Perdona que me haya ido en silencio. Nunca fui mujer de reproches. Siempre te dije que lo haría así, cuando fuese el momento cerraría mis ojos y mis labios, después de todo tú sabes mejor que nadie el por qué. No hay lugar ya para la aventura en común y los comunes sueños. Por lo tanto no queda nada que reprochar porque todo se cumplió. El cansancio no estaba dentro de los planes, pero a veces sucede. Me voy como llegué, en silencio, sin ruido, sin algarabía, sin fiestas ni focos, ni presentaciones sociales, ni celebraciones a lo grande. Igual que arribé así parto. Con mi liviano equipaje y mis manos vacías. No hay reproches, no son necesarios. Ya no estamos en la edad del débito ni del crédito, nada me debes, nada te debo, se vivió lo que tuvo que vivirse, se sufrió lo que nos llegó con cuentagotas, sin darnos cuenta.Te he amado como soy yo, suavemente, acariciando los tiempos, distribuyendo los espacios para no hacer del amor rutina… pero nos ha llegado, y me niego a ser multitud, siempre me gustó ser excepción que confirmara reglas. Perdóname por irme así, sin rabia. Supongo que es una de mis excepciones, nunca lancé a la cara despechos ni iras, no tengo el por qué. He cruzado la edad en la que se reclaman sentimientos porque he comprendido que los sentimientos se ofrecen, nunca se piden, que no pueden forzarse, que tienen que nacer de la piel y de la sangre. No llevo llantos, quizás la poca tristeza que se queda pegada como sal en el lagrimal cansado de la vida, ese que ha llorado ya en otras ocasiones, hay pocas lágrimas ya que puedan ser lloradas. Soy mujer de llanto fácil pero de difícil lágrima obligada. Ya no lloro por desamor, todo lo lloro por amor. El recorrido me ha enseñado que así como la vida lleva implícita la muerte, el amor lleva implícito el desamor. Los mil detalles que salen de dentro para que el otro corazón comprenda que ya no tiene compañero, que las cosas son así, que no pasa nada, que el adiós es tan legal, tan normal, tan cotidiano como el hola. Que quien llega puede irse un día, que una llegada no implica una estancia eterna… Supongo que soy de esa especie rara, trasnochada y anacrónica que cree en la libertad personal del ser humano, en la libre elección de caminos. Entendí que todo acabó. Y, a estas alturas, después de haber visto los paisajes desérticos que se viven cuando llega el desamor, saber que tú me guardarás para siempre entre tus mejores momentos, es suficiente…
7 nov 2019
8 oct 2019
HAY UN TIEMPO EXACTO... (Reflexión personal)
Hay una hora de tibieza, esa que
se instala entre un bostezo sostenido y la seguridad de que se cumplió el día y
los horarios. Hay un momento exacto en el que, ante un acontecimiento, una
situación, un paso más, nos dejamos caer en un sillón y cerramos los ojos,
meditamos, o eso creemos, cuando en realidad damos vueltas en torno a una noria
llenando y vaciando nuestra propia mente de pensamientos positivos y de “peros”
que los enturbian… Pero existe esa hora, la tibia, la cándida, la hora feliz en
la que bostezamos, esbozamos una sonrisa, soñamos, visualizamos mil imágenes
bucólicas, paradisíacas y suspiramos. La relajación es eso: visualizar lo
bello, la calma, la serenidad, un paisaje perfecto con una persona imperfecta
cogiendo la mano o rodeando unos hombros. Y la mente, esa aliada que a veces
nos destruye los sueños más placenteros, se alía en ese momento con nuestra
alma para regalarnos el positivismo, la certeza de que, en unas horas todo el
mundo flotará a nuestra altura. Tal vez no pase, pero cuando se alinean los
planetas en horas brujas mágicas, todo puede suceder. Cerrar los ojos y
desearlo… De eso se trata la relajación. De desear lo bello. Lo positivo. Lo
que nos hace felices y grandes… Me tomo unos días, me voy a esa estación
olvidada de los sueños. Terminé mi novela, terminé un recorrido, disfruté
durante el trayecto. He aprendido que las carreras hay que gozarlas mientras se
corre, que el cansancio es un motivo más para comprender que la llegada será
todo lo victoriosa que queramos o, sencillamente, podemos convertirla en un
festejo compartido con quien corrió a nuestro lado. Me tomo el respiro de quien
ha comprendido que, a una edad, es necesario pararse, meditar y vivir. Y reír.
Reír mucho. Mientras la vida me regale horas y las horas minutos, mientras mi
corazón lata en mis sienes y me acaricie el pelo el viento suave que arrastra
susurros de mundos desconocidos… Me tomo unos días para ver atardecer en la
playa, mirar una puesta de sol sin prisas, sin haber previsto el paso que daré
después, para dejar cerrado un libro en la arena y mojar mis pies en espumas.
Para sentarme con mi sonrisa y unas chanclas y observar cómo caminan los demás.
