28 ene. 2014

"DIARIO DEL CANSANCIO"... (Capítulo de una novela no publicada. 1993)

No imaginé jamás que sentiría la paz que me envuelve ahora. Después de tu adiós, o del mío, o del adiós de los dos. La respuesta a tu pregunta durante la última conversación "¿Soy yo quién te causa esa ansiedad?", y yo respondiendo que no... y era que no... No eras tú, eran tus indiferencias, tus palabras a destiempo, tus gritos, tus silencios a mis súplicas... No eras tú, a ti te amaba, a ti te amé... siempre... a ti te amo todavía. Pero ahora no eres más que el recuerdo cercano. Unas horas, apenas unas horas y ya te echo de menos. Me duele la ausencia... Pensaba que cuando todo terminara, cuando dijera las últimas frases, cuando escuchara el portazo, cuando tus pasos en la escalera se diluyeran en el silencio, ya no dolerías, ya no te extrañaría... y no ha sido así. Te vi cruzar la calle arrastrando tu maleta, sin mirar hacia arriba, sin querer verme detrás de los cristales del balcón. Te vi entrar en el coche, arrancar e irte... dijiste que para siempre y no te creí... Y ahora, cuando cae la tarde, cuando he recorrido mil veces la casa, la mía, la nuestra, la tuya, cuando acaricié, sin pensarlo siquiera, el pijama que dejaste bajo la almohada me he dado cuenta de que dueles... Tu hijo ha preguntado por ti, preguntó cuándo volvías y le respondí que en un ratito, cuando salga la luna y él duerma, que le darás un beso de buenas noches... Le prometí que te vería en sus sueños, yo te veré en los míos... ¡Tanto dolor después de tanto amor!... ¿Cómo se llega a esto? ¿En qué momento del camino aparecieron los espinos cruzando el sendero?... Te recuerdo cogido de mi mano, cogida de tu mano... las dos manos en una... Tengo que recordar los malos momentos, porque los buenos me acechan y me hacen dudar de la decisión tomada, y yo ya no podía más...

He despertado aterida de frío y palpé tu lado de la cama... son las cinco de la mañana... ¿dónde estarás tú?. Miré el móvil, abrí el apartado de mensajes y no había nada, me quedé ahí, mirando la pantalla, como si de un momento a otro fuera a saltar uno, sólo con invocarte, con pensarte y con desearte... ¡Qué cansancio!... Un cansancio diario, para ser narrado día tras días, agotaría si se contara, cada día lo mismo, un rosario de malas interpretaciones, de sospechas, de desidia, de monotonía... de gritos y de llantos... Y aún así te echo de menos... Me asomé al balcón e invoqué tu regreso, tu presencia, tu silueta, los árboles han creado una red tenebrosa de sombras enlazadas que te han llevado lejos... Y yo quiero morir... Me he acostado con Daniel, me rodeó con su manita el cuello y he llorado en silencio... Aspiré su aroma, el de su piel, la que huele igual que la tuya, su piel morena y suave, con ese olor a mandarina que siempre te dije que tenías... Mañana será otro día, y yo mañana, igual que hoy, desearé que vuelvas, sé que ya no, sé que te has ido, pero desearía que volvieras a gritarme... se dice que todos somos de rutina y yo, en esta noche en que ya no estás, añoro con dolor la mía...