25 ene. 2014

¿EL AMOR PERDONA TODO...?... (Reflexiones rozando la cincuentena).

Hay una edad tremenda, esa de las entregas ya entregadas, los abrazos ya abrazados, los limites no cruzados, los ojos que dejaron de ver defectos, las bocas que dejaron de pedir explicaciones... Esa edad en la media noche de la vida, en que, de repente, como un resplandor, cuando no te esperas la pregunta, te descubres a duermevela, en una noche de insomnio, preguntándote si a esa edad tremenda y trémula se perdona todo... Aquella carta de S. Pablo a los Corintios, aquella que Perales cantó, a la que puso música, aquella letra inmensa "el amor cree en todo sin límite, aguanta todo sin límite y perdona todo sin límite", ¡¿si?!... ¿quién ama perdona sin límite?... ¿Amar es eso? ¿Amar es creer todo sin límite?... No sé... Llega una a esa edad incrédula y aún así transigente en la que descubre que tal vez se quiso poco, que amó mucho, que perdonó todo... y que, precisamente por esas tres razones, dejó de amarse... con lo cual, se llega a la conclusión de que no fue egoista, pero quizás debería de empezar a serlo. Hay una edad perfecta para ser egoistas. Esa edad en que se descubre que se fué generoso con los demás, que se dio, que se aguantó, que se creyó... Esa edad en la que descubre que S. Pablo igual estaba equivocado, igual debería de haber añadido a ese amor sin límite el amor hacia uno mismo, porque en ocasiones, ese amor hacia uno mismo no es otra cosa que el respeto que todos nos merecemos, comenzando con el respeto propio...¡Que curioso! Hablamos siempre del "amor propio", casi nunca o nunca hacemos mención al "respeto propio", tal vez porque es lo mismo, porque si nos amamos nos respetamos, o así debería de ser. El amante perdona, el amado debería valorar el perdón; el amante cree, y el amado debería valorar la credudilidad recibida; el amante es generoso, el amado debería de valorar la generosidad... Pero en ocasiones, el amante, de repente, descubre que no fue así, no valoraron nada de lo entregado, y la sensación de abandono se instala, porque, digamos lo que digamos, a todos nos gusta que se nos ame... o se nos valore...o, como mínimo, que se nos respete... El amor no debería de perdonarlo todo... Eso sí, ahora cada cual puede diseccionar el amor, dividirlo en clases de amor, y entonces sí, entonces, como si de una luz se tratara, nos encontramos con el amor paternal, maternal, filial, ese que decimos que todo lo perdona, todo lo entrega, todo lo aguanta, que es generoso, que no se irrita... o así lo pensamos, aunque sí que duela, el amor, cuando no se valora duele, siempre, aunque no se confiese, aunque se trague el nudo que provoca el daño producido por un desprecio del padre, la madre, el hijo o el hermano...
El Amor, en mayúsculas, según diría S. Pablo, no tiene envidia, ni pide nada... ¡¿No?!... Tal vez sí, tal vez, en su interior, ese interior del Amor, esté solicitando una pequeña porción de lo que entrega, una caricia mínima cuando el amante entregó millones de ellas; una palabra amable a cientos de sonrisas... todos somos egoistas, aunque no lo reconozcamos, aunque amemos profundamente. Una cosa no está reñida con la otra, el amor no está reñido con el egoismo, son sentimientos distintos, a veces uno lleva al otro, uno engloba al otro, pero no siempre tiene que ser así. Porque lo que puede parecer egoista, muchas veces sólo es justicia...
Yo ya, a esta edad trémula y tremenda de la media noche de mi vida quiero ser un poco egoista, reclamar un beso por uno dado; no creer todo, sólo lo palpable, aguantar lo justo para que mi dignidad y mi "respeto propio" sigan intactos... pero desde luego no perdonar todo, ya acepté que tengo el poder para perdonar lo que se hace sin conocimiento del dolor causado y no absolver a quien daña ocultando, teniendo consciencia de que lo hace, sabiendo que hiere al hacerlo... Y S. Pablo, con permiso, hablaría del Amor divino, pero yo hablo del Amor humano, y ése, como todo lo humano, suele ser muy imperfecto... eso sí, siempre con permiso de José Luis Perales...