He aprendido que todos los pasos se van cumpliendo, que el tiempo puede ser el
mejor consejero o el más cruel de los compañeros de viaje. Me tomo tiempo para
mirar a través de una ventanilla y comprobar que la velocidad la creó el ser
humano para sentirse un poco Dios o un mucho inmortal, pero que, por desgracia,
no es lo uno ni lo otro… He cumplido la vida, la cumplo día a día, mientras
escucho música y camino, quizás por eso necesito más vida, porque se me va quedando
en pasos. Me tomo estos días para compartir mi respiración con mi sombra y con
personas que me harán sentir el alma, días que me devuelvan las manos juveniles
que deseaban alcanzar la luna. No necesito más. Necesito sólo el pie que
acompañe mi paso, la mano que salpique de agua mi rostro, la voz que me narre
cuentos interminables a la luz de la luna llena. Y una copa de vino dulzón que
caliente la sangre que envejece a pasos acompasados con arrugas posibles y
gestuales de dolor y de paz. Porque también comprendí que la paz deja huellas.
Creí en la empatía, la intenté llevar a cabo, comprendí que rara vez podemos
ponernos en la piel ajena, porque ajenos somos a sufrimientos o placeres de
otros. Porque cada cual sufre y goza de forma diferente… Y ahora me tomo unos
contados días, los justos para aclarar la mirada y agudizar el oído, para
aceptar que se cumplen las profecías aunque estas estuvieran exentas de
credibilidad y de promesas. Tiempo de calor, de calidez, de cadencia, de
caderas expertas, de labios ávidos, de templanza terrena que se unirá, como
está mandado, con la templanza divina. Me tomo el tiempo que requiere de lentos
momentos sin mirar relojes y sin planes previstos. Aprendí a no hacer planes, a
solucionar con grandes remedios grandes males, a preocuparme lo justo ante
imprevistos que podrían ser y que fueron. Me ha llegado la edad de la lujuria
encarcelada, de las condenas carnales, de esas que se sacian y se vengan en
brazos que acogen y dedos a los que les urge cumplir su venganza. He aprendido
de la mentira contada, de las pasiones vividas, de la verdad dolorosa, de los
secretos infames, de lo que no se dice pero se piensa, de lo que no se responde
porque es mejor dejar que el tiempo fluya, de las miradas que dicen y de las
bocas que engañan. He llegado a destino, he llegado a mi tiempo para olvidarme
de teclear sentimientos por unos días, sólo unos pocos, los necesarios para
entregarme a mí misma lo que me debo y lo que debo a mi corazón. Me tomo un
tiempo de ayuno de letras, abstinencia de medir lo que se dice para ser
desbocada y alocada en expresiones… Me tomo un tiempo para vivir y para
vivirme, los músculos lo reclaman, la sangre lo necesita, el corazón lo exige,
la mente lo suplica y, como obediente mortal, decido relajarme y abandonarme al
placer pagano de los sentidos… Y ahí queda eso, seguiré informando…
1 oct 2019
ALGO QUE NOS HA PASADO A TODAS, Y A TODOS... (Reflexión personal)
Creo que es algo que nos ha pasado a todas, y a todos (por eso del lenguaje inclusivo), supongo que la sensación de haber perdido el tiempo con personas equivocadas es algo tan habitual que hasta las redes crearon el meme correspondiente, por si no nos habíamos dado cuenta. Yo tardé en comprobarlo, digamos que he perdido años de mi vida creyéndome lo que no era, no sé si es por ignorancia o inocencia, me refiero a la ignorancia de la buena, de esa sana que nos hace ignorar el interés ajeno o, simplemente, la sensación de haber sido utilizada, no por ningún interés material, creo que más bien era porque se formaba parte de un rebaño, ese que mientras balas acompasando el balido al de los demás está muy bien, pero que cuando decides salir fuera del cercado para descubrir el prado ya como que no es tan bien acogida la idea. Creo que a todas nos paso, y a todos (por eso del lenguaje inclusivo), descubrir la tristeza que deja en los ojos el sentimiento de abandono, ese que surge cuando se abandona el cercado y te adentras en el prado, cuando tienes la duda de los peligros que te acechan, y confías en que, si los hubiera, los demás integrantes del rebaño saldrán a ayudarte... O al menos a preguntarte cómo estás, es curioso, los humanos vamos creando apegos que pensamos que serán para siempre, materiales y personales, y un buen día sucede la sacudida y nos descubrimos desnudos de los apegos materiales y desvalidos de los personales, porque, no nos engañemos, nos hace falta el apego del cariño, ese que se va forjando a fuerza de secretos, de risas, de apoyos y de paellas, y de reuniones joviales mientras nadie se atreva a destruir el remanso de paz del rebaño. Creo que la sinceridad está sobre valorada, hoy en día, cuando alguien dice que va a ser sincero es para ponerse a temblar, porque, opino, cuando suelta su sinceridad me da a mí que está soltando el lastre personal con el que arrastra, revestido, muchas veces, de cierta envidia sibilina que nos ha vendido con anterioridad como alegría sincera, de ahí que ya no crea en las sinceras intenciones de los