18 ene. 2014

GRITANDO LA AUSENCIA... (Felicidades papá)

Me contaba de pequeña que me encontraron debajo de una oliva, de un olivo que se dice en otros lares, que allí me dejó la cigüeña, y yo me lo creía. Me llevaba "a cuestas" que decimos en mi pueblo, a caballito, que se dice en otros lares. Me dejaba en la cama suave, me arropaba y me contaba alguna historia, real, de esas de reyes godos y guerras de Reconquista. Me contaba historias de mi pueblo, y seguía empeñado en hacerme creer que la cigüeña me dejó debajo de una oliva... y yo le creía. Mi padre era sereno, tranquilo. Un día se fue, lejos, yo era una niña de dos añitos y él se marchó porque había que trabajar, a Francia, durante un largo año en el que me echó tanto de menos que, cuando volvió, cuando descubrió que aquella niña no le reconocía decidió no irse nunca más. Hoy cumpliría años... Hoy cumple años, porque mientras yo viva, mientras yo esté, él seguirá cumpliéndolos, porque me sigue contándo historias, ahora yo también se las cuento a él, en silencio, cuando su recuerdo se instala a mi lado mientras cocino, mientras leo, mientras camino sola. Y le hablo de que estoy enfadada, de que no le perdono que se haya ido, no poder besarle, no poder tocarle, no poder llevarle la contraria y discutir con él de política, de fútbol, de que los tiempos cambian, de que fue severo, de que me educó en una disciplina férrea, para oírle, sonriendo, decirme que yo venía sin instrucciones y lo hizo lo mejor que pudo... Estoy enfadada, mucho, no se puede uno ir así, papá, no se puede uno ir dejándome sola, sin llevarme a la cama y sin arroparme, dejarme sin tus historias, sin tu sentido del humor camuflado en la seriedad de un rostro. ¡No, papá, eso no se hace...! No se hace porque entonces, llegan días como hoy, tu cumpleaños, y a mí me invade una tristeza enorme de esas que no te gustaban. Y tengo que callar mi dolor y tragar mi llanto. ¡Eso no se hace...! Hoy cumples años. Hoy recuerdo todo lo que me enseñaste, todo lo que me acompañaste. Dejándome sola en aquel espacio oscuro del internado, porque tenía que estudiar y así tenías que hacerlo. Siendo mi compañero de viaje en aquellas huidas a las viñas francesas, preocupado de que estuviera bien... Y yo necesito gritar, porque se me quedaron gritos aquella madrugada en que te fuiste, y se me quedaron besos, y se me quedó mucho por contarte y mucho por decirte. Y hoy cumples años... y no sé cómo hacer para sonreír sin pena, para quedarme con lo bueno, para sentir tu presencia... No sé cómo he conseguido seguir sin ti, no sé cómo he hecho para salir a flote sin tus consejos, para llegar a casa de un viaje y no marcar el número de casa y escuchar tu voz. No sé cómo he hecho para acostumbrarme a descolgar el teléfono y no oírte... ¡Eso no se hace!, porque a eso no me enseñaste, no me dijiste cómo debía de seguir cuando tú no estuvieras. Hoy es tu cumpleaños, miro tu foto, miro las fotos, esos pequeños trozos de papel que quedan para recordar que alguién existió, que estuvo en tu vida y te hizo feliz, y a mí no me consuela, porque yo quiero que vuelvas... No me enseñaste a asimilar tu ausencia, porque yo aprendí a valorar tu presencia... Feliz cumpleaños, papá, soy feliz, tu niña, la que dejó la cigüeña debajo de una oliva ha seguido viviendo, con el dolor de tu marcha, pero es feliz, porque me enseñaste lo más maravilloso del mundo, que ser feliz no es tener más, sino saber que lo que se tiene es básico para que el corazón sienta y la boca sonría... Te regalo, por ser tu cumpleaños, mis años, los vividos sin tí, pensándote, recordándote, añorándote... pero sobre todo te regalo los que decidiste darme, los besos que aún llevo y que, algún día, podré darte por toda la eternidad...