar eso de "Ese tío me está tocando los güevos" (con perdón otra vez, pero así es) y entonces, sibilinamente, nuestra boca, sin ordenárselo dibuja una sonrisa de oreja a oreja, mascullamos para nuestros adentros un "¡A ver si escarmientas!" y levantamos la cara, nos colocamos el rictus de "¡Ahí queda eso!" y decidimos que, sea lo que sea lo que ellos se traen entre manos nos va a dar igual, terminaremos descubriéndolo (como siempre), terminarán pidiendo perdón (como siempre) el Guadiana volverá a desaparecer, como los dolores esporádicos de la artrosis, y sabremos que, después de todo, nuestro feudo es nuestro, por mucho que el señor se empeñe en creerlo de su propiedad.
A no ser, y todo tiene otra cara, como una moneda, que una diga "¡Hasta aquí!", y el señor del castillo se "acongoje" porque se dé cuenta de que esta vez la advertencia, el "¡A ver si escarmientas!" va en serio, y puede perder el torneo sin haber sacado la lanza... Y es que, en el fondo, ellos saben lo que tienen, lo que se juegan, lo que estamos dispuestas a tolerar y lo que no... Y les da miedo, porque el miedo, como su artículo determina, es masculino, mientras que la valentía, como lo determina el suyo, es femenina... Mis charlas con Luisi me dan juego, me dan pie, me dejan claro que hay un patrón generalizado, pero que, a la hora de la confección es la mujer la que da las puntadas, y algunas las damos bien. Las Guadianas que aparecen, desaparecen, no se van del todo, mandan mensajitos, hacen saber que están y que son, pueden seguir en su "si es no es", pero en el fondo saben que no son... Y, como mujer, siempre lo digo, hay un momento para la dignidad, para el retirarse, para comprender que ya no va más, que se cerraron las apuestas y que, en definitiva, si no estamos donde nos gustaría es porque alguien decidió que, en su castillo tenía derecho total de admisión... Buenos días, lluviosos... pero aunque llueva se está a buen cobijo en la fortaleza de la que somos dueñas...