rebaños. Y creo que eso nos ha pasado a todas, y a todos (no voy a reiterar más lo del lenguaje inclusivo), supongo que, aunque lo hayamos descubierto pronto, pensaremos que perdimos demasiado tiempo en algo que no nos merecía la pena, con el paso del tiempo, porque aunque sea un minuto el tiempo es algo que no podremos recuperar jamás, pero es verdad que da rabia comprobar que se tuvo consciencia demasiado tarde de que nadie se asomaría al prado para ver si estaba bien, para preguntarme si era bonito estar fuera, para animarme a seguir descubriendo la libertad... Nacemos solos, y solas, con la única ayuda de nuestra madre, caminamos rodeados de personas que nos vienen en el pax por esa cuestión de familia, a otros los escogemos libremente, por eso del concepto de amistad que vamos almacenando con los años, y un buen día descubres que ese concepto no es igual para todos, ni para todas, que el rebaño que te acompañaba no tenía los mismos criterios, los mismos conceptos, los mismos valores y por supuesto, no tenía el mismo sentido de amistad que tuvimos para encadenar nuestros apegos a ellos, y a ellas... Y unas y otros, los y las que hayamos tenido que aprender el desapego personal a prisa y corriendo, nos damos cuenta de que no pasa nada, de que hay vida, de que no importa quién lo importante es uno y una misma, lo importante es salir de la cerca, corretear por el prado, porque fuera vamos a encontrar a muchas y muchos más que decidieron abandonar el grupo establecido para vivir en libertad, con conceptos propios, respetando los ajenos, y ya, cuando alcanzas una edad en la que descubres todo eso, con sorpresa descubres que también, los años, te tiñeron con una capa de cera en la que, pasado el primer pinchazo los demás no duelen... Y aquí estoy, y aquí estamos, intentando vivir fuera, en el prado, mirando de vez en cuando al cercado, pensando que hubiera sido bonito que el rebaño al que pertenecíamos nos hubiera acompañado fuera, porque, tal vez, hubieran descubierto que no habíamos cambiado respecto a nuestros afectos y nuestros apegos, sencillamente teníamos la necesidad de respirar... Feliz tarde a todas y a todos (por eso del lenguaje inclusivo)
27 ago 2019
HE VUELTO...
Dicen eso de Año Nuevo Vida Nueva, bueno, en mi caso se podría decir, Situación Nueva Vida Nueva. Después de eliminar y decidir empezar de cero me he decidido por hacerlo hoy. Recomenzar mi Blog, con mi vida como espejo, con mis reflexiones, mis opiniones, mis vivencias, mis opiniones. Tal vez porque todo ha cambiado en un año, tal vez demasiado, y porque, después de dar un giro a mi vida de ciento ochenta grados se confabula el destino y a esa Vida Nueva le tengo que añadir que en veinte días cumpliré cincuenta y cinco años, una cifra redonda que media la cincuentena y la sesentena, y espero cumplirlos, porque veinte días, depende a qué edad, pueden ser muchos años, un espacio de tiempo demasiado largo. Una edad que me llega bastante trillada, que me ha enseñado a abrir ojos y cerrar puños... pero eso lo dejo para mi reflexión cumpleañera. Por lo pronto vuelvo a escribir por aquí después de un tiempo corto que me sirvió para decidir que no quería montones de visitas, que no quería montones de países, que soy doméstica, una ama de casa de andar por la misma. Que deseo lo reducido porque lo que no controlo me doblega y me satura. Y aquí estoy girando también este Blog, dispuesta a que no me lea nadie o a que lo hagan de vez en cuando, a no vivir pendiente de cuántos, sino de estar cómoda mientras tecleo, a decir lo que pienso aunque no sea ni política ni socialmente correcto, no me importa, lo único que me gusta es escribir, y eso sí que lo haré, sin la presión de si son muchos lectores o pocos, quiero los justos, los que realmente disfruten de lo que escriba. Mi situación personal ha cambiado, por lo tanto también cambiarán algunos puntos de vista, algunas reflexiones, algunos comentarios. Cambié mi estado, porque la vida es un continuo cambio, no envidio a quien no cambia ni a quien lo hace, porque a la postre, lo que queda, es lo que cada uno haya vivido y disfrutado. Así pues, poniéndome las pilas, cambiando también el diseño de mi Blog, os doy la bienvenida a quienes sigáis leyéndome. He abierto esta nueva etapa con una reflexión personal sobre un artículo sobre las relaciones que se inician pasados los cincuenta, algo que me toca demasiado de cerca, como siempre es una opinión subjetiva, porque siempre escribo desde la subjetividad, me llena el alma escribir desde y con el corazón, la mente la dejo para los eruditos y los filósofos. Espero que el camino sea próspero y largo, y me deje la estela de la seguridad personal y del crecimiento emocional, para todo lo demás tengo a personas reencontradas, amistades redescubiertas, contactos que han vuelto a mi vida y que han hecho que sea más amplia, más extensa, más rica y más plena... Gracias siempre.DESPUÉS DE LOS CINCUENTA... (Retomando desde cero)
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